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Los tiempos corren, nos hacemos mayores y nuestras prioridades cambian. Aquellos que nos encontramos en ese eterno camino hacia la madurez, a dejar de lado inevitablemente nuestro lado más infantil, a menudo acostumbramos a romper con todo lo que huela a épocas pasadas y ñoñería. Un error injustificable que puede hacernos perder el norte y provocarnos el olvido de algo que antes considerábamos, no sólo normal, sino excelente.

Está claro que ahora un juego de ‘Cars’ no puede competir contra las posibilidades de un ‘Gran Turismo’, pero antes, cuando la técnica no reflejaba un abismo de entre uno y otro título, cuando lo que importaba era disfrutar frente a un videojuego, cuando los nombres de Sega y Virgin Interactive Studios eran sinónimo de calidad sin precedentes, en esa época en la que los juegos del año provenían de franquicias cinematográficas, las cosas eran bien distintas. A esa etapa la llamamos, sin un indicio de titubeo, la edad dorada de los juegos de Disney, y aquí tenéis algunos de los mejores ejemplos que hacen honor a ese título.

Hoy toca volver a ser niños, pero también afianzarnos aún más en nuestro estatus de jugadores, con todo lo que ello conlleva. Hoy volvemos a la época de los 16 bits, con una Sega MegaDrive en pleno auge y una industria del videojuego en la que los éxitos no se contaban por litros de sangre poligonal vertida, sino por simpáticos personajes que, casi en su mayoría, procedían de esa fábrica de sueños que un día fue Disney.

World of Illusion Starring Mickey Mouse and Donald Duck

Tras un éxito llamado ‘Castle of Illusion Starring Mickey Mouse’ y después de embarcarse en la adaptación a videojuegos del clásico animado ‘Fantasía’, Sega América en colaboración con los estudios de Disney decidieron crear una aventura revolucionaria en la que, por primera vez en este tipo de juegos, se incluía un modo para dos jugadores que instaba a ambos a colaborar entre ellos.

El juego cambiaba en este modo, brindándonos la posibilidad de controlar a Mickey y Donald, pero obligándonos a que, por ejemplo, debiésemos ayudar a nuestro compañero a superar algún tramo de plataformas lanzándole una cuerda por la que pudiese trepar.

Tanto en su apartado gráfico como en su banda sonora el equipo de desarrollo demostró tener un control absoluto de las posibilidades de Sega Megadrive, exprimiendo al máximo la calidad de un título que rivalizó en éxito con títulos ahora míticos. Una aventura que bien podía superarse en una hora, pero que aportaba rejugabilidad al variar el planteamiento si jugábamos con un amigo o en solitario.

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Quackshot

Fue el tercer juego de Disney que no se apoyaba en una película del momento, sino que utilizaba los personajes clásicos y creaba una nueva aventura que, al menos en esta ocasión, bebía de otras fuentes ajenas a la productora. Las similitudes entre la historia de Donald y las películas de Indiana Jones eran más que evidentes. De hecho el propio estudio reconoció haberse inspirado en las obras de Lucas para desarrollar el juego.

Lejos de ser una mezcla de shooter y plataformas, este título destacó por incluir conversaciones con otros personajes para averiguar nuestro siguiente paso, así como la necesidad de encontrar objetos clave para poder avanzar. Siempre incluía dos partes bien diferenciadas en cada fase, siendo una abierta y otra más laberíntica, en la que al final encontraríamos a ese personaje que nos pediría un objeto concreto poder pasar al siguiente paso en nuestro camino.

¿Cómo creas un shooter sin perder a tu público? Sigue siendo Disney, y lo demuestra porque aunque Donald tuviese pistola lo único que hacía esta era congelar momentáneamente a los enemigos para hacerlos inofensivos.

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Aladdin

Mi favorito y el de toda una generación, fue una prueba de la calidad que ofrecían este tipo de títulos en la época, llegando incluso a convertirse en el mejor juego de Sega Megadrive de manos de la mítica revista Electronic Gaming Monthly. Ayudó mucho el éxito de la película, todo hay que decirlo, pero no podemos negar que nos encontramos ante uno de los mejores plataformas de esos años.

Seguía con maestría el hilo argumental de la película, con una banda sonora excelente, pero su mayor logro fue su apartado gráfico, con unas animaciones espectaculares y algunas fases inolvidables, como la huida de la Cueva de las Maravillas a lomos de la alfombra mágica. Una fase que aún a día de hoy se toma como ejemplo para vanagloriar la potencia de Megadrive.

Lejos de ser un título vacío se permitía el lujo de mostrar guiños en segundo plano, no sólo a la película, sino a las producciones Disney en general. Un juego que todo amante de las plataformas debe probar alguna vez en su vida, y que debe ser rejugado cada cierto tiempo para sorprendernos con su calidad y percatarnos de que el tiempo no hace mella en su propuesta.

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El Rey Leon

Es entrañable recordar este tipo de juegos, sobretodo porque simplemente con vislumbrar la imagen de su pantalla principal se repite en nuestras cabezas con una claridad pasmosa la melodía que nos daba la bienvenida a esta gran aventura.

El éxito de la película propició que se convirtiese en un auténtico superventas, y aunque no llegase a ser uno de los mejores juegos de Disney de la época por diversos factores, sus niveles se quedaron grabados a fuego en nuestra retina, principalmente por momentos míticos como el de la estampida o la épica batalla final con Skar, con nuestro personaje avalanzándose sobre él y tirándolo hacia atrás por el precipicio mientras el fuego consume el escenario.

Si lo rejugáis os sorprenderéis al recordad con exactitud la combinación de monos que tanto nos hizo sufrir en el segundo nivel, o lo cuesta arriba que se nos hizo superar la pantalla de la selva por culpa de aquella maldita cascada con troncos cayendo al vacío.

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Toy Story

Fue el último gran juego de la época dorada de Disney, tras el que llegarían algunos destellos que se apagaron por completo tras aquél notable ‘Hercules’ o el no menos loable ‘Toy Story 2’ de PSX. Sorprendió por contar con unos gráficos que adelantaban la llegada de los personajes poligonales, así como un compendio de estrategias de juego que nos alejaban de los clásicos plataformas para mostrarnos algo muy distinto.

Una pantalla a lomos de Rex, otra en primera persona o incluso una de sigilo, escondido dentro de una vaso en Pizza Planet y evitando ser descubierto por los humanos. Memorable fue también el nivel de conducción a lo ‘Outrun’ que se incluía de forma exclusiva en la versión para Megadrive.

Sin embargo fue la adaptación a SNES la que se llevó el mayor logro técnico, por contar con unos colores mejor definidos y un apartado sonoro que superaba al de la consola de Sega. Las gracias en ambos casos se las debemos dar a los chicos de Pixar, quienes no dudaron en echar una mano a crear las espectaculares animaciones de los personajes.

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