El anuncio de Sony de que a partir de enero de 2028 todos los nuevos juegos de PS5 pasarán a distribuirse exclusivamente en formato digital ha provocado un intenso debate durante los últimos días. Sin embargo, la polémica ya ha dejado de limitarse al descontento de los jugadores y ha dado un salto mucho mayor: la compañía se enfrenta ahora a una demanda colectiva que cuestiona las consecuencias económicas de esta decisión.
La organización neerlandesa Stichting Massaschade & Consument ha presentado una demanda en representación de 1,7 millones de usuarios holandeses de PlayStation, reclamando alrededor de 457 millones de dólares. Su argumento es que la desaparición de las ediciones físicas dejará a Sony con un control prácticamente absoluto sobre la venta de videojuegos en PlayStation Store, lo que podría traducirse en precios más elevados para los consumidores.
Como indica el portal Fortune, uno de los principales argumentos de la denuncia gira en torno a la comisión del 30% que Sony cobra en las ventas digitales, lo que inflará los precios cuando no haya más alternativas. Andrew Ching, catedrático de marketing en la escuela de negocios Carey de Johns Hopkins, especializado en economía del videojuego, explica que el mercado físico funciona de una forma completamente distinta.
Las tiendas pagan a Sony una cantidad fija basada en las copias que se fabrican y no en la cantidad que venden. A ello se suma la desaparición del mercado de segunda mano, uno de los aspectos que más preocupa a una parte de la comunidad. Hasta ahora, muchos jugadores recuperaban parte del dinero invertido vendiendo sus juegos una vez completados o aprovechaban las copias usadas para comprarlos a un precio inferior.
En cambio, sin discos físicos, esa posibilidad desaparece por completo y la única manera de comprar cualquier futuro lanzamiento será por medio de PlayStation Store. Según Ching, eso también hará que Sony pierda uno de los argumentos que utilizaba para defenderse frente a posibles acusaciones de monopolio. Mientras existía un mercado físico con distribuidores y tiendas de segunda mano, podía sostener que los consumidores contaban con alternativas para adquirir sus videojuegos.
No obstante, la situación cambia radicalmente si todas las futuras novedades pasan a venderse únicamente en formato digital. Sony dice que esta transición no es más que una respuesta a la evolución del mercado y los deseos de la amplia mayoría de consumidores, dado que casi todas las ventas actuales se producen en formato digital. Aun así, Ching recuerda que todavía existe un alto porcentaje de usuarios que prefieren los juegos físicos, ya sea por coleccionismo o por la flexibilidad que ofrecen de poder prestarlos o venderlos.
Habrá que esperar para conocer qué sucederá con la demanda, pero este acto demuestra que el abandono del formato físico no solo está dividiendo a la comunidad de PlayStation, sino que también podría acarrear demasiados problemas legales a Sony en este proceso de transformación hacia un futuro completamente digital.
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