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Hemos probado Dragon Quest VII y nos ha catapultado hasta la época dorada del rol
Análisis

Hemos probado Dragon Quest VII y nos ha catapultado hasta la época dorada del rol

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Había muchas ganas de ‘Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado’, y no sólo porque la aventura original nunca llegó a occidente o porque el remake lleva unos cuantos años dando vueltas por el mercado nipón. La clave para desear con todas las fuerzas su llegada a nuestras 3DS es que estamos ante un juego de rol de los de antes.

Mientras las compañías continúan intentando revitalizar el género JRPG con inventos más o menos acertados. La obra de Square Enix se presenta como uno de los títulos más clásicos del momento, no sólo manteniendo un estilo propio de juegos de antaño, también siendo uno de esos títulos que nos obligan a sumergirnos durante semanas en una misma historia.

El Dragon Quest más largo de la saga

Lanzado allá por el 2000 en PlayStation, este ‘Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado’ llega ahora con un aspecto renovado con escenarios y personajes en 3D, tal y como vimos en los remakes de las primeras entregas de ‘Final Fantasy’ para la portátil de Nintendo.

Eso implica, además de gráficos actualizados, una mayor libertad de exploración, permitiendo así que al girar la cámara encontremos distintos objetos escondidos por el escenario. Al menos durante estas primeras horas, este ha sido el único inconveniente encontrado, ya no por el hecho de tener que estar atentos a lo que nos rodea, sino por el comportamiento de dicha cámara en algunas situaciones y la incompatibilidad con el joystick secundario de New 3DS, quedando así los gatillos superiores como única herramienta para controlar la cámara.

El resto de inconvenientes son, por otro lado, también sus principales bazas. Al ser un juego de estilo clásico requiere una dedicación extrema, con un inicio treméndamente lento y tedioso en el que se nos obliga a ir de aquí para allá y un progreso que requiere de gran atención hacia el progreso de nuestros personajes para no andar cortos de nivel cuando empezamos a enfrentarnos a peligros más peliagudos.

Digo inconveniente porque eso, sumado a sus más de 100 horas de juego de su campaña principal y las cerca de 300 que tendrán que echarse a la espalda los fanáticos de escudriñar cada rincón del juego, puede ponerse muy cuesta arriba para los que han vivido otra época de títulos de rol. Pero sería de locos no reconocer como baza la decisión de Square Enix de mantener este estilo intocable para los que nos criamos con esa dedicación.

Un remake pantagruélico

Sí habrá cambios, por contra, en la aparición de enemigos por el escenario, que en vez de ser aleatorios poblarán el mapa para fomentar, o evitar, sus encontronazos. Además la inclusión de StreetPass nos permitirá acceder a mazmorras ocultas con monstruos y objetos nuevos.

El estilo, firmado por el maestro Toriyama, brilla aún más tras el trabajo de ArtePiazza al pasar de los sprites 2D a los modelados 3D, y el efecto 3D de la consola lo aprovecha a la perfección para entregar un juego con pocas carencias técnicas más allá de algunos objetos que aparecen o desaparecen de forma repentina en pantalla.

Con todo estamos ante una obra más que apetecible para la que aún habrá que esperar cerca de un mes. Será el tiempo justo para que sigamos avanzando por el mundo de ‘Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado’ antes de entregaros nuestro análisis y valoración definitiva. Hasta entonces, los fans de la saga y el rol japonés pueden estar más que emocionados porque la espera ha valido la pena.

Plataformas: Nintendo 3DS
Multijugador: No
Desarrollador: ArtePiazza
Compañía: Square Enix
Lanzamiento: 16 de septiembre de 2016
Precio: 32,96 euros

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