Aún recuerdo como el primer día la primera vez que jugué al ‘Wolfenstein: Enemy Territory’. Mi profesor de Redes, en la etapa final del primer año de Administración de Sistemas Informáticos, nos pidió que fuésemos a la carpeta compartida para copiar un archivo ejecutable, para posteriormente instalarlo en nuestro equipo. Como imaginaréis, se trataba de este videojuego en cuestión, y como imaginaréis, resultó ser la perdición de la clase, servidor incluido. Las sucesivas partidas en red con toda la clase, e incluso con los de otras, no dejaron de sucederse hasta que los profesores notaron “algo raro”. Pero fue bonito mientras duró. Aunque los ‘Solitario Spider’, ‘Mahjong’ y compañía seguían bien presentes, por supuesto, al ser “menos detectables”.
Obra del, por aquel entonces, novel estudio Splash Damage, ‘Wolfenstein: Enemy Territory’ resultaba ser un mod-standalone del ‘Return to Castle: Wolfenstein’, sin necesidad de disponer de este último, por lo tanto, para poder jugar a este FPS. Además era y sigue siendo gratuito, con lo que tenía todas consigo. Era el regalo perfecto, y como aún hoy en día sigue siendo una pequeña joya atemporal hemos creído conveniente dedicarle el retroanálisis que se merece.
Inicios de Splash Damage, su desarrolladora
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