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Final Exam, el capítulo maldito de Obscure
Análisis

Final Exam, el capítulo maldito de Obscure

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No recuerdo cuándo compré Final Exam, pero sí que fue de oferta y por el mero hecho de pertenecer a la saga de terror Obscure. Lo que no sé es por qué tardé tanto en probar este spin-off descargable, aunque tan solo fuese para disipar de entrada la curiosidad sobre su más que cuestionable calidad.

Independientemente del cambio de nombre, pese a que al principio utilizase de manera reiterada la palabra Obscure (Obscure Dark Aura, años después Obscure D y finalmente Obscure, a secas), lo que más sorprendió en su día fue lo drástica que resultó la modificación de sus mecánicas, pasando de un survival horror apañado con reminiscencias estéticas de las películas de terror adolescente de la época y con la luz como principal arma, hasta un beat 'em up en 2.5D plagado de monstruos con una historia sin alma y el aliciente de un modo cooperativo.

Un examen difícil de destacar

Final Exam

Final Exam no fue un mal juego, pero realmente no logró destacar en ningún apartado al no aportar nada verdaderamente original respecto a otros representantes del género. Y también por la dura competencia que hubo en el enorme catálogo de PlayStation Store, Steam y Xbox Live Arcade en su momento.

Más allá de lo anecdótico de su universo, donde tan solo aprovechaba tímidamente ciertos escenarios y un par de invitados especiales de Obscure, es un juego que cuenta con malas decisiones en su planteamiento, como el hecho de tener que validar manualmente los combos para las mejores puntuaciones.

Los combos también se pueden validar automáticamente para que no tengamos que preocuparnos de eso, pero el marcador se reducirá drásticamente. La gracia, claro está, es apurar al máximo con el método manual para alargar de modo muy bestia los combos, con el riesgo que supone perder uno muy grande si nos dan un golpe.

Cada uno de los cuatro protagonistas tienen leves diferencias en sus habilidades y parámetros, que se pueden desbloquear y mejorar, respectivamente, cumpliendo diversos desafíos en cada fase, como recoger todos los objetos del lugar. No aporta, en cualquier caso, mucha variedad de técnicas, pese a que podamos encarnar al espíritu de Dante en los Devil May Cry para realizar juggles con pistola para que no caiga el cuerpo del enemigo.

Final Exam, un juego que no pasó a la historia

Final Exam

¿Y cómo se juega exactamente? Bajo un plano fijo en 2D, pero con ciertas partes con dos planos a mayores (como Guardian Heroes, pero sin ir tan fino y siendo más limitado), estamos ante el típico "yo contra el barrio" de los 90, aunque estructurado por fases con objetivos que hay que cumplir.

A nivel de movimientos contaba con los típicos del género, siendo de lo más esencial el de esquiva, porque nos sacaba de cualquier apuro sin temer por nuestra vida. Y cada tipo de enemigo tenía un patrón distinto de ataque que había que conocer para anticiparse. Eso, unido al arsenal que podíamos desbloquear (desde bates hasta escopetas y mucho más, donde tampoco faltaban las grandas) y a las habilidades activas, hacían que se afrontase cualquier combate con garantías a poco que fuésemos ágiles y precisos.

Pecaba bastante, en cualquier caso, de alargar demasiado cada fase y meter varias cinemáticas (con el motor de juego) de por medio, hasta el punto de agotar al jugador por culpa de tener que hacer casi siempre lo mismo, dando muchas vueltas (en plan recadero) cargando objetos.

Era, en definitiva, un juego que no nos picaba a seguir porque le faltaba carisma y había otras propuestas netamente mejores. Y fastidia más, viendo en perspectiva ahora, que haya sido la última entrega de Obscure, quedando en saco roto aquel mensaje esperanzador en 2014 sobre el futuro de la saga...

Al menos en Final Exam podían jugar hasta cuatro personas online, o bien dos de manera local, como en sus orígenes. Y su precio fue de 9,99 euros.

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