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Crítica de Sonic, la película: una celebración en la gran pantalla de un icono vivo de los videojuegos
Análisis

Crítica de Sonic, la película: una celebración en la gran pantalla de un icono vivo de los videojuegos

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En la industria del videojuego hay pocas verdades absolutas. Poquísimas. Una de ellas es que a Sonic le sientan mejor los píxeles que las tres dimensiones, pero hay excepciones muy notables que justifican cualquier experimento pasado, presente o futuro por parte de SEGA. Lo que no me esperaba es que la última de estas excepciones fuese su versión cinematográfica.

Partamos de una premisa: Sonic, la película es un filme pensado para todos los públicos. Para cualquier fan del erizo supersónico que haya disfrutado de sus aventuras a través de los diferentes medios en los que se le ha dado vida. A lo largo de los 99 minutos que dura su metraje aparecen demasiados homenajes y guiños por la pantalla (la mayoría a velocidad supersónica) como para que pasen inadvertidos.

Pero también una libre adaptación del personaje de SEGA en la que ese fascinante magnetismo con el que lo conocimos queda perfectamente plasmado en un medio en el que (hasta ahora) los videojuegos no han contado con mucha suerte. La clave para conseguirlo: Sonic, la película transporta a la audiencia a un terreno desconocido desde el minuto uno. ¿Un nuevo “sonicverso”? Más bien un conveniente lienzo en blanco.

Un nuevo Sonic, sí, pero la película de Jeff Fowler también se acuerda de aquellos que se criaron con la Mega Drive enchufada a una tele, lo descubrieron cuando ya tenía las piernas alargadas y los ojos verdes o quedaron fascinados con él a través de uno de uno los (¿cientos?) de recopilatorios publicados por SEGA. Pero también para los pequeños que, como millones de niños en los 90, se quedaban embobados viendo al destello azulado gastando suela, con o sin el mando de una consola en la mano.

¿Un nuevo “sonicverso”? Más bien, un conveniente lienzo en blanco creado para la ocasión

A fin de cuentas, y pese a que no se puede medir su popularidad con la de Mario a estas alturas de la partida, el abanderado de SEGA tiene una prolífica carrera más allá de los videojuegos, lo cual incluye hasta cinco adaptaciones animadas, tres líneas de cómics y -cómo no- y toneladas de merchandising. Visto así, cuesta pensar cómo se ha tardado tanto en dar el salto a la gran pantalla.

Sonic

Por suerte, el resultado consigue cierto consenso entre pequeños y mayores, aunque el tono general de la cinta busca especialmente la risa y el entretenimiento de los primeros. Ahora bien, ¿qué expectativas deberían tener los demás? La respuesta depende de lo mucho que estés dispuesto a abrazar el hecho de que el verdadero motor de Sonic, la película es hacer que su protagonista (y su antagonista) se luzcan de lo lindo en pantalla.

Bienvenidos a Green Hills, un pueblo tranquilo salvo por los mapaches... y el diablillo azulado

Sonic

Sonic, la película toma prestados elementos de todas las adaptaciones del héroe de zapatillas coloradas, y el más arriesgado viene de la premisa de Sonic X: llevar al erizo supersónico al mundo real. O, al menos, a un mundo muy parecido al que nosotros conocemos. Lo cual implica, por otro lado, que este nuevo Sonic no procede de la Tierra.

La supervelocidad del carismático erizo antropomórfico es de nacimiento, un don que por otro lado le convierte en el objetivo de una misteriosa tribu en su planeta de origen. De modo que, siendo todavía un niño, escapa entre dimensiones desplegando un portal con la forma de un anillo dorado, encontrando su hogar durante los siguientes años en un pequeño pueblecito de Montana llamado Green Hills.

El verdadero motor de Sonic, la película es cómo su protagonista se luce de lo lindo en pantalla

Como en el videojuego, el Sonic cinematográfico es terriblemente hiperactivo. Necesita estar constantemente haciendo cosas, descubriendo aquello que lo rodea, descargando su efusividad jugando con todo lo que tiene a mano y disfrutando a su modo, con la curiosidad de un chiquillo, del mundo que lo acoge.

Es un vecino más de Green Hills, con la peculiaridad de que nadie conoce su existencia. Y eso lo hace sentirse solo. Al menos, hasta el verdadero punto de partida de la película.

Durante una intensa carrera, en mitad de la noche, la misteriosa energía supersónica de Sonic acaba provocando un apagón que afecta una parte muy considerable de Estados Unidos. Lo suficiente como para que el ejército se vea involucrado e incluso requiera los servicios de su más extravagante (pero prodigioso) científico: el Dr. Robotnik (interpretado por Jim Carrey), un genio de la robótica con acceso a un ejército de drones y vehículos automatizados fabricados por él mismo.

Sonic

Ante esta cadena de acontecimientos, Sonic se dispone a dar un nuevo salto dimensional. Y es entonces cuando su destino se cruza con el de Tom Wachowski (James Marsden), el sheriff de Green Hills, y por accidente  acaba perdiendo sus anillos dorados.

Quizás haya perdido la oportunidad de trasladarse a otras dimensiones en el peor momento posible, pero durante la búsqueda de estos diminutos portales se le abrirá otra interesante oportunidad: compartir una aventura y, con suerte, establecer una amistad en este fascinante mundo. Siempre y cuando, claro, escape de los inventos del Dr. Robotnik.

