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Zelda: Tears of the Kingdom me ha pillado por sorpresa: no esperaba una plaga de zombis en mi parte favorita de todo Hyrule

El territorio de las Gerudo es uno de los mejores de toda la aventura de Nintendo Switch

El final de mi travesía por The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom se aproxima y la última parada antes de la batalla definitiva contra Ganon es el Desierto de Gerudo. Tengo un muy grato recuerdo sobre la calurosa zona en The Legend of Zelda: Breath of the Wild, así que he querido dejar la mejor parte para el final; como cuando te comes antes el filete de ternera y dejas para después las patatas fritas.

Ya sea con las kuja de One Piece o las propias Gerudo, me llaman poderosamente la atención las temáticas basadas en una sociedad jerarquizada única y exclusivamente por mujeres, al más puro estilo de las Amazonas. Que rapten a las crías gerudo de sus propias familias, que impidan el paso a los hombres en su territorio... son leyes marciales muy estrictas que demuestran por qué son guerreras absolutamente implacabales.

Lo que es tremendamente implacable es el maldito sol, el cual pega de lo lindo, y solo permite un respiro en la sombra. Quizás no ha sido la mejor táctica llegar hasta el territorio arenoso justo donde se encuentra un Griock de fuego, pero al menos ya me aseguro de comer platos con resistencia al calor. Sin embargo, estamos hablando de la zona más compleja en cuanto a temperaturas se refiere.

A lo largo de toda mi partida he tenido que cambiar constantemente entre ropa de invierno y de verano, pues las noches son más frías que el corazón de mi exnovia. Un desierto real no tiene compasión, aunque hay que sumar un problema a mayores con la tormenta de arena que lo cubre absolutamente todo. No se ve un pimiento, el radar deja de funcionar y me veo sorprendido por... zombis.

O al menos eso es lo que parecen unos seres que caminan lentamente, están en los huesos y resisten cualquier tipo de golpe. Tras arrojar un fruto ígneo, descubro que ya les puedo atizar al conseguir evaporar su armadura y me encuentro en una escena de Amanecer de los muertos. No me esperaba para nada tan tétrico recibimiento y mucho menos poder entrar en la Ciudadela sin ninguna oposición. El paisaje es absolutamente inhóspito y he de averiguar qué sucede.

Tras merodear entre las callejuelas y no toparme con nadie, al fin accedo a las catacumbas. Allí se refugian todas las Gerudo, ya que no pueden hacer frente a la amenaza de los Gibdo, esos seres aterradores que deambulan sin rumbo buscando destrucción. Debido a que ya me conocen y que represento una luz de esperanza, Adine me indica que la matriarca Riju se encuentra practicando su poder del trueno en mitad del desierto.

Allá que voy para toparme con una poderosa guerrera y una de las habilidades más mortales de todo The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom. Tarda un poco en cargar, pero Riju es capaz de atizar con fiereza allá donde le indico, lo cual es perfecto para la batalla contra los Gibdo. Tampoco podía imaginarme una suerte de escaramuza defensiva contra las abominables criaturas y conmigo como comandante ordenando a las Gerudo que se posicionen para defender la Ciudadela. La variedad de misiones es genial, pero aquí no termina la cosa.

Tras aniquilar a los Gibdo y las columnas que los generan -incluso en formato volador- toca averiguar la ubicación del Templo del trueno. Para ello es necesario que encuentre tres pilares con espejos reflectores, conectarlos entre ellos y formar un triángulo. Diantres, es realmente divertido todo el proceso de toparte con las estructuras de piedra para revelar una pirámide enorme sumergida entre la arena.

Eso sí, antes de entrar toca un pequeño intercambio de golpes contra la Reina Gibdo, el azote del Templo, lo cual es un aperitivo genial para la confrontación final. Como semejante mosquito gigante venido a más no se atreve a luchar de primeras, huye hasta lo más alto, por lo que toca internarse entre los pasadizos oscuros. He aquí el único templo propiamente dicho, al más puro estilo clásico de Zelda y sin más remedio que resolver los puzles que tenemos ante nosotros. No vale dar vueltas, planear o aprovecharse de la arquitectura del lugar, ya que todo depende de que sepamos dar con la solución a cada problema.

Sin ser sencillo, aunque sin forzar a que mis neuronas trabajen demasiado, el Templo del trueno muestra un equilibrio fantástico. Todo se redondea con una refriega a la altura contra la Reina en la que participan sus secuaces Gibdo poniendo la guinda al postre. En conjunto, el Desierto de Gerudo es fabuloso; un ejemplo perfecto de cómo resultar entretenido, dinámico, variado y con situaciones inesperadas para el jugador. Lo que ya no me puede pillar con la guardia baja es que la cinemática con la Sabia del trueno es un refrito de las anteriores, aunque poco importa a estas alturas. Tengo el poder de Riju y eso significa que ya estoy listo para enfrentarme al mayor jefazo de todos.

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