Está claro que Harry Potter no solo es un fenómeno literario, sino también audiovisual. Aunque hay hype por la serie de HBO, está claro que buena parte de los fans sigue enamorada de las adaptaciones al cine, donde nos han dejado momentos irrepetibles y lugares inhóspitos.
Uno de ellos es el despacho de Dumbledore, que hemos podido ver a lo largo de la saga y que rezuma conocimiento. Sin embargo, aunque todos esos libros que vemos parecen ser antiguos y repletos de secretos sobre la magia y la hechicería, lo cierto es que son bastante más simples de lo que parece, ya que, en vez de darnos magia, nos daban números de teléfono obsoletos.
Resulta que todos los libros que vemos en el despacho son, en realidad, un cúmulo enorme de Páginas Amarillas, la archiconocida guía de teléfonos de diferentes empresas y comerciantes donde buena parte de la gente buscaba profesionales a buen precio, algo que quedó obsoleto hace ya tiempo con la aparición de Internet.
Al ser un producto tan común para la época (y a la vez tan desechable), el departamento encargado del vestuario y los escenarios optó por comprar masivamente estas páginas amarillas a un precio irrisorio y remodelar sus portadas para que parecieran libros antiguos.
Desde luego, el resultado dio bastante el pego, ya que, a lo largo de todas las películas de la saga, nadie se percató de que estos libros mágicos son en realidad una especie de Biblioteca de Alejandría de los 90, donde muchas personas promocionaban su negocio.
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