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Tras jugar a Hearthstone: Montaña Roca Negra esto es lo que nos hemos encontrado
Análisis

Tras jugar a Hearthstone: Montaña Roca Negra esto es lo que nos hemos encontrado

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No las he contado, pero juraría que 'Hearthstone' es el juego al que más horas he dedicado, o al menos al que me he acercado con más asiduidad desde que diese el pistoletazo de salida a su beta. La época de partida diaria sí o sí quedó atrás hace unos meses, pero es raro que una semana no me acerque a él en más de dos ocasiones. Sin embargo, que lo quiera con locura no significa que le perdone todos sus defectos.

Digo esto porque el primer acercamiento a la expansión Montaña Roca Negra, la segunda de su modo Aventura para un jugador, no ha sido todo lo satisfactoria que debería, o al menos no todo lo que puedo esperar de un juego que se ha encargado de hacer las cosas lo mejor posible desde su lanzamiento, no sólo entregando una experiencia divertidísima sino sentando las bases de lo que tiene que ser un buen free-to-play.

Primeras impresiones con Montaña Roca Negra

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Como ya sabéis los modos aventura de 'Hearthstone' consisten en una serie de alas con diversos jefes que se van abriendo semana tras semana, permitiéndonos ampliar la experiencia del juego centrándonos en las partidas contra la IA.

Superando a cada uno de los rivales se ganan dos copias de una carta especial que sólo puede conseguirse desde la expansión y, además, se da la opción a conseguir otros dos pares de cartas desde un desafío relativo a cada héroe del juego.

El sistema es el mismo que ya vimos en La Maldición de Naxxramas, pero con nuevas cartas, nuevos enemigos y la siempre interesante opción de enfrentarte a dichos jefes en modo heróico, con todo en tu contra para que te rompas los cuernos creando el mazo que mejor se adapte a dicho reto, y el problema que tengo con Montaña Roca Negra es el mismo que ya comenté entonces, una dificultad muy floja que limita el juego de cada capítulo a una tarde y que aquí se ha visto acrecentado por una relativa falta de originalidad.

Por debajo de Naxxramas (por ahora)

Me explico. La gracia de jugar contra nuevos héroes es que sus poderes marcan el curso de la partida, siendo muy diferentes a los habituales y, normalmente, poniendo cuesta arriba la superación de cada jefe. En Naxxramas nos encontramos con poderes realmente impresionantes, ya no sólo por su potencia, que también, sino principalmente enfocados a que la forma en la que juegas habitualmente deba cambiar por completo para adaptarte a ellos.

Montaña Roca Negra, o al menos esa primera impresión entregada tras superar la primera ala del juego y encarar el modo heróico de cada jefe, deja un regusto amargo en el que el reto de los primeros combates es casi inexistente y los cambios en los poderes del modo heróico sean lo suficientemente justos para que superarlos no englobe marcar una estrategia clara, sino tener cuatro cartas clave que te ayuden a marcar ese trámite como resuelto.

En Hearthstone siempre hay esperanza

¿Es demasiado pronto para tirarse al cuello de una expansión a la que aún queda mucho por rascar? Sin duda alguna, pero siendo la puerta de entrada a muchos jugadores que se encontrarán con una propuesta poco inspirada, la sensación de que aquí estamos pagando por un nuevo set de cartas a precio de oro en vez de por algo que aporte mucho más al juego será ineludible en gran parte de los casos.

No nos pararemos a analizar cada nueva ala, dentro de unas semanas, cuando la expansión esté al completo y podamos disfrutar de todas las nuevas cartas y retos a la vez que comprobamos cómo los nuevos set modifican el metajuego, volveremos aquí para dar nuestro veredicto final sobre Montaña Roca Negra.

Sólo espero que cuando llegue ese momento la sensación sea muy distinta a la que he tenido tras este primer acercamiento. A 'Hearthstone' no le pedimos más por mero vicio, lo hacemos porque en Blizzard ya han demostrado en infinidad de ocasiones que saben hacer muy bien las cosas, así que cuando nos encontramos con algo que podría haber firmado cualquier otra compañía el regusto es aún más amargo. No perdemos la fe, pero que ellos tampoco pierdan las pilas.

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