101 horas después, Crimson Desert se va directo a la lista de los mayores "What If...?" de la historia de los videojuegos

101 horas después, Crimson Desert se va directo a la lista de los mayores "What If...?" de la historia de los videojuegos

El mundo abierto de Pywel está dotado de maravillas, pero Pearl Abyss ha tocado demasiadas teclas

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Crimson Desert
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Juan Sanmartín

Editor

Los consensos son fáciles de digerir y nacen a través de un acuerdo mutuo, pero los debates pueden llegar a ser eternos e irresolubles. Quizás el paso del tiempo contribuya a que la imagen de Crimson Desert se alce de la misma forma que Sean Murray lo logró con No Man's Sky, pero hay muchos pecados en el haber de Pearl Abyss. Tras haber superado la aventura con más de 100 horas de partida, lo que sí que tengo claro es que estamos ante un caso de diamante en bruto.

Concebido originalmente como un MMORPG, la aventura de Kliff es una de las más ambiciosas que se hayan paseado por la historia de los videojuegos. Tan solo por esa premisa se le recordará durante años, pero también por representar el síndrome de Ubisoft hasta el hartazgo. No solo ello, ya que la lista de pecados de Crimson Desert es extensa, de la misma forma que obviar sus virtudes es intentar tapar el sol con un dedo. Como digo, es una producción que no permite tibiezas ni medias tintas.

Buffet libre a cascoporro

¿A quién no le va a gustar un buffet libre en el hotel de todo incluido? Te puedes atiborrar hasta las trancas sin compromiso alguno, pero por un momento imagínate que quieres comerte todo lo que hay en la sala. Es tarea imposible, necesitarías varios estómagos para asimilar semejante cantidad de salchichas, huevos y toda clase de ingredientes. Crimson Desert no te obliga a hacer nada más allá de la trama principal, pero convengamos que existe una relación (en ocasiones tóxica) entre lo que vemos en el mapa y la necesidad de limpiarlo todo.

Pearl Abyss ha apostado por pintar cada minúsculo trozo del escenario con algún icono, una actividad o un evento que nos impida mirar hacia las musarañas. Es absurda la lista de tareas que tenemos enfrente, con el temido hándicap de que su calidad es, generalmente, intrascendente. Ya no es que los efectos de una misión secundaria tengan o no peso en el devenir del mundo, sino que lo que te intenta contar la desarrolladora surcoreana no genera el más mínimo interés.

Los NPC que pasan ante nuestros ojos, por muchos nombres y registros que tengan en la enciclopedia, pasan a ser prescindibles y olvidables. El lore de Crimson Desert no deja de ser el de cualquier fantasía medieval con un puñado de facciones luchando entre ellas y el viaje de Kliff no tiene el más mínimo impulso para remontar. El personaje de los Melenas Grises parece de relleno, pues carece de personalidad, diálogos llamativos y tan solo se nutre de una puesta en escena espectacular.

Crimson Desert

Cada una de las secuencias antes, durante y después de las batallas contra los jefes son brutales, con coreografías que bien valen la pena disfrutar. Con todo, no sé cuántas veces he acudido al campamento de la banda y soy incapaz de recordar quién es quién, qué les caracteriza y por qué deberían importarme. Red Dead Redemption 2, en la medida de lo posible, trataba de que conocieses a cada uno de los integrantes del grupo de Dutch, pero aquí el esfuerzo es casi mínimo.

Por eso no me he mantenido en tensión sobre lo que me deparaba el final y tan solo esperaba llegar hasta los créditos para cerrar el círculo. ¿Qué aporta a Crimson Desert tener tropecientas casas, duques, condes y nobles si no los distingues los unos de los otros? Y no me refiero en el apartado visual, el cual es excelente, sino a la hora de guardar en tus recuerdos esa conversación que tuviste en su mansión o aquella vez que los salvaste.

¿Oongka y Damiane? Meras comparsas que intentan imitar lo que supuso la aparición de Michael, Trevor y Franklin en GTA V, pero no se acercan ni a kilómetros de distancia al carisma que ellos generaban. Más piezas a un tablero que no puede estar más saturado y que no queda claro qué aportan a la fórmula, aunque hay que reconocerle a Crimson Desert las virtudes que posee.

