
Hasta hace no mucho tiempo, que un videojuego llegada traducido a nuestro país era un verdadero notición. Tuvieron que pasar muchos años y varias generaciones de consolas hasta que las compañías distribuidoras se dieron cuenta de que el mercado español les resultaba lo suficientemente rentable como para dejarse algo de pasta y ofrecernos los textos en nuestro idioma.
Más adelante, el reto fue conseguir que los juegos se doblaran a también a nuestra lengua. No obstante, esta es una barrera que aún está por superar, y yo sigo siendo de la opinión de que más vale un doblaje en inglés de manera profesional, que en el castellano cutre en que muchas veces nos llegan. Pero eso es harina de otro costal.
El nuevo fenómeno de localización lingüística que estamos viviendo, es el de la traducción de los nombre videojuegos. Pero a diferencia de los dos anteriores, éste es uno que nunca había sido solicitado por los jugones españoles, y de hecho creo que pocos serán los que estén conformes con él.






