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'Resistance 3'. Análisis

'Resistance 3'. Análisis
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Va casi en su línea genética: la ciencia ficción de los shooters (¿de los videojuegos en general?) está más cercana a la serie B o hasta a la serie Z cinematográfica que a los blockbusters destinados a romper taquillas. Que ‘Doom’ rompiera esquemas, con aquella concepción gamberra y con ciertos toques de terror barato, les marcó para siempre, aunque ya viniese de antes.

No es fácil conjugar algo así, donde sugerir es mejor que mostrar, donde lo pequeño es imaginativo porque a lo grande no se puede llegar, con el crecimiento exponencial de la industria de los videojuegos, con el concepto de la triple A, de los títulos destinados a romper records. Ahora que la industria ha crecido, se ha contagiado de los peligrosos tics que habitan en la del cine y eso obliga a los shooters de ciencia ficción a rizar el rizo.

Algunos lo consiguen porque va en la propia naturaleza de quien les crea, como por ejemplo, los de Valve. Otros, porque comprenden que lo macarra puede ayudarles a mantener ese tono incluso en producciones megalómanas, como ‘Gears of War’. Un puñado de elegidos porque están plagados de homenajes brillantes al género y mezclas imposibles que acaban funcionando, como ‘Bioshock’.

Y otros, como ‘Resistance 3’ lo intentan y, aunque no naufragan haciéndolo y dejan un puñado de momentos muy disfrutables, tampoco consiguen dar en el clavo del todo. Precisamente por esa tensión no resuelta entre lo que se quiere y lo que debe ser.

Resistance 3: Elogio de lo pequeño, desgana en lo gigante

Resistance 3

Donde más se ve esta lucha en el irregular ritmo de ‘Resistance 3’, mejor cuanto más pegada esta la escena a un concepto de bajo presupuesto, peor cuanto más grande es.

El juego cae a plomo en los enfrentamientos contra los enemigos más grandes. Es curioso, por ejemplo, que las escenas en el barco del Mississippi, primera fase sobre raíles, funcionen mejor cuanto más pequeñas sean las amenazas. Cuando ya nos persiguen las grandes quimeras mecánicas, la tensión cae por los suelos y sabemos que, hagamos lo que hagamos, saldremos sanos de ésta.

Ocurre lo mismo en San Luis: una serie de capítulos que comienzan amenazadores, siguen agobiantes, bajan de intensidad cuando se supone que deberían subir (cuando llevamos el núcleo en nuestras manos), vuelven a subir en la defensa de nuestro compañero por los tejados, pero acaban por irse al garete en un enfrentamiento final soso.

Es un curioso fenómeno, el de un juego rebelándose a las intenciones de sus propios creadores, que necesitaban tener un gran lanzamiento del primer grupo, un blockbuster palomitero, cuando en realidad el propio desarrollo les estaba pidiendo que se mantuviesen con los pies en la tierra y con la cabeza en las nubes. Que fuesen creativos sin necesidad de ser gigantes. Que vendiesen palomitas pero para comer en casa, no en una gran pantalla de cine.

Salvar el mundo y otras cosas que no importan mucho

Resistance 3

El propio protagonista de ‘Resistance 3’ se va desdibujando a medida que se hace más consciente de que es el héroe salvador del mundo y menos un tío cualquiera tratando de sobrevivir al que le va viniendo todo tipo de problemas encima. ¿Que esto último no es novedoso? ¿Y? ¿Que la historia es superflua? Pues claro.

Lo de pedir a todo alma y guiones elaborados en absolutamente todos los videojuegos es una falacia. En el caso de este género, por cada ‘Portal’ habrá cientos de obras de género buenas o malas, sin relación con su guión, igual que por cada ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ había puñados de películas explotando el miedo al extranjero desde las premisas más disparatadas, buenas o malas. Lo fundamental no es tanto una historia que trascienda el género, sino una premisa que se sostenga en todo momento sin problemas.

