Volver a Diablo IV siempre ha sido una aventura emocionante a lo largo de los últimos años, pero admito que las últimas veces fueron... menos divertidas. He disfrutado algunas temporadas y no tengo reparos en admitir que disfruté Vessel of Hatred. No lo calificaría este último como la experiencia definitiva en términos de DLCs y expansiones, pero digamos que llegué a los créditos con buen sabor de boca.
Blizzard ha cometido muchos errores con la saga Diablo. Las polémicas sobre Diablo III son inolvidables. Aunque creo que han sido especialmente tozudos con Diablo IV en este aspecto. La lista de errores y malas decisiones es larga, pero aun así creo que hay una que supera a todas por mucha diferencia: anteponer el sistema de temporadas sobre las expansiones y actualizaciones mayores. Me quedó claro con Vessel of Hatred, pero Lord of Hatred ha hecho que sea algo inequívoco para mí.
He tenido acceso a todo lo que llegará a Diablo IV con Lord of Hatred y lo que trae consigo en la actualización gratuita. He tenido tiempo de sobra para jugar, disfrutar y hacer pruebas, aunque te adelanto que este artículo no cubre demasiado el endgame porque he estado completamente solo en Santuario el 99% de la experiencia. Por otro lado, agradecer a Blizzard que dicha versión contase con "Mrak, comerciante de trampas", que me ha permitido hacer pruebas y explorar parcialmente la reestructuración de los árboles de habilidad y el contenido endgame con mucha facilidad y rapidez tras completar el DLC.
Comienza la Era del Odio en Santuario
Mi retorno a Diablo IV ha sido una experiencia magnífica gracias a Lord of Hatred. Tras repetir temporada tras temporada la misma estructura (breve historia + loop eterno de violencia con diferentes matices), la expansión es un soplo de aire fresco y un recuerdo de por qué somos fans de esta saga.
Lord of Hatred retoma la historia principal de Santuario, aquella que comenzamos con Lilith en la aventura base y que se amplió en Vessel of Hatred con Mefisto, y ofrece una conclusión al tira y afloja que han tenido el Señor del Odio y Neyrelle. Ha sido un gustazo jugar de nuevo a Diablo IV siguiendo una historia, diálogos y, no me importa que te rías de mí, con benditas cinemáticas tanto in-game como de esas que nos encantan tanto de Blizzard. Son una auténtica pasada. De hecho, el resumen de la historia hasta el momento es canela en rama. Si jugaste a Diablo III, átate los machos.
La campaña está bien, es muy emotiva y creo que cumple en términos generales. Si bien no soy un experto en el lore de Diablo, realicé un pequeño repaso tras la expansión para comprender mejor su contexto e implicaciones futuras. Para mí ha sido la prueba irrefutable de que Diablo IV luce infinitamente más durante sus expansiones que en las temporadas. Porque la ultraviolencia de su gameplay es genial, pero el factor que nos retiene es la historia de este universo.
Y es por eso que estoy convencido de que Blizzard cometió un error horrible al priorizar las temporadas sobre las expansiones. Debieron cumplir su palabra y lanzar una expansión masiva al año o dos más comedidas como esta en lugar de entregarse a las temporadas y a cobrar packs de skins por valor de un riñón. Es lo peor que le ha pasado a Diablo IV.
La nueva zona, Skovos, sigue la misma línea que el resto de Lord of Hatred: es un soplo de aire fresco y lo opuesto a Santuario. Cuenta con mucha luz y color, hay bosques verdes y las costas con un tono azul muy bonito. Los palacios tienen colores claros, blancos y dorados. Incluso las zonas más oscuras y turbias tienen colores y están iluminadas. La exploración es a lo que menos tiempo he dedicado, pero te aseguro que merece la pena y que lo haré con mucha más profundidad cuando juegue con mi cuenta personal. Porque sí, volveré el 28 de abril.
