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Crítica de Tekken Bloodline: Netflix da lecciones de cómo llevar un videojuego de lucha a la pequeña pantalla

Netflix da cuerpo y trasfondo a una de las mejores y más influyentes sagas de lucha y, en el proceso, consolida su buena racha a la hora de llevar los éxitos del videojuego a la animación. Tekken: Linaje (Tekken Bloodline) es exactamente lo que se puede esperar de una adaptación de Tekken 3 al anime, pero eso no quiere decir que se trate de una serie conformista que vaya sobre raíles ante lo ya visto: la manera de atesorar la licencia y darle volumen a sus personajes es lo que lo convierte en una cita obligada para los fans de la saga de Bandai Namco. Incluso, con sus propias licencias.

Que Katshuhiro Harada, el creador y máximo responsable de la saga del Puño de Hierro, se deshiciera en elogios hacia Tekken: Linaje está más que justificado: la serie de animación de Netflix lleva el fenómeno de los arcades y las consolas a la pequeña pantalla de manera magistral. Conservando el espíritu genuino de los juegos originales y la esencia de cada uno de los personajes, incluyendo aquellos que tienen su propio código moral o directamente carecen de él, pero también sabiendo ensamblar el conjunto de cara a un medio tan diferente como es el anime. Y eso es un doble hito.

Y es que, como decimos, Tekken: Linaje es una grata sorpresa para el fan de la obra de Namco que sabe cuándo y cómo ceñirse a los eventos mostrados a través de los propios videojuegos, y dónde aferrarse a los clichés de los animes de acción destinados al público juvenil, conservando todo aquello que convirtió la marca Tekken en un indiscutible referente de la lucha. Los tortazos que quitan el hipo, desde luego, pero también ese conflicto interior que siempre ebulle en sus luchadores y que, sumado y en conjunto, distingue su rico trasfondo del resto de alternativas de lucha.

Porque, a efectos prácticos, Tekken: Linaje no se conforma con ser una libre adaptación de Tekken 3, el incuestionable título que supuso salto de calidad y punto de inflexión de la consagrada franquicia, sino que expande su contexto de manera genuina y legítima a través de los ojos de Jin Kazama. Ofreciendo al espectador esa lucha entre sus dos naturalezas heredadas por parte de padre y de madre de un modo que no se podía hacer a través de los videojuegos y sin renunciar a lo verdaderamente esencial: en Tekken: Linaje los personajes y la trama tienen el mismo peso que las escenas de lucha. Como debe ser.

El resultado: seis capítulos divididos en dos tramos. Los tres primeros funcionan a modo de esa precuela de Tekken 3 que jamás vimos y se nos insinuó entre juegos y manuales, mientras que los tres últimos condensan la trama del videojuego como pueden en episodios de poco más de 20 minutos y la unifican en una edición creada para la ocasión del propio Torneo del Puño de Hierro en la que incluso veremos desfilar personajes de entregas posteriores. Eso no es malo, que conste, ya que se trata de alinear casi tres décadas de historia de cara al gran público.

Te destruiré por completo y luego te reconstruiré como solo un Mishima es capaz de hacer

Existen dos naturalezas en fuerte conflicto dentro de Jin Kazama. Una de ellas es la de su madre Jun Kazama, quien le enseñó artes marciales en una paradisíaca isla forestal alejada del resto del mundo bajo la premisa de que la verdadera fuerza nace de la templanza y el pacifismo. La otra viene por vía paterna y le consume gradualmente como el fuego: el clan Mishima no muestra jamás ni debilidad ni compasión. Es la fuerza de la voluntad en su estado puro. Un delicado equilibrio que Heihachi Mishima, su abuelo y líder de la mega corporación Mishima Zaibatsu, se ha propuesto destruir a toda costa.

