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Destiny 2 es otra prueba más de que nadie hace shooters como Bungie

¿Qué hace bueno a un shooter como ‘Destiny 2’? Lo obvio sería decir que sea divertido. ¿Pero qué es lo que consigue engancharte? ¿Por qué es divertido? ¿Es por tener muchas armas distintas? ¿Por las estrategias que plantean sus escenarios? Al final acabaríamos diciendo que, bueno, es por un conjunto de cosas.

Pero si crear algo así es como tachar verduras en una lista de la compra, ¿cómo es posible que sólo Bungie consiga alcanzar ese nivel de maestría? Nos ponen un arma en las manos y nos dicen que disparemos a los cuatro alienígenas que tenemos delante. Algo que hemos hecho infinidad de veces. Pero aquí se siente, por así decirlo, distinto.

Has pasado de ser el tío que disparas a cuatro alienígenas a convertirte en una auténtica apisonadora. Una fuerza arrolladora que nada ni nadie será capaz de parar. Tienes poder.

Sigues con el mando, pero el juego te ha conseguido transmitir la sensación de que tenías algo más peligroso en las manos. Es algo que funciona así desde el principio, pero sigue escalando más y más conforme vas desbloqueando armas cada vez más poderosas. Da igual que sea una simple pistola o una escopeta. Si es la adecuada, Bungie consigue que la experiencia de disparar, aquello que los anglosajones catalogan como gunplay, esté a otro nivel.

El noble arte de crear un juego de tiros

Lo hace con una combinación de factores clave, desde los movimientos de cada arma al disparar hasta cómo las animaciones de los enemigos nos dan la sensación de que reaccionan a los impactos. Tan pronto disparas tu rifle, ese que luce de maravilla gracias a los artistas que están detrás de su diseño, el sonido seco del disparo se suma al retroceso, dándote la sensación de que lo que acabas de soltar es un misil que ha hecho mover el arma como si fuese a arrancarte el hombro.

Tras ello la bala impacta en la cabeza del enemigo, y junto al desplazamiento hacia atrás del mismo, ves cómo vuela la cabeza y los números en amarillo del impacto crítico sobrevuelan la escena. Recargas, escuchas el clack, y ya estás deseando volver a repetir. Una y otra vez. Una y otra vez.

Esa sensación, más allá de lo que el juego ofrezca para incentivarte a seguir, es probablemente uno de los mayores logros de Bungie. Algo que consiguió que los que no se cansaron de repetir misiones durante la primera etapa del primer ‘Destiny’, siguieran anclados al juego. Algo que, ahora ya con ‘Destiny 2’, se convierte en la excusa perfecta para abandonar lo que estabas haciendo y pararte a disparar a esos caídos que han tenido la mala suerte de pasar por allí. Si en ‘The Legend of Zelda: Breath of the Wild’ era fácil perder el rumbo al encontrarte tantas cosas por hacer, en ‘Destiny 2’ lo perdemos por tener tantas cosas a las que disparar.

Destiny 2, la tesis doctoral de Bungie

No es nuevo para Bungie ni para los que hayan seguido el crecimiento de la saga ‘Halo’. Con sus juegos he vivido algunos de los tiroteos más memorables, y guardo un gran recuerdo de algunos encuentros de ‘Halo 3’. Revivir ese toma y daca entre mi personaje y los enemigos, con inteligencias artificiales que han aprendido a parapetarse e intentan engañarte de una forma factible pero asequible, sigue siendo algo especial.

Son tiroteos en los que es imposible que la idea de una caseta de feria te pase por la cabeza. Da igual si te cruzas con un grupo que viene corriendo hacia ti como pollo sin cabeza, porque el grupo será siempre tan numeroso que te vas a ver obligado a recular mientras disparas. El no echar a correr lo produce, una vez más, esa sensación de poder absoluto que te otorgan las armas. El medir las distancias y no sentirte invencible es la prueba de que, sin ese cacharro entre las manos, hace mucho que ya estarías muerto.

Pese a mantener esa idea en ambos, la diferencia entre ‘Halo’ y ‘Destiny’, muy probablemente, la marcan los diseños. No lo digo sólo por el aspecto más humanoide de los enemigos, nada que ver con los Grunt, también por las armas. El estilo espacial de la saga del Jefe Maestro se vuelve en ‘Destiny’ y su secuela algo más terrenal. Menos de plástico. Menos de juguete.

Tomar un revolver en ‘Destiny 2’, un peso muerto que se come gran parte de la pantalla y que requiere dos manos para ser sujetado, es la mera antesala de la sensación que va a producirte apretar el gatillo. No importa si es la cabeza la que sale volando o es el cuerpo el que sale despedido hacia atrás, la sensación al disparar y acertar es fantástica. No necesitas correr a buscar el arma que ha dejado caer un enemigo porque, de poder hacerlo, tampoco lo necesitarías. La verdadera amenaza siempre está entre tus manos.

Tras haber abandonado el primer ‘Destiny’ por cansancio a la hora de repetir misiones, no soy el adecuado para entrar a valorar si ‘Destiny 2’ ha cambiado lo suficiente (aunque las sensaciones hasta ahora son muy positivas). Pero lo que es innegable y no acepta hueco para críticas, es que la forma en la que Bungie le da vida a los tiroteos es inigualable. Una razón más que suficiente para acercarse a sus juegos.

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