La de ‘Resistance 3’ funciona a trompicones: una intro magnífica, antes de empezar el propio juego, que da paso a un inicio frío, lastrado por el tópico tutorial del género, pero que pronto empieza a coger ritmo y a acumular buenas secuencias. Y, sin embargo, llega un momento, hacia mitad del juego, en el que la narrativa de la trama general se hunde y del juego, lo único que importa, es el momento. No es necesariamente malo, pero sí otro síntoma de que no todo encaja en el juego.

Resistance 3: en la técnica creemos

Resistance 3

La culpa de esos bajones no hay que buscarla, desde luego, en los aspectos técnicos. Insomniac quería dotar a su tercera parte de un aspecto envidiable y lo consigue. Luce mucho y muy bien, especialmente en unas cuidadas cinemáticas, pero también en el diseño de escenarios. Se agradece un FPS que se tome la molestia en variar la estructura de sus fases, incluso dentro de ellas mismas. Hay quien acusará de pasillero a Resistance, pero no lo es tanto: como muestra tenemos los capítulos del bosque, la mina y el pueblo “satánico”, mucho más libres de lo habitual en el género.

De hecho, cuando más le pesa el culo a ‘Resistance 3’ es cuando menos se aleja de los habituales códigos de los FPS. Deberíamos ir eliminando de los futuros lanzamientos del género cosas como la fase de (falsa) huida en escenario que se derrumba, que en algún momento funcionaron pero ya saben a rutina. No obstante, en mantenerse en lo clásico también hay puntos buenos, como recuperar parte de la experiencia clásica del FPS, con la importancia de los botiquines para sobrevivir, que a veces hace que te olvides del combate para salir en busca urgente de uno de ellos.

Por lo demás, salvo una música por debajo de lo que el juego pedía, la técnica es la mejor de la saga; no podríamos esperar otra cosa. Los apartados extras también son suficientes: Move está bien incorporado, aunque se vuelve ligeramente incómodo con el uso y la tendencia es a volver al control clásico. Y el multijugador no supera al de Resistance 2, e incluso cercena alguna de sus mejores ideas, pero no importa demasiado.

Resistance 3: aquí mi fusil

Resistance 3

Ya digo que lo mejor de ‘Resistance 3’ es cuando el juego apuesta por la locura imaginativa en vez de por la megalomanía. Y alguien debería darle un premio a quien diseñó las armas, que acaban por convertirse en el gran gancho del juego. El hecho de que puedan mejorarse con la experiencia es casi anecdótico comparado con lo cuidadas que están cada una y la variedad que aportan.

Así, y aunque al principio pueda parecer superflua tanta variedad, pronto descubres que no, que llevar una u otra cambia la experiencia de juego notablemente y que usar sus capacidades secundarias añade el punto de salvajismo necesario para hacer del juego algo más disfrutable.

El atomizador y su trampa eléctrica o las balas explosivas del revolver son solo dos ejemplos de lo mucho que pueden dar de sí en pantallas infestadas por enemigos pequeños y/o teóricamente fáciles. Porque hay que reconocer que las
quimeras no son los enemigos más inteligentes del mundo
y habrá momentos en que te encuentres a su lado y ni se hayan percatado de ello.

En definitiva ‘Resistance 3’ es un juego muy notable, pero que no acaba de dar el paso más allá precisamente por estar continuamente buscando la manera de hacerlo, porque en Insomniac se han fijado demasiado en cómo otros han solucionado los mismos problemas que la saga tenía en vez de pensar cómo podrían hacerlo según el espíritu del juego.

La cuestión final es si convencerá a los que creían que todos los ‘Resistance’ estaban sobrevalorados y habían puesto las esperanzas de la reconciliación en éste ‘Resistance 3. Ahí, que cada cual dé su opinión.


Vídeo | YouTube

Resistance 3| PS3

Resistance 3 carátula
  • Plataforma: PS3
  • Desarrollador: Insomniac
  • Distribuidor: Sony
  • Lanzamiento: ya disponible
  • Precio: 62,95 euros

La despedida de Insomniac de la saga Resistance funciona de manera notable y brillante en muchos aspectos, pero su ritmo irregular le impide convertirse en un juego sobresaliente.

En Vida Extra | ‘Resistance 3’: primer contacto

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