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'Wheelman'. Análisis

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Barcelona, una de las ciudades más bonitas del mundo y con unos habitantes amables y atentos capaces de hacerte sentir como uno más. Barcelona, ciudad de diseño, cultura, moda y espectáculos que representa la puerta más moderna de España al exterior. Barcelona, brillante en su superficie pero podrida en su interior, corrupta, oscura, maloliente y a la que sólo le queda una esperanza para limpiar su nombre. Y esa esperanza recibe el nombre de Vin, Vin Diesel, vamos.

Y es que después de pasarme ‘Wheelman‘, no puedo hacer otra cosa que dar gracias a mi amigo Vin (sí, después de verlo pasear por El Rabal o las Ramblas ya es mi amigo, o mejor dicho, mi hermano). Gracias Vin por salvarnos, los catalanes estamos en deuda contigo. Gracias Vin por decidir que Barcelona protagonizaría tu videojuego. Gracias Vin (algo tiene este nombre que no me canso de repetirlo… Vin, Vin, Vin…) por dejar la ciudad hecha unos zorros tras tus persecuciones.

Ya que amigos, después de lo que el bueno de Vin hace con las calles de la ciudad condal, tan sólo podemos darle gracias a la Moreneta de que no nos hayan evacuado. ¡Qué bestialidad madre de Dios!. Para que os hagáis una idea, este videojuego es a los videojuegos lo que la ‘Jungla de Cristal 4’ al cine. Un “más bestia sí se puede y se hace así.”

Lo bueno del caso es que pese a que lo centralizan en Barcelona, uno que vive allí para suerte o desgracia, no puede evitar darse cuenta de que los diseñadores del escenario lo más cerca que han estado de la ciudad condal es viendo un reportaje sobre Ronaldinho, aunque el esfuerzo se agradece. Pero centrémonos en materia que pese a encontrarnos con unas Ramblas de casi 12 kilometros o a un grupo de policías mexicanos hablando en catalán, la cosa no está tan mal como pensáis.

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Os iba a contar algo del argumento, pero entre que no lo desarrollan mucho, tiene la profundidad de una lata de atún y está tan repleto de tópicos bochornosos, creo que mejor será no entrar en esa materia y limitarme a apuntar un par de ideas generales para que captéis el concepto.

Vin es un especialista en conducción a lo bestia y tiene toda Barcelona bajo sus pies, la chica en cuestión recibe el nombre de Lumi (no debían de haber nombres) y es ladrona de guante blanco y bailaora de flamenco (¡cómo no! El Flamenco y la cultura catalana, una hermandad infranqueable), Barcelona está repleta de Smarts por aquello de ser una ciudad cosmopolita y moderna y una de las bandas rivales de Rumanos tienen como Logotipo una gran R. Claro, si llegan a ser de Zimbawe tendrían una Z.

Dejando a un lado el argumento o la carencia del mismo, lo que primero ocupa nuestra vista es el apartado visual. Y es que eso de que se represente una ciudad que más o menos conocemos tiene mucha guasa.

Guasa por que es así cuando entendemos la magnitud de lo que han intentado plasmar los desarrolladores y es que de Barcelona, Barcelona… tan sólo hay cuatro o cinco postales. Ya sabéis, Colón, Las Ramblas, Plaza Catalunya, Plaza Espanya y unas cuantas más que todo japonés que haya visitado la ciudad conoce. El resto de calles son una invención total y absurda, encontrando desniveles en el Rabal o tramos de autopista montañosa en medio de la ciudad.

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Son cosas que pasan y a las que no hemos de dar más vueltas. El juego transcurre en la idea comercial que transmite la ciudad y punto. Que nadie espere una maravilla visual por que no la va a encontrar.

Los gráficos, modelado, texturizado y demás efectos de partículas o post-proceso, son de lo más simplón que vamos a ver esta generación. No llaman la atención por lo bien hechos que están, aunque desde luego tampoco se pueden considerar nefastos. Simplemente cumplen su cometido, que no es otro que demostrar lo bien que le quedan las camisetas Alpha Industries a Vin Diesel y lo muy mucho que se puede destruir una ciudad Europea.

