
Años ahorrando, años sin comprarte palomitas en el cine, años pidiendo el McMenu infantil, años colándote en el metro, años jugando a los mismos juegos y todo por un sueño. Esa nueva PSP Go tenía que ser tuya.
Habías conseguido reunir el dinero suficiente y aunque estabas cabreado con Sony por el abusivo precio y por la extraña política de distribución, la decisión estaba tomada. Tu abuela sería la encargada de ir a por ella a la tienda, una misión sencilla… y suicida. ¿Cómo iba a saber la pobre mujer que aquella PXP-2000 tan fardona que le acababan de vender no era lo que tu querías?




