'Dead Island: Riptide' y el suicidio. Reflexiones sobre el anuncio de TV retirado en Australia

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Dead Island Riptide

En Australia se ha retirado de la parrilla televisiva un anuncio del videojuego de terror ‘Dead Island: Riptide’. En el mismo aparece una pareja que, mientras se mira con amor y resignación, se inmola en una explosión porque se encuentra en un velero encallado y rodeado de muertos vivientes. El vídeo termina con el logo del juego, que incluye un cuerpo inerte colgado de una palmera. Suicidio y videojuegos, ¿demasiado para la audiencia australiana?

Las declaraciones en uno y otro sentido son las esperables en estos casos. Por un lado, la compañía responsable del juego explica que:

“La implicación cinematográfica de la violencia en la publicidad tiene por objeto transmitir el terror desolado que afecta a los personajes del juego, y creemos que es contextualmente relevante para el producto que se anuncia, ya que transmite la desesperación de los personajes”

Por otra parte están los órganos reguladores del material audiovisual:

“El tema del suicidio es una representación de la violencia, que no se justifica ni siquiera en el contexto de un anuncio de un juego de ordenador dirigido a los adultos…. El tema del suicidio es una preocupación muy importante de la comunidad y considera que el uso de las imágenes, que son fuertemente sugestivas de suicidio, no es apropiado en el contexto de un anuncio de televisión para un juego de ordenador.”

La pregunta que me hago es si se habría dado tal revuelvo de tratarse de una obra ajena al ocio interactivo. Lo digo porque el tratamiento del suicidio como elemento dramático y narrativo está más que asimilado en otras expresiones artísticas.

el odio

‘El odio’, película dirigida por Mathieu Kassovitz en 1995, comienza con el siguiente monólogo:

“Es la historia de un hombre que cae de un edificio de 50 pisos. Para tranquilizarse mientras cae al vacío no para de decirse: ‘hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien’… Pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje”

En ‘The Road’, novela de Cormac McCarthy galardonada con el Premio Pulitzer en 2007, un padre y un hijo deambulan sin esperanza por un páramo posapocalíptico. El único motivo que tiene el progenitor para seguir vivo es ver vivo al fruto de sus entrañas. Guarda una pistola con la munición justa para acabar con esa mísera existencia si llega el momento en el que no quede otra salida. “No te enviaré solo hacia las tinieblas”. Promesa de muerte susurrada a oídos infantiles con pesar y convicción.

the road

El clip ‘No Surprises’ nos muestra el plano fijo del rostro de Tom Yorke dentro de lo que parece ser una escafandra. Mientras nos cuenta/canta su dolor, el pequeño espacio se va llenado de agua. En un momento dado ya no hay sitio para respirar. Para cuando el contenedor se vacía, el cantante de Radiohead no puede reengancharse al playback inmediatamente, suficiente tiene con recuperarse del momento límite que acaba de experimentar. Mientras, la canción sigue sonando:

Un apretón de manos de monóxido de carbono/Sin alarmas y sin sorpresas/Silencio/Este es mi último espasmo, mi último dolor de estómago/Sin alarmas y sin sorpresas, por favor.

En ‘Ken Park’ (2002, Larry Clark), una de las películas más amorales que he tenido la suerte/desgracia de ver, acompañamos en los créditos iniciales a un joven skater que patina por las calles de una américa profunda, deprimida y enferma. La secuencia termina con el chico sentado en un parque mientras mira a sus compañeros de afición. Con tranquilidad saca una pistola de su mochila y, sonriendo, se vuela la cabeza.

Ken Park

‘El arte de volar’ es un cómic, pero también un exorcismo, una forma de hacer las paces con los demás y con uno mismo. Antonio Altarriba se reconcilia con su padre reivindicando su historia de perdedor. Y lo transmite con extrema sensibilidad, haciendo memoria de toda esa vida de decepciones, mientras ese padre se precipita hacía la muerte tras haberse arrojado desde una azotea.

Podría llegar a la conclusión de que la censura en el caso de ‘Dead island: Riptide’ se debe al medio televisivo donde se exhibía el vídeo. Podría llegar a esa conclusión pero no lo hago. Con la edad que tengo, las únicas imágenes que se mantienen como un trauma grabadas en mi cabeza no pertenecen a películas, videojuegos, libros, canciones o cómics… pertenecen todas al telediario. Porque me ha mostrado lo más bárbaro del ser humano, porque eso es real y no ficción, porque esas imágenes terribles las vi en horarios en los que mis ojos de niño podían estar pegados a la televisión. Como siempre, el problema está en otro lado, siempre en otro lado.

El odio y la marginación

‘El odio’, película dirigida por Mathieu Kassovitz en 1995, termina con el siguiente monólogo:

“Es la historia de una sociedad que se hunde, y que mientras se va hundiendo no para de decirse: ‘hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien’… Pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje”

Vía | Mumbrella

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