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Juegos para Chicas. Moldeando a la mujer que deberías ser para gustarle a un hombre

Juegos para Chicas. Moldeando a la mujer que deberías ser para gustarle a un hombre
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Ya sabéis que el efecto que los videojuegos causan en los jugones ha sido un tema muy tratado por la prensa sensacionalista. Los legendarios juegos violentos que son capaces de lobotomizarnos y convertirnos, partida tras partida, en verdaderos psicópatas en potencia.

Por que sí, cuando desde algún sector (tradicionalmente conservador) se quiere atacar a este mundillo que tanto nos apasiona, se ven fantasmas por todas partes e incluso la localización de un juego en África puede parecer motivo de racismo.

Pero oye, no todos los videojuegos son violentos y ni mucho menos todos están diseñados para que los disfrute el prototipo de niño violento con tendencia al “serial killer” que la prensa quiere vender. Entonces, ¿qué sucede con esos juegos diseñados para chicas que tantas alegrías le dan al mercado de Nintendo DS?. Sucede que el rol de mujer que venden es igual, o en ocasiones mucho más sangrante y demencial, que el que puede acabar generando un ‘GTA’.

Y es que es muy fácil acusar al mundo del videojuego por vender productos que fomentan la violencia (según su prisma), pero ¿acaso no es igual de perjudicial distribuir videojuegos de carácter abiertamente machista o que fomenten la idea de que una chica debe marcarse como gran objetivo estar guapa y tener éxito entre los hombres para realizarse?.

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En un interesante artículo de Wired, escrito con un evidente cinismo, se repasan algunos de los juegos “para chicas” más vendidos del momento y el resultado está bastante claro. Como mínimo habría que poner en tela de juicio si los valores que esos videojuegos aportan son los que queremos para la parte femenina de nuestra sociedad.

Hay juegos como ‘Charm Girls Club: My Perfect Prom’ en el que la jugadora tiene como único objetivo organizar el baile de promoción de final de curso más precioso posible. Conseguir al chico más exitoso y guapo, tener la mejor decoración o ser la más guapa de la fiesta, se establecen como los objetivos principales. En la versión ‘My Fashion Mall’, la misión cambia radicalmente y todo nuestro esfuerzo debe centrarse en dirigir el centro comercial de moda mas “chachi” sobre la faz de la tierra… es que las chicas deben centrarse en el mundo del colorín para ser felices, eso lo sabemos todos.

Por otra parte, ‘Dreamer Series: Top Model’ enseñará a todas las chicas interesadas a ser modelos profesionales. Vivir una carrera entera de desfiles, glamour y la lucha por ser la más radiante y bella que acabará con un espectacular posado en una isla caribeña.

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Está claro que las chicas deben preocuparse de ser modelos y luchar por tener un cuerpo 10 (siempre según los cánones que han establecido los hombres, faltaría más) para triunfar en el mundo del glamour y ser reconocida por todos y todas como la más bella. Aquello de preocuparse por amueblar una cabeza con ideas propias, sentido analítico, crítico y otorgar el valor justo a las cosas accesorias y a las importantes, debe pasar a un segundo plano o, mejor, debe ser cosa de hombres.

Aunque peor son los ejemplos de ‘Princess in Love’ o ‘My Boyfriend’. Juegos en los que se juega con la idea de que una chica, para ganar (ganar en el juego y triunfar en la vida) debe conseguir un hombre. En esa meta se centran todos los esfuerzos del juego, aprender a bailar y estar guapa, lo suficientemente guapa, para gustar al príncipe azul en cuestión.

Hay muchos más ejemplos pero creo que estos hablan por sí solos y son suficientemente ilustrativos. Algunos ven una corriente racista oculta en determinados videojuegos, otros creen que los títulos más violentos pueden acabar creando criminales y nadie (nadie de los que critican por norma general al mundo de los videojuegos) se pregunta si estos “juegos para chicas” están apoyando a la mujer actual, a la que reclama la posición de igualdad que merece y la que ha dejado de ser un elemento “adherido” al hombre como la habían forzado a ser.

Una chica de 10 años (parte del target al que se dirigen estos productos) debería ser formada para tener alguna aspiración superior a “conocer a un hombre y así ser feliz” o a “dirigir un centro de moda”, y los videojuegos que hoy hemos visto ayudan a seguir acrecentando el error. Si es criticable, y algunos lo piensan, que un videojuego pueda influir tanto en un jugador como para acrecentar sus ansias de matar y convertirlo en un homicida por culpa de la violencia que se muestra en pantalla, también debería ser criticable que el rol que infunden en la mujer sea propio de una sociedad cavernícola.

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