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Tengo 25 años y llevo desde los 10 con una consola entre manos. Más de media vida viendo todo tipo de juegos buenos y malos, consolas que iban naciendo y otras que iban muriendo, pero siempre había algo en común que me hacía disfrutar de los videojuegos a un nivel que hoy en día es complicado: su dificultad.
Hace pocos días me he terminado uno de esos juegos imprescindibles que tenía pendientes de jugarme, el ‘Call of Duty 4’, y la verdad es que me ha gustado muchísimo. Habiéndolo jugado en una dificultad media, lo cierto es que sin dedicarle demasiadas horas a cada sesión, el juego me ha durado poco menos de dos tardes y una noche. Sé que la enorme virtud del ‘CoD4’ está en su online y demás, pero el juego como tal, el modo historia, me ha parecido cortísimo.
La misma sensación he tenido con el recién jugado ‘Star Wars: El Poder de la Fuerza’ (pronto habrá videoanálisis), que me lo pasé la semana pasada y creo que no me ha llegado a durar las ocho o diez horas de juego. Como este, podría poner ejemplos de juegos que, siendo excelentes en su trama y apartado gráfico, en su narración de la historia no duran más de diez horas de media. Otro caso es el ‘God of War: Chains of Olympus’, toda una demostración de poderío y buen gusto en una consola portátil que, si me apuras, en seis horas se puede ventilar tranquilamente.
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