Esta semana he recordado por qué amo tanto los videojuegos: un abuelo y su nieto unidos por Zelda: Breath of the Wild

Esta semana he recordado por qué amo tanto los videojuegos: un abuelo y su nieto unidos por Zelda: Breath of the Wild

La prueba irrefutable que los videojuegos unen a las personas... y si no lo hacen es porque no queremos

3 comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
Experiencial 1

La semana comenzó como cualquier otra: madrugar, ColaCao fresquito, comprobar que el mundo sigue girando y organizar la semana para tener todo cuadrado. Bastante anodino para cualquier conversación que aspire a ser mínimamente sustancial... aunque la cosa no tardó en ponerse interesante.

A media mañana, sonó el porterillo. No andaba esperando paquete alguno, así que no debía sonar. Reconocí la voz de un señor que vive en mi comunidad. Me pidió perdón por la interrupción y preguntó si era posible que bajase a la zona pública como un favor personal. ¿Qué puede querer un señor que se las sabe todas de la vida de un videojugador? Pillé mis cosas (llaves, cartera y móvil) y aproveché la bajada para utilizar las escaleras... así me muevo un poco.

Un evento canónico del multiuniverso en mi vida

El señor mayor (apariencia de persona mayor, pero no lo bastante para considerarlo viejo) me esperaba en la puerta del portal con una Nintendo Switch en las manos. Siento si sueno amargo, pero sentí la mayores de las perezas: no sería la primera vez que me confunden con alguien que "arregla maquinitas". Mi build está centrada en escribir y jugar, y no tengo desbloqueadas las habilidades de reparación.

Tras saludarme y disculparse nuevamente por las horas, entró directamente al trapo: un conocido del edificio le cóntó que trabajo en videojuegos y pensó que podía echarle un cable con la Nintendo Switch de su nieto. Lo ha visto divertirse durante muchas horas y pensó que él también podría en sus ratos libres. Al parecer, el chaval dejó tirada la consola cuando su padre le compró "otro cacharro más grande". Es blanco, así que solo puede ser el armatoste de PS5.

Este evento aleatorio del MMORPG de la vida es tan extraño que muchos amantes de los videojuegos nunca llegan a descubrirlo. Y pese a que debía estar redactando una noticia sobre Star Wars Jedi: Survivor, accedí a iniciar la misión secundaria que me proponía este señor. Además, me sentí un poco mal por haber sentido pereza antes de saber qué quería.

Ya estuvo trasteando con la consola: sabe cargarla, meter y sacar cartuchos, moverse por los menús, acceder a los ajustes y ha configurado su perfil. Dicen que soy muy expresivo, así que es probable que el señor viese mi cara de asombro. El nieto tiene buen gusto (o lo tenía) porque la Switch tenía un cartucho de The Legend of Zelda: Breath of the Wild junto a las apps de YouTube, Twitch y Disney Plus.

Divertido antes que bueno. Prioridades.

Me preguntó si el juego es divertido. Pude escuchar cómo mi mente casi se resquebraja ante este diálogo de misión: esperaba la palabra “bueno” en vez de “divertido”. Hacía años que nadie me preguntaba, como profesional, si consideraba que un videojuego me parece divertido. Es realmente triste...

Divertido

No dudé en responderle que “no necesita nada más. Tiene usted de sobra para meses. ¡Ni yo me lo he pasado todavía!” Al iniciar el juego, veo que ya había jugado un poquito. Link acaba de salir de la cueva. Su nieto trató de enseñarle, pero le faltó la “paciencia de los chiquillos de su edad”. Es fácil olvidar que nadie nace sabiendo jugar y que la memoria muscular no es algo que se desarrolle en la media hora que estuve ayudándole.

Aprender los controles dentro de la partida es harina de otro costal. No estaba acostumbrado a jugar, así que le conté todo lo que recordaba y le aconsejé acceder ajustes para ver el esquema de controles siempre que tuviese dudas. "Yo soy un cabezón y suelo aprender por ensayo y error", le dije. "Pos' como todo", me respondió mientras se reía.

La última pregunta antes de irme fue la más demoledora: "¿Y qué tengo que hacer?" Os prometo que puse todo mi empeño para que notase que mi suspiro no era por él, sino por el juego. Tras un resumen, su respuesta no pudo ser más hilarante: "entonces hago lo que me da la gana. Si quiero ir pa' allá, voy y ya". Le digo que esencialmente sí, aunque es posible que le pongan en su sitio si se mete donde no debe. Debo volver al trabajo, así que doy por zanjado el tutorial.

Una semana con alguien que no juega a videojuegos

Antes de irme, acordamos que voy a bajar a verle un par de días de la semana para ver qué tal va y resolver las dudas que tenga. Y así lo hice: las tardes del lunes, miércoles y jueves pasé a verle unos minutos. Esa misma tarde volví a verle porque se me olvidó comentarle que puede poner la Switch en la base para jugar en la TV (cuando estuviese en casa) y así leer los diálogos más fácilmente. Además, le regalé un soporte para JoyCons que tenía abandonado en un cajón.

Experiencial 2

Las tardes del miércoles y el jueves me llevaron mucho menos tiempo. Tenía los controles básicos dominados y me contó cómo fue su primera escalada a una de las torres que revelan puntos en el mapa. Admitió que no se estaba enterando demasiado de la historia, pero que se lo pasaba muy bien explorando y recolectando materiales. Los primeros Templos fueron verdaderos desafíos.

Me comentó que no es muy fan de la violencia, prefiere evitar los conflictos mientras busca materiales, y que le gusta contemplar los paisajes y probar combinaciones de alimentos con el sistema de cocina. Una parte de mí (fea y malacostumbrada) quiso decirle que así nunca se iba a pasar el juego... ¿Pero quién soy yo para cuestionar la diversión de nadie? Hay muchas posibilidades de que no enfrente los desafíos más exigentes del juego, pero no creo que sea tan relevante como todas las horas de juego que está invirtiendo en hacer cosas que le hacen feliz.

Finalmente, me comentó que su nieto pasó un par de ratos con él (después del colegio) tras ver su interés en la consola. Por lo que sé, tienen algunos roces debido a la falta de paciencia del chaval, pero ambos sabemos que es cosa de la edad. Un abuelo que juega a videojuegos... Ese chaval tiene oro en su familia, aunque todavía no lo sabe. Mantendré el contacto para ver si el señor continúa jugando (o es algo pasajero), pero considero que mi papel en esta historia ha terminado. Si tenéis experiencias similares, os animo a compartirlas en comentarios.

Experiencial1

En VidaExtra | Los 13 mejores juegos cooperativos para dos personas que os harán pasar tardes inolvidables

En VidaExtra | ¿Prefieres las partidas cortas? Aquí tienes los 17 mejores juegos para móviles

En VidaExtra | Las barras de carga no son la única mentira del diseño de videojuegos: cómo nos engañan para hacernos creer que somos mejores jugadores

Comentarios cerrados
Inicio