
Llevas rato observándola fijamente. Intentas descifrar sus pequeños movimientos, un fugaz parpadeo, una leve sonrisa dibujada en la comisura de sus labios, un ceño fruncido de incomprensión… detalles, son pequeños detalles, estás buscando una nimiedad, algo que no encaje, algo que deshaga la ilusión… estás intentando entrar en El Valle Inquietante.
Un lugar extraño, un roto en la progresiva curva de la confianza entre el ser humano y lo que pretende serlo, una sensación de repulsión ante algo que casi es como nosotros, algo que intenta desesperadamente parecer humano y que, por muy poco, no lo consigue. En ese momento, cuando nos damos cuenta de que algo falla y se rompe la ilusión, es cuando ponemos el primer paso en el terrible valle.






