
Evolucionar o morir, es cuestión de tiempo y de ganas de seguir apoyando a un producto. Todos sabemos que el hardware sufre modificaciones importantes a lo largo de su vida útil y que aunque el usuario ni se percate de ello ya que el funcionamiento visible es el mismo, en el fondo las cosas pueden haber cambiado mucho.
Es el caso de la consola Xbox 360. Microsoft ha ido, poco a poco, realizando revisiones del hardware para conseguir estabilizar el ratio de luces rojas de la muerte que venía produciéndose.
Nuevos procesadores que se calienta menos, placas bases optimizadas, mejoras en la memoria, en la refrigeración y ventilación y ahora, por fin, una ampliación de memoria interna en la versión más sencilla de todas, la arcade. Pasamos de 256 megas a 512 montadas sobre el modelo “Jasper”.