Casi como Zelda... pero no

¿Quieres toparte con verdes llanuras, bosques frondosos, desiertos áridos y montañas escarpadas? Crimson Desert es tu videojuego, porque absolutamente todo se ve decorado con ciudades bulliciosas, aldeas tranquilas, monumentos, ruinas antiguas y tesoros ocultos. Hay rincones y rincones por descubrir en el que ha sido el mundo abierto más inmenso al que me haya enfrentado. Tranquilamente tardas más de 20 minutos en recorrer de una punta a otra las diferentes regiones y siempre verás un paraje que quita el hipo.

Crimson Desert es muy bello, se mantiene sólido como una roca a nivel técnico y se vale de una banda sonora excelsa para brillar todavía más. De todos los apartados que se valoran positivamente de la producción, pocas veces he visto mencionada la música. No hay forma de que me canse de cargar la partida y escuchar las melodías con un corte solemne y épico, el cual se traslada a infinidad de secuencias a lo largo de la partida. Un 10 de 10 para Pearl Abyss, quienes han querido potenciar la sensación de libertad y exploración hasta el extremo, con todas sus consecuencias.

Crimson Desert

No hay nada que te impida ir hasta donde quieras en Crimson Desert, lo cual define que las barreras son inexistentes. Es una invitación directa al jugador para que rompa con la línea del horizonte, especialmente cuando llevas más de 40 horas metido en Hernand y sientes que el ritmo decae a pasos agigantados. La imaginación que puedes proyectar en la obra es absoluta: usa un árbol como catapulta, quema hiedras con el reflejo de tu espada y aprovecha el sistema de físicas para resolver puzles ancestrales. Todo está ahí, al alcance de tus manos y eso genera un problema.

Y no es uno menor, sino que es el mayor de todos. Crimson Desert adolece de ser amigable con sus tutoriales y con la exposición de información en demasiados ámbitos. Salvo excepciones como los santuarios o las islas flotantes, no existe una reiteración de conceptos que te permitan inferir qué es lo que tienes que hacer frente a un rompecabezas. Crimson Desert ha traspasado una línea que lo sitúa en un lugar en el que genera desánimo y frustración con el paso de las horas.

No se trata de añadir un cofre donde dejar todo lo que recogemos en el inventario o teletransportarse incluso al usar monturas, caer, nadar o escalar paredes. Eso se ha corregido y se corregirá con actualizaciones (a demanda de los jugadores, pues en Pearl Abyss entendían que ninguna de esas molestias debían ser contratiempos, en un principio). Es obligar a recorrer distancias siderales para entregar fugitivos, ofrecerme una escoba para limpiar chimeneas sin que tenga ninguna utilidad o limitar el uso del dragón porque todavía quedan restos de la herencia MMORPG.

Crimson Desert parece empeñado en ser obtuso y no es una discusión acerca de que los jugadores actuales son menos receptivos a la falta de información. Puedo entrar en un santuario de Tears of the Kingdom y, sin mayor pista que lo veo y las herramientas que manejo, generar mi propio método para resolver la situación. En Pywel apenas se crea ese contexto, más allá de los combates masivos contra las oleadas de enemigos en los campamentos. Son zancadillas constantes que convendrían una revisión desde las bases del videojuego, aunque seguramente sea mucho pedir en el corto y medio plazo. 

Crimson Desert

Al menos el sistema de combate es lo suficientemente atractivo y profundo como para que disfrutes aplicando un RKO a cualquier enemigo. Que todo se transforme en un instante en un musou es divertido, sobre todo cuando puedes hacer uso de agarres, puñetazos, patadas, armas doble, espadas, lanzas, mandobles, hachas y hasta robots. No van a faltar las formas de hacer daño por doquier, si bien es bastante sencillo conseguir un equipo tan potenciado que casi nadie se convierte en una amenaza seria, ni siquiera los jefes más temibles.

En definitiva, Crimson Desert es un juego que te invita a correr por un camino repleto de baches. Puedes pescar, minar, flotar por el aire, echar pulsos, ganarle a los niños al piedra-papel-tijera, sentir que estás alrededor de un castillo repleto de gente y sabes que todo ese potencial rezuma para ser explotado. Quizás, con una mejor toma de decisiones, Crimson Desert sí que hubiese logrado ese consenso que muchos ansían y unos pocos han logrado. Al final, es como creer que tienes que tocar todas las teclas de un piano para que nazca un placer para los oídos; la antítesis directa del "menos es más".

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