La psicología sugiere que quienes crecieron viendo Dragon Ball en los 80 y 90 podrían haber desarrollado un rasgo de carácter especial

La manera en la que la serie marcó a toda una generación de personas

Vegeta
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Sergio Cejas (Beld)

Editor

Todos hemos crecido viendo ciertas series que nos hacían pasar tardes enteras pegados a la televisión, siendo Dragon Ball un gran ejemplo de ello. La gran obra maestra de Akira Toriyama no solo ha hecho historia a lo largo de unas cuantas décadas, sino que también podía influir en cómo entendíamos el mundo debido a que su impacto fue más profundo de lo que parece a simple vista.

Según una investigación basada en teorías del desarrollo moral, las historias que consumimos entre los 9 y los 17 años pueden moldear nuestra forma de ver el bien y el mal. Y aquí es donde entra de lleno esta popular serie, que durante los años 80 y 90 nos estuvo presentando a una gran cantidad de personajes que no encajaban del todo en el típico esquema de héroes y villanos.

Por supuesto, es indiscutible que Goku es el protagonista y cumple con el rol de héroe de toda esta historia, pero también hay otros tantos personajes que obligan a mirar las cosas con más matices. Es ahí donde entran en escena Vegeta o Piccolo, ya que han cambiado por completo a medida que avanzaba la serie y han destacado sobre todo por su ambigüedad moral.

Por ejemplo, Vegeta comenzó siendo un conquistador despiadado, capaz de arrasar con la población de planetas enteros, pero con el tiempo se acabó pasando al bando de Goku y compañía cuando la situación lo requería, al igual que sucedió con Piccolo, quien empezó siendo un enemigo temible que quería que reinara el mal en la Tierra. Ninguno de los dos se convierte en el típico personaje "bueno", sino en algo que obliga a los espectadores a juzgarlos de otra manera.

Una forma de representar que no todo es blanco o negro, sino que hay grises y las motivaciones de cada uno los lleva a actuar de formas determinadas. Es más, hasta Gohan rompe con este mismo esquema cuando en el futuro prefiere priorizar su vida personal y sus estudios, manteniéndose bien alejado de todo lo que tenga que ver con combatir y ser un guerrero como su padre.

La clave está en que este tipo de personajes, según esa línea de estudio inspirada en la teoría del desarrollo moral de Kohlberg, puede ayudar a desarrollar una mayor empatía y una visión menos estricta entre bien y el mal en ese rango de edades. De esta manera, Dragon Ball no solo supuso un entretenimiento magistral para millones de personas de todo el mundo, sino también una forma de aprendizaje para potenciar los valores morales.

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