El sonido también merece un punto y a parte. El juego nos ofrece una amplia variedad de músicas adaptadas a los gustos catalanes, a saber, flamenco, guitarra española y ese sentimiento de que en cualquier momento va a surgir una carroza de la Feria de Abril.

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Pero bueno, de nuevo habría que mirar a la idea que se exporta de España al exterior para buscar culpables. Y al fin y al cabo nosotros al pensar en un americano pensamos en Country, cuando seguro que a los americanos de Alaska se las trae bastante al pairo.

Y llegamos al punto en el que debemos rendir un sincero homenaje a los desarrolladores por haber intentado plasmar la lengua catalana dentro del videojuego. La primera vez que escuchas como un policía te grita en catalán no puedes evitar pensar, “vaya cracks”. Luego te das cuenta de que los dobladores debían de ser mexicanos hablando el idioma de Jaume I el Conqueridor, ya que el acento chirría bastante.

Pero no pasa nada señores. Aquí se vive una integración lingüística positiva y esos detalles nos llenan de orgullo. La cuestión es que se han dado cuenta y han intentado hacerlo lo mejor posible, minipunto positivo.

Toca hablar de lo positivo del juego, que también lo tiene y justamente en el apartado más importante. La jugabilidad y la diversión.

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‘Wheelman’ gira en torno a la idea de las escenas de persecución de las películas de Hollywood. Promete hacernos sentir que participamos en una y eso es lo que consigue, sin tapujos, sin engaños, muy a lo Bruce Willis y justito de gráficos, pero lo consigue.

Desde el principio el título nos enseña a robar coches y desde el principio se nos muestra que la ciudad está diseñada para moverse en vehículo y que la gran parte de mecánicas de juego se han pensado para esos momentos.

Podremos embestir a coches a nuestro lado, es una de las maniobras más sencillas y efectivas del juego, patinar, derrapar, girar 180 grados el coche en pleno movimiento y disparar para hacer estallar en mil pedazos a los perseguidores, destrozar cristaleras, introducirnos en edificios, reventar mobiliario urbano y saltar de coche a coche en movimiento.

Sí, habéis leído bien. Vin es capaz de saltar de un coche a otro (o a una moto) en medio de una persecución. Y eso mola, esté bien realizado o no, es algo que mola y el juego mediante un control sencillo e intuitivo te permite realizarlo con facilidad.

Y es que después de unas buenas sesiones, la sensación que desprende el juego es la de volver a lo primitivo de un arcade. Es divertido, frenético, sencillo de controlar y sucede en Barcelona, además tal y como nos comentaba ese amante de la musculación y las camisetas Alpha Industries que es nuestro Alex C, vamos a recibir más misiones vía descarga. En la parte mala, no tiene un acabado gráfico a la altura y la representación de la ciudad y los tópicos que la rodean le quitan muchos puntos.

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Mi recomendación sincera es que abandonéis los prejuicios (sobretodo si sois conciudadanos míos) y le deis una oportunidad. Es divertido y eso de ver a un policía mexicano gritando: ¡Pari!, ¡Pari el cotxe senyor!, tiene su aquel.

Recomendado para los amantes de las persecuciones que revientan media ciudad a su paso o para los enamorados de la obra de Gaudí y la integración lingüística catalana.

No recomendado para Serrat, Eduardo Mendoza o Pilar Rahola. La ciudad de los prodigios jamás había sufrido un terremoto de adrenalina así y dudo que les gustase ver a docenas de honorables catalanes muriendo bajo la rueda de “l’amic Vin Diesel”.

Ficha Técnica: Wheelman

Wheelman
  • Plataformas: Xbox 360, PS3, PC
  • Distribuidor: Midway
  • Estudio: Tigon Studios
  • Lanzamiento: Ya disponible
  • Precio: 56,95 euros

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