Alguna vez me ha ocurrido de no conocer la existencia de un videojuego en concreto, que me salte un vídeo aleatorio así sin más y descubrir que tenía ante mí lo que aparentaba ser una auténtica joya. Eso me sucedió hace no mucho con un título llamado Bombanana!, que se ha convertido rápidamente en una de las propuestas multijugador con la que más me he reído en mucho tiempo.
La premisa parece muy simple, pero cuando te pones a jugar es cuando te das cuenta de que en realidad tiene más miga de lo que parece, aunque también es una excelente manera de sacar a relucir las carencias de cada uno. Básicamente, es una variante de Keep Talking and Nobody Explodes, con la diferencia de que aquí entra en escena un tercer jugador y cada uno cuenta con una función muy concreta que se puede ir alternando entre cada partida.
Los protagonistas son tres monos con los que resulta inevitable esbozar una sonrisa nada más verlos y cuyo trabajo consiste en desactivar una bomba que está situada dentro de un maletín. El problema reside en que cada uno de los tres personajes está colocado en una parte de la sala y ninguno puede interactuar libremente entre ellos para llevar a cabo las tareas.
Uno de los monos es el ciego, quien lleva una venda en los ojos y es el encargado de desactivar la bomba con la ayuda de sus compañeros. Tampoco es que no vea un pimiento, pero solo lo hace en blanco y negro y por el lugar en el que desplaza el dedo índice (el puntero del ratón), así que no tiene ni idea de qué colores hay o tampoco puede ver indicaciones muy concretas. Al menos puede leer números al estar en braille.
Otro de los monos es el mudito, por el esparadrapo en la boca, y es el responsable de utilizar el libro con todas las instrucciones para desactivar las bombas en el tiempo límite. Puede navegar libremente por las páginas sin ningún problema, ya que los maletines pueden contener diferentes tipos de puzles y se ven alterados cada vez que se juega. El problema es que como no puede hablar, debe hacer señas con la cabeza o con los dedos dependiendo de lo que quiera intentar transmitir.
Pero si el ciego no ve nada más allá del maletín, el mudo no habla y no pueden contactar entre ellos de ninguna forma, ¿quién es el encargado de lograr que ambos se pongan de acuerdo? Pues ahí es donde entra en escena el tercer mono, el sordo con unos auriculares que le cubren las orejas. Este está situado entre sus compañeros y es el que debe ejercer de guía en todo momento y el que debe dar todas las indicaciones para que todo salga bien.
Por entrar en detalles, imaginaros que hay cuatro cables de colores diferentes junto con una luz de otro color. Como el ciego no distingue cuáles son, el sordo debe decirle al mudo qué luz es y qué cables hay junto con el orden en el que están situados. Eso permitirá al mudo ojear el libro en busca de la solución y le hará señas con sus dedos al sordo, ya sea para indicarle un número o que repita el mensaje (o incluso mandarle que se vaya a tomar vientos). En ese momento el sordo deberá pronunciar en voz alta lo que le han mostrado para que así el ciego actúe en consecuencia.
Si todos han cumplido a la perfección con su papel, entonces la bomba no explotara y todos regresarán a la pantalla principal para celebrar la victoria y así cambiar de personaje si lo desean. Sin embargo, durante las primeras partidas es bastante fácil fracasar estrepitosamente y que eso provoque los piques y las carcajadas. Más que nada porque es muy fácil olvidar que los demás no te pueden oír, ver o hablar o no hayan entendido bien el mensaje o las indicaciones. Además, el tener un tiempo límite es lo que más nervios genera cuando te das cuenta de que el contador no para de avanzar y no hay manera de ponerse de acuerdo sobre qué hacer.
Por si no fuera suficiente, el libro de instrucciones tampoco es que esté detallado como si fuera para niños pequeños. La mayoría de veces aparecen simples dibujos con los que hay que interpretar qué se debe pulsar, cortar, desplazar, etc, en base a lo que te vaya contando el sordo y el ciego, dado que no hay que olvidar que este también puede hablar. Motivo más que suficiente para liarla parda si ellos no paran de hablar y no tienes claro qué decirles exactamente con los dedos. Hasta probamos a alternar los roles y las burlas ya no eran tan grandes al percatarse que al principio no es tarea sencilla.
No obstante, lo que jugamos en la demo de Steam, pese a incluir un buen puñado de niveles, solo disponía de cuatro puzles distintos. Eso mismo supone que cuando ya tienes muy claro qué hacer en cada uno disminuye considerablemente la dificultad, porque puedes dar las indicaciones bastante más rápido y cada uno puede ejercer mejor su función. Eso no quita que la experiencia continúe siendo tremendamente hilarante, pero las complicaciones iniciales van disminuyendo poco a poco a base de jugar sin parar, así que no resulta lo mismo. Eso sí, con la tontería, pasamos cerca de tres horas inolvidables con esta versión de prueba.
No tengo claro qué nuevos desafíos presentará la versión final que ya está a la venta en Steam, pero mantengo la esperanza de que los puzles de la bomba se vuelvan más enrevesados y numerosos todavía para no tener la sensación de que la diversión que se aporta en el momento inicial es complicado que vuelva a florecer. En cualquier caso, ahí queda la recomendación de que habléis con un par de amigos y le deis una oportunidad a Bombanana!, porque es indiscutible que estamos frente a una de las mayores sorpresas multijugador de este 2026.
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