Nuevas televisiones, pantallones de más de 50 pulgadas que iluminan nuestro comedor y, de paso, una buena porción de la calle. Nos han vendido que es la era digital, la era de la alta definición que nos iba a dejar pasmados con el asombroso detalle y por todo ello debíamos renunciar a lo antiguo, casi quemarlo en hogueras públicas, y hacer un bueno uso de los ahorros. Ya se sabe, la HD no tiene precio.
Pero claro, todo lo anterior está muy bien si siempre vamos a la última y nuestros fondos no tienen límites. ¿Alguien nos dijo lo que iba a suceder con los “elementos” que quedaban desfasados pero que, por imposibilidad económica o por gusto, queríamos seguir conectando a la nueva tecnología?.
Nadie nos avisó de que los DVD pasarían a verse borrosos, que la definición de la anterior generación de consolas iba a bajar aún más y que, si lo nuestro eran los juegos retro, las íbamos a pasar canutas. Centrémonos en lo que nos interesa y abramos la puerta al mundo retro. No nos engañemos, cuando un fabricante tiene que preparar uno de esos títulos recopilatorios de juegos antiguos que tan de moda están hace un pacto con el diablo e invoca a alguien a quien deberíamos odiar, La Interpolación.






