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Primeras horas con la estrategia de Siege Survival, o cómo sobrevivir a un asedio vikingo a base de comer cocido de rata y quemar cadáveres
Análisis

Primeras horas con la estrategia de Siege Survival, o cómo sobrevivir a un asedio vikingo a base de comer cocido de rata y quemar cadáveres

Es curioso cómo la urgencia puede cambiarlo todo. Lo que te viene automáticamente a la cabeza si te digo que me han llamado por teléfono difiere bastante de lo que pensarás tras decirte que me han llamado por una urgencia. La urgencia es lo que separa a Siege Survival: Gloria Victis de cualquier otro juego de gestión o estrategia.

En Siege Survival nuestro cometido no es sobrevivir, sino hacerlo con urgencia, así que a las bien pensadas mecánicas de gestión de recursos, construcción de ciudades y sigilo estilo Commandos, también toca sumarle un ciclo de día y noche que lo cambia todo.

La última línea de defensa

Lo que fácilmente podría pasar sin pena ni gloria frente a nuestras narices -otro juego de estrategia más ambientado en el medievo-, demuestra tener una fantástica colección de ideas que merece la pena aterrizar con la misma calma que atención.

Aquí, a diferencia de muchos otros, nuestro cometido no es dar forma a una urbe beligerante esperando arrasar los poblados vecinos. Nosotros somos ese poblado vecino intentando aguantar el ataque de un enemigo mucho más poderoso.

Con los pocos soldados que quedan protegiendo el último bastión, nuestro papel es cuidar de los últimos refugiados que se esconden en él para apoyar la defensa de la ciudad. Es decir, que no somos nosotros los que atacamos, sino los que preparan vendas, reparan armas y consiguen comida hasta poniendo trampas para ratas.

Por el día, nuestros personajes deberán correr de aquí para allá cortando leña, preparando la comida y dando forma a nuevas construcciones que vayan abriéndonos más posibilidades tanto dentro del bastión, con la supervivencia de nuestros personajes, como fuera de él, con la de los soldados que son la última línea de protección.

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Lo que empieza con los personajes recogiendo huevos de nuestras gallinas y construyendo improvisadas camas, termina con huertos, acumuladores de agua y hasta armerías en las que dar forma a las hachas que garanticen nuestra victoria.

Mucho por hacer y muy poco tiempo

La clave está en que lo mucho que hay por hacer debe realizarse en un breve periodo de tiempo. Si hoy no comemos o bebemos, nuestro rendimiento a la hora de construir o fabricar objetos se verá ralentizado. Si no podemos enviar comida a los soldados del exterior, pronto nuestra lucha por sobrevivir intramuros no habrá servido de nada.

En esa dicotomía entre el expandirte y sobrevivir frente a cuidar de la defensa de la ciudad está la clave de Siege Survival. Y en lo duro de un planteamiento que no se anda con chiquitas y no cede a ninguna facilidad, es donde reside su endiablado enganche.

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De hecho, la idea del juego podría quedarse simplemente ahí -con ese patio con zonas verdes protegidas por las murallas y otras zonas que, día tras día, permiten que se frene tu avance o destruyan tus construcciones por estar al alcance de los arcos y las catapultas enemigas-, y ya sería algo muy a tener en cuenta.

Sin embargo hay un girito más. Pese a que parte de los materiales puedes acabar consiguiéndolos a base de construir, siendo las trampas para ratas o el acumulador de agua dos de los mejores ejemplos, los materiales no crecen dentro de los muros. Toca aprovechar la oscuridad de la noche para salir de ellos en busca de objetos.

De la gestión a la estrategia, y de ahí al sigilo y la exploración

Como si de un Commandos se tratara, aunque con visibilidad limitada y escasas opciones de supervivencia, quienes no estén descansando o buscando información de los enemigos, podrán salir del refugio para buscar objetos, materiales de fabricación e incluso supervivientes entre lo que queda de la ciudad saqueada.

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Un mapa enorme que vas recorriendo poco a poco, noche tras noche, en busca de madera que cortar o algo que llevarte a la boca. Con el tiempo, de lo básico saltarás a objetos clave que te permitirán abrir puertas para conocer a otros personajes o desbloquear escombros para poder avanzar por atajos.

Optando por el sigilo para no caer en segundos frente a los soldados que patrullan, escapar de ellos es fácil en mitad de la noche, pero empieza a complicarse conforme avanza el sol y las patrullas se vuelven más numerosas.

Una vez más, esa urgencia que comentábamos. Prisas que nos invitan a rebuscar entre la porquería cualquier objeto que nos sirva para crear al día siguiente una pala con la que abrir un camino o una antorcha con la que quemar los cuerpos que nos impiden acceder a una llave.

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Con muchas opciones de construcción limitadas y una gran parte de esa ciudad aún cerrada, las ganas de continuar con Siege Survival y ver hasta dónde es capaz de seguir sorprendiéndome son enormes. Ojalá este aspirante a joyita siga dándonos buenas alegrías cuando llegue este año a Steam.

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