
A muchos les costará creer lo que voy a decir, pero hubo un tiempo en el que no nos fijábamos en cuántos millones de polígonos tenía el motor gráfico de un juego o qué resolución alcanzaba en pantalla a la hora de comprarlo, entre otras cosas porque hace años casi nadie sabíamos de tecnicismos. Un tiempo en el que los videojuegos no tenían tercer eje y sólo podíamos avanzar o retroceder en un plano definido por dos dimensiones.
El salto a los gráficos tridimensionales ha traído muchas cosas buenas a este arte, pero el paso del tiempo no ha conseguido que nos olvidemos de los gráficos en 2D, los cuales lejos de ser un mero reducto para nostálgicos recalcitrantes, siguen siendo un excelente soporte para experiencias divertidas, enriquecedoras y muy modernas. La actual generación está siendo una perfecta muestra de ello, con numerosos juegos que hacen uso de sprites y resultan tan atractivos como el último shooter protagonizado por marines musculosos.






