Puede que el nombre de Ken Levine no te suena mucho. O puede que sí. La cuestión es que deberías conocerlo porque se trata de una figura clave en la creación de una de las franquicias más icónicas y relevantes en la historia de los videojuegos: Bioshock. Fue codirector de los originales y director de Bioshock Infinite. Pese al éxito de la trilogía, Levine lo dejó estar en la tercera entrega e Irrational Games cerró.
Ahora que Bioshock 4 está en camino en manos de otros, Ken Levine se ha sentado con el medio IGN para hablar sobre la trayectoria de su carrera profesional, lo que inevitablemente pasa por hablar sobre Bioshock. "Tuve la increíble suerte de tener una franquicia que le importaba a la gente". Admite que tiene un Big Daddy enorme en su salón, juguetes y más objetos de coleccionista de la franquicia. "Fue muy importante para mí, pero no tenía mucho más que decir sobre ese mundo".
La entrevista se pone interesante cuando Levine habla sobre lo duro que fue capitular Bioshock y pasar a otra cosa. Tras tantos años, mantiene que hizo lo correcto y ofrece una razón más profunda de lo que cabría imaginar: cree que aferrarse demasiado a las cosas acaba provocando que esas mismas cosas te definan de por vida y te acaben controlando en última instancia, lo que no deja espacio al cambio ni a crear cosas nuevas.
Una franquicia es algo interesante porque, si no tienes cuidado, puede llegar a dominarte, ¿verdad? Puede definirte. Fue aterrador, arriesgado y un poco una locura abandonar una franquicia tan exitosa. No lo hice porque no me gustara. Lo hice porque no quería crear otra cosa igual, aunque era lo más seguro. Quería alejarme y desafiarme a mí mismo de una manera diferente, y desafiar al equipo de una manera diferente.
Las cosas pueden controlarte si te aferras demasiado a ellas, en lugar de al revés. Sin duda, hay mucho ADN de nuestro legado en Judas. Pero la gente también se sorprenderá de lo diferente que es. Me preocupaba que esto [Bioshock] fuera el resto de mi vida. Y puede que mire hacia atrás y piense: "Fue la cosa más tonta que he hecho en mi vida...". Pero tengo la suerte de haber ganado lo suficiente, de haber tenido el éxito suficiente como para que el aspecto del dinero no sea lo más importante.
La reflexión de Levine es muy interesante y puede aplicarse a otros aspectos de la vida. Si nos centramos en la industria del videojuego, encontramos una lección muy valiosa que muchos estudios y directivos (mucho más estos últimos) deberían aprender: que aferrarse a una franquicia exitosa puede traer cosas buenas, pero también malas.
Puede definirte de tal modo que nunca puedas crear nada nuevo y/o malograrse hasta tal punto que no seas ni la sombra de lo que fuiste. Y no es difícil encontrar ejemplos recientes: Call of Duty se ha desvirtuado por completo y Fortnite carece de cualquier ápice de identidad porque vive de las colaboraciones, y ambos parecen incapaces de parar. Aun así, podemos coincidir en que todos nos quedamos con más ganas de Bioshock.
En VidaExtra | El creador de BioShock confiesa los motivos del eterno desarrollo de Judas a lo largo de más de 10 años
En VidaExtra | El origen de Rapture, una de las ciudades más icónicas de los videojuegos, está en esta novela sobre su historia antes de Bioshock
En VidaExtra | Por fin he jugado a BioShock: la leyenda de Rapture es colosal, pero no se libra de las fugas de agua
Ver 0 comentarios