Con algunos videojuegos desearía borrar mi memoria por completo y volver a disfrutar de la misma experiencia que sentí la primera vez que me puse a los mandos. Son esa clase de obras maestras que no importa la cantidad de años que hayan transcurrido desde su lanzamiento, porque han envejecido como el buen vino y continúan siendo trabajos tan excepcionales que sigue mereciendo la pena jugarlos en la actualidad. En mi caso, podría englobar dentro de este grupo a la mayoría de entregas de The Legend of Zelda.
El hecho de dedicarme a hablar sobre esta pasión que todos compartimos no me exime de tener mis sagas favoritas, y la de Nintendo siempre ha ocupado esa primera posición sin que ninguna otra haya logrado hacerle sombra. Un motivo más que suficiente por el que no pude parar de sonreír en ningún momento cuando supe que iba a tener la oportunidad de jugar al remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time, cuyo título original es uno de los más excepcionales de toda la historia.
Eso mismo me generaba cierta incertidumbre por si lograría cumplir las expectativas, dado que el listón estaba por las nubes. Sin embargo, solo me ha bastado con jugar durante un par de horas para tener claro que no estamos frente a una versión que simplemente se limite a ofrecer un lavado de cara, sino de algo que, por lo poco que he podido ver, supera con creces en todos y cada uno de los aspectos a la legendaria aventura de Nintendo 64 que marcó un antes y un después.
Está prueba, que se pasó en un suspiro, se dividió en tres partes, a cada cual mejor que la anterior. Tampoco voy a contar con pelos y señales todo lo que hice de principio a fin, pero sí que me gustaría remarcar algunos de los puntos más fuertes y reseñables para esperar con más ganas el lanzamiento del que apunta a ser uno de los mejores videojuegos de este 2026 y de todo el catálogo de Nintendo Switch 2.
Una evolución de otro nivel
Lo primero que pude hacer fue explorar libremente el Bosque Kokiri y darme cuenta de cómo ha cambiado, pareciendo una zona completamente nueva. La vegetación ha aumentado en grandes proporciones por todas partes, logrando que este punto de partida se sienta más vivo y más lleno de fantasía que nunca. Eso sí, los puntos clave se han respetado y mantenido, como las casas en las que habitan otros kokiris, con la diferencia de que ahora ya no hay tiempos de carga a la hora de entrar en ellas.
Las tiendas siguen estando presentes, con los mismos secretos que ya existían originalmente, por lo que aquellos que recordéis la posición de algunas rupias o las codiciadas Skulltulas volveréis a encontrarlas en los mismos lugares. Simplemente, se ha renovado la zona en sí para que resulte una auténtica maravilla el ir de un lado para otro. Lástima que tuviera un tiempo muy limitado para ello, porque me habría pasado mucho más tiempo examinando hasta el más mínimo rincón solo para observar cómo ha cambiado de una manera tan magistral.
Incluso hubo momentos en los que olvidaba que estaba frente a un remake y sentía que era un juego nuevo por las mejoras de vida que se han incorporado, como el menú de acceso rápido para elegir objetos que bebe de Breath of the Wild y su secuela, pero también el hecho de que ahora Link pueda saltar y correr. Son detallitos que siempre son de agradecer y que ofrecen una experiencia diferente y hasta más satisfactoria para avanzar por cualquier parte.
De ahí fui a parar al Árbol Deku, la primera mazmorra de la aventura que, por desgracia, no pude explorarlo a fondo. Al menos, lo que sí vi es que aquí sí se han respetado más todas las salas y pasillos del juego original, aunque con una ambientación más oscura con motivo del mal que se respira dentro por las criaturas que se encuentran en su interior. Además, las melodías son exactamente las mismas, sobre las que he de reconocer que son una pasada por cómo han mejorado su calidad. Sin duda, no veo el momento de ponerme la banda sonora de fondo durante horas.
En este sentido, algo que se debe una mención aparte es el apartado sonoro en general. Y es que otra de las mayores novedades es que ahora todos los personajes principales hablan con unas voces que han sido localizadas al castellano en las secuencias más importantes. Por ejemplo, Navi ahora dirá "mira", "cuidado", "escucha", manteniendo las mismas palabras que ya decía en el título de Nintendo 64, pero no os hacéis una idea de lo que impone y emociona escuchar a Saria en el momento en el que te vas del Bosque Kokiri o a Ganondorf con la grandiosa voz de Roberto Encinas, que no tiene nada que envidiar el espléndido trabajo que realizó Alfonso Vallés en Tears of the Kingdom.
