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Retroanálisis de Diablo, el hack & slash rolero que marcó un punto de inflexión en los 90
Análisis

Retroanálisis de Diablo, el hack & slash rolero que marcó un punto de inflexión en los 90

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Diablo es de esa clase de juegos que te marcan irremediablemente y que nunca olvidas. Blizzard acertó de pleno el último día de 1996 al presentar en sociedad un RPG en tiempo real que lo acabaría cambiando todo en los videojuegos, hasta el punto de seguir siendo la referencia hoy en día al hablar de hack & slash roleros.

Bajo una ambientación oscura muy marcada, en esta aventura teníamos que dar caza al mismísimo Diablo. ¿Podía haber un plan mejor a mediados de los 90?

Despídete de tu vida, pobre Diablo...

Diablo

Como comenté a raíz del evento temporal de Diablo III hace unos años, el Diablo original lo disfruté en Windows y en PlayStation entre 1997 y 1998, y regresé a Tristán con mucha ilusión en 2018. Porque este clásico sigue contando con buena parte de su atractivo y no nos extraña que Blizzard quiera rescatar parte de su esencia en el ansiado Diablo IV, que tiene pinta de que saldrá en 2021.

La historia aquí, eso sí, no gozaba de la misma riqueza que otros RPG de la época, al tener muchos menos diálogos y poca información a consultar desde sus escasos libros, disperos por las mazmorras... pero poco importaba. Diablo se caracterizaba por el temor in crescendo que iba provocando adentrarse en el interior más profundo de sus lúgubres mazmorras, las cuáles se generaban de manera aleatoria, pero siempre respetando un patrón de diseño.

Podíamos jugar en solitario o en compañía de otras tres personas más mediante Internet, habiendo bastantes diferencias entres las tres clases del juego original (con la expansión Hellfire llegó el Monje). Si bien todos podían acabar usando magias desde pergaminos o desbloqueando libros, el estilo de juego entre el Guerrero, la Pícara y el Hechicero era muy distinto por el uso de sus armas.

Viéndolo en perspectiva ahora, sorprende recordar que no había arbol de habilidades. Lo único que mejorábamos al subir de nivel eran los parámetros de Fuerza, Magia, Destreza y Vitalidad, siendo los tres primeros esenciales para poder usar ciertos objetos de nuestro equipo, al fijar distintos requisitos en número.

El punto de referencia para esta clase de juegos

Diablo

El progreso de nuestro avatar era más comedido, al gastar tan solo cinco puntos entre los cuatro parámetros por cada nivel obtenido, pero había dos aspectos cruciales para notar un cambio: conseguir hechizos mediante libros, que no se prodigaban demasiado por las mazmorras (si conseguíamos uno repetido, subía el nivel de dicho hechizo) o equipo de mayor calidad (tras identificarlo).

De aquellas no contábamos con el actual nivel de rareza, sino que se diferenciaba en menos colores: blanco (común), azul (raro) y naranja (legendario). Sobra decir que el legendario nos reportaba muchas más mejoras pasivas para nuestro personaje. Y para lograrlo, era necesario derrotar a los jefes, probar suerte con los campeones (enemigos con nombre y habilidades extra) o tantear los distintos cofres, intentando no caer en las trampas. Diablo sabía cómo enganchar.

No era perfecto, en cualquier caso. Y mucho menos ahora: su control era un tanto cuadriculado y daba problemas con las puertas o al intentar escapar del Carnicero con prisas (un ejemplo que sufrimos todos), los mercaderes nos hacían dar muchas vueltas (al herrero no le podíamos vender bastones de magia) y la gestión del inventario era mejorable, hasta el punto de que las propias monedas requerían su propia ranura (por cada 5.000 de oro), por citar tres de las que más chocan.

Tampoco es que le hiciese falta ser perfecto, porque su llegada a las tiendas marcó un antes y un después dentro de los action-RPG salidos de PC y no han sido pocos los que han intentado replicar su fórmula sin demasiado éxito, salvo ligerísimas excepciones. Porque todo aquel que haya jugado al primer Diablo no lo olvida, igual que tampoco se ha quitado de la cabeza la melodía del pueblo de Tristán. Además, era un juego exigente donde las pociones se dosificaban al máximo, teniendo que controlar las del acceso rápido y tener bien organizado el inventario para evitar males indeseados, porque los jefes eran todo un reto.

¿Ha aguantado bien el paso del tiempo?

Sí, aunque se le notan sus más de 20 años de legado. Su fórmula se mejoró a lo grande con la secuela y desde entonces se han introducido un sinfín de elementos más al género, pero el que busque una experiencia más pura y cruda, tiene en el clásico Diablo una aventura que hay que jugar para reconocer todo su impacto.

Diablo

Diablo

Plataformas PC (versión analizada) y Playstation
Multijugador Sí, LAN y online (hasta cuatro jugadores)
Desarrollador Blizzard
Compañía Blizzard
Lanzamiento 31 de diciembre de 1996
Precio 9,09 euros

Lo mejor

  • Lo que intimidaba su ambientación
  • Adictivo y gratificante como pocos
  • Toparse con un libro de hechizos
  • La melodía del pueblo de Tristán

Lo peor

  • Control e interfaz mejorables a día de hoy
  • Poca variedad en sus mazmorras

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