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Necesidades de la industria del videojuego: competitividad contra innovación

Necesidades de la industria del videojuego: competitividad contra innovación
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A raíz de un post con el que me he cruzado en Inside The Game Developer Studio, en el que se dice que lo que necesita la industria del videojuego es mayor competitividad en lugar de mayor innovación, me ha parecido interesante trasladar el debate a VidaExtra.

A modo de resumen lo que el autor del post propone es muy sencillo: un juego no es mejor que otro simplemente por ser innovador. Un juego ha de ser bueno. Si es innovador o no es algo secundario. Existen infinidad de casos en los que un título repite el esquema planteado por otro título anterior (de forma innovadora por aquel entonces) con resultados mucho mejores.

Parece una obviedad, ¿no? Está claro que un juego puede ser increíblemente bueno sin ser nada innovador, no estamos descubriendo nada, pero sí es cierto que quizás haya compañías que en su empeño por ofrecer algo totalmente novedoso dejan de lado la calidad del producto final.

¿Quiere decir eso que no debe haber innovación? Por supuesto que no, que nadie se lleve a error, pero si tuviéramos que colocar esos dos factores, innovación y calidad, en orden de importancia es indudable que la calidad tendría que estar por encima. Lo mejor de todo, obviamente, es ser capaz de ofrecer un producto innovador y que además sea realmente bueno, pero ya sabemos que eso no está al alcance de todos.

Ahora bien, si echamos un vistazo al panorama actual nos daremos cuenta de que no sólo hay compañías que no están muy por la labor de arriesgarse probando cosas nuevas, sino que además descuidan por completo la calidad. Es el caso de muchas secuelas, precuelas y demás extensiones de un producto que en algún momento funcionó muy bien y del que todavía se pretende seguir haciendo caja.

En muchos de estos casos las presuntas innovaciones con respecto a sus productos anteriores son cambios puramente estéticos o pequeñas variaciones de tal o cual aspecto del juego que, finalmente, no consiguen el efecto deseado: las supuestas novedades nos parecen tomaduras de pelo y la calidad se la dejaron por el camino.

En efecto, echamos en falta un mayor énfasis en procurar que los videojuegos cumplan la función básica para la que han sido creados: entretener. Y eso lo consigue un buen juego, sea innovador o no.

Conclusión: innovación sí, toda la que haga falta, pero sin perder de vista que lo que tiene que salir de ahí es un buen juego.

Vía | Inside The Game Developer Studio

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