Junto a todo esto, algo que también me sorprendió fueron los sonidos al atacar a los enemigos con la espada, por cómo cada golpe se sentía contundente de verdad. Ya no solo por los efectos que aparecen en pantalla, que provocan que los enfrentamientos hasta con la criatura más inofensiva sean un espectáculo, sino por cómo resuenan los impactos para que estos enfrentamientos se vuelvan más memorables todavía.
Del jolgorio a la epicidad
La segunda parte de la prueba me permitió salir a la campiña de Hyrule con uno de los temazos más reconocibles de toda la saga, pero de ahí tuve que ir rápido al mercado de la ciudad para poder explorarlo y apreciar de primera mano los cambios que se han llevado a cabo. La cámara estática se ha eliminado por completo, así que ahora tienes plena libertad para recorrer la plaza y los callejones sin tener que cambiar de fase para ello, lo que resulta una gozada al dar una mayor sensación de libertad.
También me dio la impresión de que había muchos más ciudadanos por los alrededores, aunque no puedas interactuar con ellos, pero le otorga un mayor ambiente. Sobre todo, algo por lo que ahora parece más realista todavía es porque las casas no están ahí sin más, ya que ahora puedes entrar en algunas que antes tenían las puertas cerradas y hasta puedes subir a los balcones. Lo que sí se ha mantenido son las tiendas y puestos comerciales y la casa con decenas de jarrones colocados a conciencia para que saques a relucir tu lado más destructor.
Ahí fue cuando pude apreciar otra de las novedades y esos pequeños detallitos que demuestran la grandeza de este remake. Al ponerme a destrozar un jarrón tras otro, los trozos no se volatilizaban así sin más, sino que se quedaban esparcidos por el suelo, como sucedería en la vida real. Además, estos no se fusionaban tampoco en el suelo, sino que podías empujarlos y se movían y sonaban con tan solo tocarlos y pisotearlos. Quizás pueda parecer alguna chorrada para alguno, pero a mi he de decir que me encantó este añadido.
No pude dedicar mucho más tiempo a esta parte porque de ahí salté rápidamente a un punto más avanzado de este viaje, como era el de superar el famoso Templo del Bosque, el que para mí es uno de mis favoritos de toda la saga. Aquí ya tuve la oportunidad de controlar a Link en su forma adulta y hasta pude tocar la Ocarina por primera vez, aunque me quedé con las ganas de hacerlo silbando o tarareando como mostraron hace unas semanas en el Nintendo Direct.
En cualquier caso, la mazmorra se ha respetado por completo a la versión original, aunque con una iluminación y ambientación más alucinante. Eso no quita que se hayan introducido una serie de cambios para hacerla más desafiante y hasta más amigable. Por ejemplo, en una de las salas debía de luchar contra un par de Stalfos que me dieron la sensación de ser más agresivos que los originales, aunque lo mejor fue que la habitación donde debía librar el combate estaba rodeada por una especie de piscina con ácido que quitaba bastante vida con tan solo tocarlo, así que contaba con un límite de espacio muy ajustado.
En cuanto al hecho de decir que era algo más amigable se debe a que en otro lugar me encontré un ascensor que resultó de gran ayuda para ir de un lado a otro sin tener que recorrer pasillos eternos, ahorrando una cantidad de tiempo muy considerable. Naturalmente, se trata de un añadido puramente opcional y que lo cierto es de agradecer, porque son ese tipo de mejoras de calidad de vida que siempre son bien recibidas. Si quieres puedes ignorarlo y superar la mazmorra como de costumbre o sino puedes sacar partido de esta ventaja. Ahí es decisión de cada uno, pero me dejó con la curiosidad de si el resto de mazmorras contendrán alguna modificación de este tipo.
Recorrer el Templo del Bosque con los cambios visuales ha sido una experiencia formidable mientras todos los recuerdos florecían por mi mente al pensar en cómo se veía el juego originalmente y que ahora dé la impresión de ser otro. Aun así, la guinda del pastel la puso el combate contra el Fantasma de Ganondorf, el jefe final de esta mazmorra. ¿Recordáis que antes mencioné que el apartado sonoro me ha parecido de lo mejor de este remake? Pues bien, como no quiero destripar las sorpresas, porque lo suyo es que descubráis algo por vuestra propia cuenta, solo os diré que recordéis estas palabras y en su momento entenderéis por qué, y más todavía si jugáis con unos buenos auriculares.
El 5 de noviembre está marcado con un buen círculo en el calendario para uno de los mayores acontecimientos de este año, como es el lanzamiento del remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Tal vez no pueda borrarlo de la memoria para jugarlo como si fuera la primera vez, pero esta obra maestra ha vuelto para recordarme por qué estoy enamorado de los videojuegos gracias a una de las mayores leyendas que ha existido jamás. Hyrule nos aguarda de nuevo y la espera durante estas tres semanas se va a hacer eterna.
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