Tras el repentino asesinato de Jun a manos de una poderosa fuerza de la naturaleza personificada y conocida como Ogre, Heihachi toma a Jin como su discípulo y le comienza a instruir en el brutal estilo de combate Mishima, el cual implica dejar de lado todas las enseñanzas de su madre. Jin acepta sin discusiones, completamente consumido por su venganza y bajo la voluntad de hacerse más fuerte. Incluso, a sabiendas que el proceso lo llevará física y mentalmente más allá de sus límites.

Sin embargo, el estricto entrenamiento de Heihachi Mishima tiene un propósito todavía mayor: incluso siendo su abuelo, el viejo luchador con una fuerza abrumadora planea servirse la venganza de Jin para sus propios intereses. Ahora solo se necesita un reclamo capaz de despertar y atraer a la bestia Ogre, y la celebración de una nueva edición del Torneo del Puño de Hierro, promovido por la propia Mishima Zaibatsu, servirá a sus propósitos y, en el proceso, atraerá a los mejores luchadores de todo el mundo.

Atraídos por la oportunidad de demostrar su destreza, los mejores exponentes de diferentes estilos de artes marciales se reúnen en torno a un enorme coliseo que la Mishima Zaibatsu usará como escenario para el torneo en las zonas más elevadas de Perú.

  • Algunos de éstos luchadores regresan de torneos anteriores, como Paul Phoenix, Yoshimitsu y Nina Williams, quienes han participado en todas las ediciones y son plenamente consscientes de que el viejo Heihachi no trama nada bueno.
  • Otros darán el relevo a sus maestros como Hwoarang, el discípulo de Baek Doo San, y Julia Chang, hija de Michelle Chang. Por no hablar de Jin Kazama, cuya madre participó en ediciones anteriores. Y ojo, que hasta veremos luchadores de entregas posteriores integrados en la trama.
  • Sin embargo, en la nueva edición del Torneo del Puño de Hierro también han rostros nuevos, como la intrépida joven Ling Xiaoyu y hasta margen para que pelee Kuma, un enorme oso pardo.

Sin embargo, todos y cada uno de ellos tienen un propósito que va más allá de la simple gloria o el dinero del premio. Tekken: Linaje, la serie animada, pondrá a prueba la voluntad de cada uno de estos luchadores a partir de su segunda mitad bajo la premisa de que solo puede quedar uno en pié. Y pese a que el referido conflicto entre las naturalezas de las familias Kazama y Mishima se manifestará en Jin a lo largo del torneo, en su código genético existe una fuerza mayor, de orígen prácticamente demoníaco, a punto de estallar.

Tekken Bloodline: así es como se lleva un videojuego de lucha a la pequeña pantalla

Lo primero que llama la atención de Tekken: Linaje es su estilo artístico, el cual no se parece demasiado ni al fotorrealismo buscado en los videojuegos ni al tradicional estilo de los animes, sino que busca encontrar un tono intermedio en el que unos marcadísimos acabados angulosos le acaban dando personalidad al conjunto. De hecho, en determinados momentos del metraje el resultado en pantalla parece más un manga que un anime. Eso sí, en movimiento los combates de la producción de Netflix son calcados a los videojuegos.

Jun-Ichi Hayama, responsable de las coreografías del proyecto, ha trasladado los auténticos combates de las recreativas y consolas al anime gracias a que Tekken: Linaje utiliza un sistema de animación digital en Cell Shading (similar al de Dragon Ball Super -Super Hero) que reproduce exactamente los mismos combos, técnicas y hasta una especie de variante de los Rage Arts en los que el tiempo se acomoda a la intensidad de la escena y la pantalla pasa a mostrarse en blanco y negro. Eso sí, al tratarse de un anime, el metraje saca mucho más provecho de los movimientos de cámara cinemáticos.

El empeño por trasladar la esencia de los videojuegos de lucha va más allá de los combates, de modo que además de los efectos y golpes de luz es posible apreciar los mismos sonidos de la saga Tekken al producirse los impactos y las esquivas, de modo que los apasionados por los juegos verán colmadas sus expectativas pese a que, lógicamente, todos los combates de la serie no son igual de intensos.

