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Jugón, dicen las malas lenguas que se trata de un ser normalmente asexuado que agota hora tras hora delante de una pantalla, agarrado a un mando de consola o a un teclado/mouse, mientras salva algún mundo virtual de una amenaza, por supuesto, también virtual.
El jugón se nutre de un grupo de amigos bastante numeroso, todos de su mismo sexo, y que comparten afición con él, frecuenta foros y se enfada si alguien critica a la consola que se acaba de comprar. Normalmente es incapaz de detectar si causa algún efecto positivo en una hembra (infrecuente pero puede suceder), pero en cambio sí podría hablar durante horas sobre los diferentes power ups que se consiguen en su juego favorito o sobre la supremacía gráfica entre dos consolas.
Pero hay ciertos títulos que son capaces de bloquear las habilidades del jugón más acérrimo. Juegos que, de repente, provocan un cortocircuito en las funciones motrices del ávido usuario al mostrarle elementos que, en principio, son discordantes dentro del mundo al que está acostumbrado a jugar. Esos elementos van más allá de gráficos de última generación, estímulos visuales de colores o power-ups fardones… esos elementos son: Pornostars. Bienvenidos a Pornostars en los videojuegos, un reclamo a la testosterona del jugón.
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