Era una época oscura. El sol hacía tiempo que no brillaba con fuerza, la humanidad había perdido toda esperanza y multitud de falsos profetas se alzaban entre el tumulto, reclamando poseer la única y verdadera palabra del mesías.
Vivíamos tiempos convulsos, esclavizados bajo las alargadas sombras de unos gigantes que acaparaban toda nuestra atención, cuando de repente y sin previo aviso apareció un ser rodeado de luz y esperanza que respondía al nombre de Timothy Roberts.
Su caminar lento y su sonrisa vivaracha proclamaban a los cuatro vientos que había llegado el momento, el momento del cambio. El momento de presentar algo que nos liberaría del yugo de los titanes conocidos como Sony, Microsoft y Nintendo, una alternativa, una visión de futuro, un clavo ardiendo al que agarrarse; The Phantom. Muchos le creímos y aún nos recuperamos de la desilusión






