
En una época en que las conexiones a internet servían para poco más que leer un par de webs, el término “multijugador” hacía alusión, normalmente, a la red local. Cualquiera que haya jugado una partida online mediante llamada directa, marcando el número de tu amigo con un módem de 33 kbps y la incertidumbre constante de que, si tu madre descolgaba el teléfono, la partida se iba a tomar por saco; podrá dar fé de lo que suponía hace ya unos cuantos años el multijugador: un gran quebradero de cabeza.
Sin embargo, ahi estaban las consolas para ofrecernos una variante más sencilla e igualmente divertida. Estoy hablando de una forma de jugar que ha llegado hasta nuestro días. Unos días en los que el juego online es enormemente popular pero, sin embargo, esta variante local y sencilla del multijugador se resiste a morir. Estoy hablando, por si no habéis leído el título, de la pantalla partida.