Más alto, más fuerte, más rápido
Al margen del pifostio que lía Mefisto, hay dos cosas que me han encantado sobremanera: la clase del Brujo y el Talismán. Ya te conté qué tal el Paladín. El Brujo es una clase muy divertida y bendita casualidad que pertenece a la misma rama que mi clase main: el Nigromante. Es un invocador. Puedes elegir jugar con las sombras y el fuego sin demasiadas invocaciones, o ser como yo y llevar a más de una docena de demonios contigo: desde pequeñitos hasta un demonio enorme con una espada que literalmente no entra en la pantalla. Es divertidísimo y muy flexible a la hora de hacer builds. Te recomiendo encarecidamente que lo pruebes. Para mí es más divertido que el paladín.
Por otro lado, el Talismán viene a ser un sistema de piezas de set de equipo. Me recuerda mucho a The Division 2 (hablo de este porque lo conozco bien) y el funcionamiento es muy simple: a más piezas del mismo set equipadas, más ventajas obtienes del mismo. Esto no quiere decir que estés obligado a llevar un único set. Hay varios y tú debes gestionar tu build para que todo encaje. Sé que puede ser un poco confuso, así que he sacado un par de capturas para que lo veas claramente. Una vez más, mil gracias a Mrak. También se añade el Cubo Horádrico y la pesca, que cuentan con sus propias misiones.
Clase del Brujo en Diablo IV
Talismán y set de piezas completo gracias a Mrak
Lord of Hatred está muy bien. No es la obra magna de Blizzard, pero estoy seguro de que será un pequeño soplo de aire fresco para los jugadores que le dediquen tiempo. Si eres de los que se saltan los diálogos y las cinemáticas, que sepas que vuelves al mismo juego de siempre, pero con unas cuantas islas de más para repetir exactamente las mismas actividades. Y hablando de repetir, vamos con unas primeras impresiones del nuevo endgame.
Blizzard ha rehecho los árboles de habilidades de todas las clases para ofrecer nuevas opciones y más flexibilidad a la hora de construir buids. Tras completar la expansión con el Brujo, realicé pruebas con mi clase main: el Nigromante. Mejoré al máximo el personaje con ayuda de Mrak y conseguí reunir a 28 esbirros permanentes y a otros tres o cuatro más mediante apariciones temporales mediante piezas y el talisman. Es una absoluta locura y estoy convencidísimo de que puedo mejorar la cifra a 30 esbirros permanentes. Con el Brujo creo que llegué a los 20-30 demonios en pantalla, mix entre permanentes y temporales. Una absoluta demencia. Despídete de tu build. Estará 100% destruida.
El segundo cambio en cuanto al endgame se llama Planes de Guerra y viene a ser una mesa en la que planificas una serie de actividades (hordas, mazmorras de pesadilla, foso...) para encadenarlas una tras otra sin necesidad de buscarlas manualmente una por una. El sistema es muy cómodo y bastante rápido, ya que te teletransporta automáticamente, y las dificultades rebalanceadas son divertidas. También cuenta con sus propias recompensas y desafíos.
Ahora bien, no dejan de ser las mismas actividades de siempre. No esperes la revolución del siglo porque Diablo IV sigue siendo Diablo IV y aquí se viene a farmear como auténticos posesos mientras aniquilas a miles de demonios por sesión. Creo que está muy bien de cara a hacer matchmaking y a encadenar actividades sin pausas y sin duras sobre qué va a hacer a continuación el líder del grupo.
Mi amigo y compañero Mrak
Experimentando con el Nigromante gracias a Mrak
En general, creo que Lord of Hatred y todos los cambios de la actualización gratuita suponen una mejora y un soplo de aire fresco muy necesario para Diablo IV. Pero por encima de todo está el hecho inequívoco de que apostar por las temporadas en detrimento de las expansiones y actualizaciones importantes fue un error por parte de Blizzard.
El plan original de lanzar una expansión al año era muy bueno. Harían muy bien en abandonar la psicosis del contenido frenético y cacuco de las temporadas y apostar por expansiones de nuevo para hacer crecer tanto el mundo como el lore de su universo. Y recuerda, ¡ve guapete o guapetona con tu personaje porque vas a salir en cinemáticas muy, muy brutales!
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