Sonic 2.0 vs. un dibujo animado de carne y hueso

Sonic

Es posible entender aquello que motivó a la Paramount a la hora de imaginar el primer diseño de Sonic, el cual fue descartado fulminantemente tras mostrarse al mundo: combinar el aspecto clásico (o más bien el moderno) del personaje de SEGA con metraje en escenarios reales y darle la réplica a actores podía sacar a los espectadores de la pantalla. Lo cual no quita que las expresiones del Sonic realista diesen cierta grima.

El movimiento original tenía sentido, y no era algo nuevo. A fin de cuentas el propio estudio Paramount le dio un tratamiento similar a los Transformers y las Tortugas Ninja y ambos fueron éxitos comerciales.

Y, pese a las fascinantes habilidades de Sonic, el punto del proyecto y su libreto no era trasladar al mundo real un dibujo animado como con Space Jam o ¿Quién engañó a Roger Rabbit? En lo argumental, Sonic se queda dentro del primer grupo de películas. Afortunadamente, el cambio ha sido para bien: es el mismo Sonic que todos tenemos interiorizado y su aspecto en pantalla es fantástico.

Sonic

Otra cosa muy diferente es el tono de la película: a diferencia de otras adaptaciones del erizo,  este nuevo Sonic es inocente y juguetón. Es como un niño y su interacción con el resto de personajes humanos lo deja patente desde el principio de la película.

Quizás, como en toda película similar, haya una suerte de crecimiento interior, pero la sensación es de que nuestro héroe es también un chiquillo lleno de vida y curiosidad, con el que los peques se pueden identificar, manteniendo la esencia del personaje de los videojuegos latente en cada toma. Lo cual no quita que el libreto le dé constantemente oportunidades de lucir sus habilidades.

Jeff Fowler toma prestados gags e ideas para sacar partido a la súper velocidad de Sonic de todas las fuentes de inspiración posibles. Desde el Correcaminos de los Looney Tunes hasta las épicas tomas de Quicksilver en la más reciente saga de X-Men de Fox.

Sonic

Incluso se trasladan las físicas imposibles de los cómics europeos como Lucky Luke o Astérix al formato animado, lo cual es un hito. Y lo mejor es que se integran tan bien en su filme que el espectador se familiariza con su prodigiosa velocidad en tiempo récord.

Ahora bien, hay un personaje capaz de rivalizar en pantalla con Sonic en todos los sentidos posibles: Jim Carrey se desata que da gusto y retoma su matiz más cómico a la hora de dar vida a un Robotnik que en momentos parece más un dibujo animado que un actor. No son solo sus gestos exagerados, que también, sino la manera de construir un personaje que, por cierto, le queda como un guante.

 Jim Carrey se desata que da gusto y retoma su matiz más cómico

Es más, las muecas y los gestos que encandilaron a generaciones enteras en Ace Ventura, La Máscara o Mentiroso Compulsivo están ahí, demostrando que el humorista canadiense sabe transmitir sensaciones universales a los pequeños y los mayores que les acompañan, sobre todo para aquellos que hace un par de décadas celebraban entre risas los papeles que le catapultaron en la Meca del Cine.

Regalándonos, en el proceso, una de sus actuaciones más inspiradas de los últimos tiempos.

Sonic

Carrey borda tanto el papel de Robotnik que no solo resulta complicado imaginar la película sin él, sino que  -sin robar todo protagonismo a Sonic- consigue darle la réplica perfecta al protagonista hasta en aquellos  momentos en los que ambos no coinciden, elevando los tramos más reposados del metraje y llevando de la mano a la audiencia a ese estado desenfadado necesario para disfrutar de la propia película de principio a fin.

¿Suficiente como para que, sumado a lo anterior, estamos ante una buena adaptación del videojuego?

La opinión de VidaExtra

Sonic

A diferencia de otras adaptaciones en la gran pantalla, Sonic, la película no reposa su peso en la nostalgia ni en la popularidad de un personaje que retiene su magnetismo pese a su irregular trayectoria actual en consolas y PCs. En lugar de eso, se apuesta por dar a los fans una celebración de un icono vivo de los videojuegos.

La clave para entender  Sonic, la película no está en la trama principal, la cual va prácticamente con el piloto automático para los mayores, sino en el modo en el que Jeff Fowler desata a Sonic y Robotnic en el mundo real y éstos hacen lo que les viene en gana, difuminando, uno a través de la animación digital y otro mediante una actuación descacharrante, las líneas que separan los dibujos animados de la vida real.

Sonic, la película no reposa su peso en la nostalgia: es la celebración de un icono de los videojuegos

Con eso por delante, Sonic, la película tiene muy difícil el convertirse en la película favorita de cualquier adulto y los fans más acérrimos del erizo, pero tiene muchas opciones para conseguir ese hito entre los peques de la casa. 

Uno se da cuenta de esto último al compartir risas en la sala de cine con espectadores de todas las edades, los pequeños y los grandes, viendo cómo se lucen los personajes con los que ha crecido y, finalmente, saliendo de la proyección con estupendas sensaciones.

Sobre todo, cuando los niños y las niñas empiezan a corretear como Sonic alrededor de sus padres, imitando aquel monigote azulado y divertido que han visto en pantalla. Chiquitines que, posiblemente, no conozcan su legado en consolas y que ahora están completamente fascinados con el personaje.

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De la taquilla dependerá que haya una secuela, aunque los ingredientes para darle forma ya están en pantalla. Sin embargo, el objetivo principal del filme se ha conseguido y con nota: extender durante una generación más el legado del erizo más rápido de los videojuegos y, a la vez, recordar a quienes en su día atravesaban loopings a velocidades supersónicas todo aquello que hace Sonic tan especial.

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