Todo el mundo ha jugado alguna vez a Call of Duty. O casi todo el mundo. Hemos jugado el tiempo suficiente para tener entregas, mapas y armas favoritas bien definidas. La mayoría podría escribir varios párrafos sobre cuáles eran sus armas favoritas y por qué, y estoy seguro de que muchos mencionarían a la protagonista de esta historia real.
Muchos jugadores consideran el fusil de asalto G11 como una de las mejores armas de Call of Duty: Black Ops. Aparecía en raras ocasiones en la campaña y se desbloqueaba en el nivel 48 en el multijugador. Disparaba a ráfagas y su forma y recarga eran algo único. De hecho, para algunos era la mejor arma del juego.
Aquí tienes la valoración del usuario T-Raycroft en la wiki de COD en 2021:
Es hilarante lo mucho mejor que es la G11 que la M16, y esto demuestra que la G11 no necesita accesorios para ser increíblemente buena, ya que prácticamente funciona como si tuviera cargadores extendidos, una empuñadura y puntería estable integrados. La G11 es una de las armas más precisas en la historia de Call of Duty, a la altura de la legendaria ACR de MW2, en mi opinión. La G11 no solo es sumamente precisa, sino que también es excelente para conseguir rachas de bajas largas y mantener el fuego durante largos periodos de tiempo. La G11 se ha convertido en mi fusil de asalto favorito.
Era tan querida que Call of Duty: Cold War presentó a su sucesora/evolución: el fusil de asalto CARV.2. Y esta vez nadie pudo cuestionar su origen e inspiración. Cerca de dónde se introduce el cargador puede leerse "Hecho en Alemania". Lo que no sabían muchos jugadores es que este fusil de asalto existió en la vida real. Fue un prototipo en el que Alemania y Estados Unidos invirtieron mucho dinero, pero que nunca pasó la fase de pruebas. No porque fuera de mala calidad, todo lo contrario: era demasiado complejo, su mecanismo era muy elaborado y utilizaba una munición diferente a la estandarizada por la OTAN.
El arma que inspiró estas dos rarezas se llama Heckler & Koch G11 y fue un prototipo diseñado en Alemania entre 1970 y 1980 por la empresa Heckler & Koch. Su extraño aspecto respondía a un mecanismo que fue comparado con el diseño de los relojes suizos. Su premisa revolucionaria era que utilizaba munición sin casquillos debido a que esta iba encapsulada directamente en un bloque de propelente químico, eliminando así la tradicional vaina de latón. La teoría decía que sería mucho más preciso y eficiente debido a la reducción de peso. Al final, su complejidad mecánica, mala ergonomía y el coste de fabricación fueron los clavos que cerraron su tumba. El fin de la Guerra Fría también tuvo mucho que ver.
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