Ahora bien, la buena noticia es que, a diferencia de otros animes y largometrajes, la inclusión de los combates dentro de la trama argumental está justificada, es verdaderamente legítima y, lo mejor de todo, sirve al desarrollo y evolución del personaje protagonista: Jin Kazama. Mostrándonos cómo era el legendario luchador y uno de los abanderados de la saga antes de su entrada en la misma y, posteriormente, plenamente integrado en ella.

Como comentamos, los seis episodios de Tekken: Linaje se pueden dividir en dos etapas muy diferentes. En una sirve de precuela a Tekken 3 y en la otra reinterpreta por completo el videojuego de arcades y la primera PlayStation y lo lleva a su terreno. Muchos personajes se quedan en el tintero y la mayoría sirven para dar notas de color al gran dilema familiar del Clan Mishima sobre el que siempre han girado los videojuegos.

De hecho, la gran sorpresa y alegría para los fans es cómo Heihachi Mishima plasma y sintetiza sus ideales y la fuerza de su estilo de lucha en pantalla a través de su propia fuerza en las escenas de acción y su inquebrantable determinación cuando no está adiestrando a su nieto o tomando parte directa en combate. Controlando en todo momento el curso de la serie y sus acontecimientos desde que entra en escena.

Como resultado de todo lo anterior, Tekken: Linaje triunfa al ser una estupenda adaptación del videojuego, y pese a que como serie animada peca de exhibir todos los clichés propios de los manganimes de artes marciales habidos y por haber; la otra realidad es que se cierra el círculo dada la enorme cantidad de licencias e inspiraciones que la saga de Bandai Namco ha ido acumulando de éstos a lo largo de casi tres décadas.

Dejando, eso sí, la puerta abierta lo suficientemente abierta a nuevas temporadas que exploren entregas posteriores y anteriores. Dejando estratégicamente en el tintero a muchos luchadores que merecen su propia oportunidad.

La opinión de VidaExtra

Tekken: Linaje no es ni la adaptación más fiel a la trama de un videojuego que hay en Netflix ni tampoco lo necesita: sabe llenar de manera legítima los espacios que quedaron en blanco de Tekken 3 y, sobre estos, construir una historia que solo dura seis episodios de poco más de veinte minutos. Eso sí, capítulos relativamente cortos pero muy bien exprimidos, rebosantes de acción y con los tiempos muy bien aprovechados, centrados en hacer las delicias de los fans de la saga de lucha.

Lo mejor de Tekken: Linaje queda patente desde el capítulo inaugural: pese a las licencias se ha logrado captar la genuina esencia de los personajes y trasladar de manera magistral los combates del videojuego al metraje justificando y sacando el máximo partido a la animación digital. Encontrando su propio tono e identidad visual frente a lo visto en los juegos y otros animes de artes marciales, pero siendo brillantemente respetuoso con el material original y, por extensión con los fans.

Quizás, aquellos que no están muy metidos en los videojuegos pasen por alto el grueso de guiños o el tratamiento de personajes secundarios colocados en torno a Jin como Hwoarang, Julia Chang o Paul Phoenix, y que pasan a ser topicazos con patas. Pero la otra realidad es que no se puede lograr más en tan poco tiempo. Sobre todo si se buscaba dar fuerza a los temas centrales de Tekken: Linaje: la venganza, la búsqueda de la fuerza absoluta y, como advierte el propio título del anime, el peso del propio linaje.

Elementos que, sumados, hacen que a Tekken: Linaje se le escape entre las manos ser el mejor anime que Netflix puede ofrecer a los apasionados por la animación Made in Japan. Pese a sus enormes aciertos y su magistral manera de llevar el videojuego a otro medio, no estamos ante el nacimiento un nuevo clásico de culto. Y, sin embargo, el gigante del vídeo en Streaming alcanza otro hito de cara a los apasionados por los videojuegos y, en el proceso, da lecciones a todo lo que está por venir de cómo llevar una de las máximas sagas de lucha a la pequeña pantalla.

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