
Al hablar de la industria del videojuegos, está claro que la misma cuenta con dos grandes problemas. El primero es la falta de originalidad. Las secuelas de secuelas de secuelas. O los remakes que retoman una gran franquicia y la destrozan por completo, dando al traste con el buen nombre de la misma.
Esto no es nada nuevo, pero con la mayor dimensión que ha alcanzado el mercado de los videojuegos, es cada vez más visible. No voy a dar nombres, pero seguro que al leer estas líneas todos tenéis en mente más de un caso en el que el juego ha ido perdiendo calidad con cada nueva entrega. O juegos que no son más que clones de títulos de éxito, desarrollados mal y con prisas para aprovechar el tirón.
El segundo gran problema es la siempre culpada piratería. Esos usuarios que no otorgan ningún valor económico al juego y, la mayoría de las veces, solo se sienten atraídos por la posibilida de conseguirlos gratis. No nos engañemos, aunque se redujera el precio de los videojuegos a la mitad, no creo que los índices de piratería se redujera significativamente. Simplemente, el que quiere comprar un juego lo hará, y al que no quiere gastarse un duro le da igual que el juego valga 30 o 60 euros. Lo va a copiar de todas formas.






