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Doce facepalms con los que Rambo: The Video Game te hace reír y no olvidarás nunca

Doce facepalms con los que Rambo: The Video Game te hace reír y no olvidarás nunca
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‘Rambo: The Video Game’ podría ser uno de los juegos más flojos del año (y estamos en marzo), pero lo que no podemos negar es lo muchísimo que nos ha hecho reír. Tanto que hemos creído conveniente recopilar una serie de facepalms ante los cuales nos fue imposible reprimir una sana carcajada.

Queremos darle las gracias a Teyon por haber tomado todas las decisiones de diseño que tomaron durante el desarrollo del juego porque, aunque por las razones equivocadas, nos lo han hecho pasar en grande con esta nueva versión digitalizada de John Rambo y sus aventuras. Aquí tenéis doce facepalms con los que ‘Rambo: The Video Game’ nos ha hecho reír y no olvidaremos jamás.

  • El pelazo de Rambo. Porque el protagonista del juego no es John Rambo, sino su pelazo. Estamos buceando sin suerte por todo Internet en busca de la tecnología específica que se ha usado para crear esa espectacular mata de pelo. Nadie sabe nada. De color negro azabache y de un tamaño superior al del Taj Mahal, el pelazo de Rambo brilla con luz propia y le indica a nuestro héroe el camino que ha de tomar. Duro como una piedra, jamás lo veréis ondear al viento: es superior a las fuerzas de la naturaleza.
  • El entierro. Nos llama poderosamente la atención la cantidad de seres de otro planeta que acuden al funeral de Rambo, el héroe caído por el que todos lloran (excepto nosotros. Y bueno, en realidad Rambo está en la playa tomándose unas birras y no bajo tierra, pero eso no lo saben los ladrones de cuerpos). La deformidad de estos humanoides no deja lugar a dudas: es imposible que sean habitantes de la Tierra.
  • La primera vez que tomas el control. ¿Dónde está el cursor de apuntado? Ah, aquí. Espera, ¿por qué se mueve así? Sé que estoy disparando como un loco porque tengo el gatillo pulsado y escucho los balazos, pero creo que le estoy dando a aquella palmera (tampoco estoy seguro porque ni se inmuta). Perdone usted, señora. Un momento, que me puedo esconder tras estas cajas de madera. Voy a ver si así sé dónde narices está el cursor y cuando lo tenga claro me asomo.
  • La primera vez que ves a tus enemigos. Esto sucede de forma simultánea a lo explicado en el punto anterior. ¿Por qué están ahí parados esos tipos con mala cara que me apuntan sólo de vez en cuando? Eh, soy vuestro enemigo, el ejecutor que ha venido para patearos el culo, hola, ¿por qué no me estáis cosiendo a balas? ¿Por qué tenéis esa cara tan fea? (estos también son extraterrestres... o algo). ¿Por qué no os estáis cubriendo? Vale, estoy disparando a la palmera (perdone usted, señora) pero podríais disimular un poco, mamones de las estrellas.
  • La segunda vez que ves a tus enemigos. Eh, seguís siendo igual de sosos. No disparéis todos juntos, por favor. ¿Y ese de ahí? ¿Qué hace ese de ahí tumbado en el suelo? ¿Por qué se arrastra (como un imbécil) si lo estoy viendo? ¡Eh, tú! ¡HOLA! Zambombazo que te llevas.
  • La pantalla de misión completada. Ese “mission accomplished” que suelta Rambo entre bufidos de cansancio está bien la primera vez, pero cuando ya lo has escuchado cuatro o cinco veces…¡basta! Además, ¿cómo es que he tardado cinco minutos en finalizar la primera misión? Casi no me ha dado tiempo a hacer nada (disparar a una palmera —perdone usted, señora— y meterme con los aliens de la selva) y ya me están dando un informe sobre lo mal que lo he hecho. ¡¿Pero se ha mirado Rambo en el espejo?!
  • Los movimientos de Rambo. Cuando el juego pasa de primera a tercera persona tenemos el privilegio de contemplar los suaves y fluidos movimientos de John al esconderse entre la maleza y acechar a sus enemigos tras los árboles. En realidad podemos conseguir mejores resultados moviendo los brazos de un LEGO que viendo a Rambo hacer el canelo en el bosque.
  • Las fases de sigilo. El concepto sigilo en un juego sobre raíles... pues eso. En el fondo estas fases son como el resto pero de noche, con los enemigos de espaldas o muy despistados, y con un arco en vez de un fusil por aquello de no llamar demasiado la atención. Bueno, vale, existe una infinitamente pequeña posibilidad de que nos pillen, pero...
  • El tío que te lanza granadas, también conocido como... EL GRANADERO. No aparecerá hasta bien avanzado el juego (lo cual aquí no significa mucho en términos de tiempo porque en menos de cuatro horas se ventila uno el juego entero) y nos hará reír hasta morir con su tremenda imbecilidad. Es el troll de Rambo: aparece por ahí, agazapado en una zona de la pantalla donde es difícil llevar el cursor de apuntado, y se asoma lo justo como para lanzar la granadica de las narices. Si no logramos destruirla en el aire nos matará seguro tengamos la salud que tengamos. Es un cachondeo bueno esto.
  • La amiguita de Rambo. La pesada. En principio esta tía tendría que sernos de ayuda, pero resulta que somos nosotros los que debemos darle munición cuando la pide (es justo el negativo de Elizabeth, la de Bioshock Infinite). ¡Que te calles ya, pesada, anda y tira p’alante antes de que te peguen un balazo! Y claro, la acaba palmando. La palma y lo vemos todo en primera persona… y da mucha risa todo.
  • Los helicópteros. Tanto si vamos nosotros dentro como si los tenemos enfrente. Lo mejor de todo es ver cómo uno de ellos se estrella en el agua, ya que el elemento líquido parece aquí más sólido que el monolito de 2001: Una odisea del espacio. O sea que igual este facepalm en vez de hablar sobre los helicópteros debería hacerlo sobre las extrañas propiedades de los ríos del juego. Pero da igual.
  • Los QTE. ¡PULSA LA TECLA W AHORA! Si lo has hecho en el momento justo seguiré adelante con el post, querido lector. Si le has dado demasiado pronto seguiré adelante igualmente, pero a lo largo del día te irás volviendo un poco más antipático a ojos de tus seres queridos y te crecerá el pelazo de Rambo. Y si has pulsado W demasiado tarde se acabará este texto de forma abrup
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