
Está a la orden del día, ya sabéis cómo va esto. El proceso de desarrollo de un videojuego es algo orgánico e interviene un montón de gente. Un gran número de profesionales que rotan, entran y salen a medida que se aproximan milestones claves o a medida que se va finiquitando el proyecto. No es raro contar con una plantilla fija reducida y un buen número de profesionales a modo freelance que van siendo llamados cuando el proyecto los necesita.
Por eso, cuando un juego llega a su fase final es normal el ir viendo salidas de la empresa. Y no os digo nada si un proyecto es cancelado de forma fulminante. La inseguridad laboral es tan grande que la plana mayor de un proyecto (sobre todo programadores, artistas y diseñadores) corren riesgo de verse de patitas en la calle de un día para otro. Es lo que le puede haber pasado a IO Interactive y a 35 trabajadores.












