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Aeterna Noctis no se lo pone fácil a los que visitan sus niveles metroidvania, pero quiero saber de qué es capaz el título en su versión final
Análisis

Aeterna Noctis no se lo pone fácil a los que visitan sus niveles metroidvania, pero quiero saber de qué es capaz el título en su versión final

Me gustan los metroidvania. Un hecho que no es particular, sino que es prácticamente una constante en la comunidad, desde sus inicios, allá por el mítico Metroid de NES. No es ninguna sorpresa, ya que se trata de uno de los géneros que mejor tejidos están, como si fueran una tela de araña perfecta.

Deben ser equilibrados, contar con multitud de secretos y presentar un desafío que nos ponga las cosas difíciles. Unos ingredientes que tienen que ser mezclados en su perfecta medida, siendo una pequeña obra de ingeniería.

Así que como todos nos hemos visto envueltos en algún momento por este tipo de títulos, no es de extrañar que el estudio toledano de Aeternum Game Studios hayan decidido apostar por esta premisa. Difícil destacar con competidores tan duros en el mercado, pero qué demonios, aquí hemos venido a jugar.

La forja de tu propio camino

Aeterna Noctis nos pone en la piel del Rey de la Oscuridad, un ser inmortal condenado a recuperar su poder y el trono de Aeterna. Este es el pequeño contexto que he recibido de la situación en la que me encuentro, ya que el calor infernal de La Forja poco me deja pensar.

Se trata del área a la que la desarrolladora ha dado acceso, siendo una de las 16 con las que cuenta el juego en su versión final. Un nivel medio-avanzado, en el que el magma, las sierras y los herreros con martillos gigantes no se lo ponen fácil a los visitantes.

En el primer cara a cara, Aeterna Noctis da su do de pecho. Visualmente es atractivo, con unos diseños 2D bien diferenciados, tanto para los personajes como para los enemigos. Cada uno de ellos ha sido realizado a mano, al igual que sus animaciones, lo que le otorga un valor artesanal incuestionable. El Rey de la Oscuridad ondea su capa cada vez que nos desplazamos, así como los volcánicos seres son perfectamente distinguibles entre ellos.

Aeterna

Mejor, porque hemos de acostumbrarnos a su presencia y saber a qué nos enfrentamos. Contamos con una rápida espada para infringir daño, mientras que podemos utilizar una guadaña, más lenta, para conseguir esferas rojas con las que rellenar nuestra vida.

La capacidad de administrar los orbes de vida a placer, teniendo tres de reserva por si fracasamos en algún objetivo, es un aspecto que nunca está de más. Sin embargo, al final te acabas conformando con los que de forma natural arrojan los contrincantes, ya que poco espacio existe para usar la guadaña en condiciones.

Eso se debe a que el cuerpo a cuerpo durante los combates termina por no ser lo más apropiado. La posibilidad de utilizar una suerte de flechas para dañar los rivales, junto con el castigo que recibes al acercarte a varios de ellos, convierte la táctica de Robin Hood en la idónea.

Con esta idea en mente, nos encontramos en un escenario central, que nos servirá como nexo para otras zonas en las que tenemos que encender diferentes hornos. Una vez consigamos hacerlo con uno, vuelta al ruedo y siguiente nivel. Y no va a resultar sencillo.

Noctis

Concesiones, las justas

El plataformeo en Aeterna Noctis es el terreno en el que juego oprime más al jugador y es menos amable con él. Los enfrentamientos son salvables con una habilidad típica, pero los saltos, acelerones y teletransportes con flechas pueden ser un pequeño dolor de cabeza. Posees un buen control de tu protagonista, pero la exigencia en ocasiones es mayor.

Atravesar un espacio en el que tanto el techo como el suelo son letales es difícil, pero lo es todavía más si debes hacerlo con una precisión puntillosa. Además, puedes recibir todos los golpes de los enemigos que soportes, algo que no sucede cuando estás pendiente de un hilo.

Si fallas, repites todo el proceso. No importa si estás al comienzo o cerca del siguiente punto de control, toca volver a activar todos los mecanismos que desbloquean la puerta de turno o atravesar las ocho sierras mecánicas que se mueven a velocidades vertiginosas. Un ajuste en este terreno se agradecería mucho.

Arboñ

Porque es una pena que haya renunciado a hacerme con alguno de sus múltiples coleccionables repartidos en caminos accesorios. Siempre disfruto consiguiéndolos y en esta ocasión he preferido dejarlos para otra ocasión, ya que la prueba que veía venir me intimidaba por la más que posible frustración.

Algo que también sucede y creo que es lógico que tenga lugar, con las batallas finales. Hasta cuatro he podido jugar, tres de ellas consistentes en sobrevivir a oleadas de enemigos en un espacio cerrado. Por otra parte, un ave fénix colosal supone el reto final, obligándonos a desplegar todo el arsenal aprendido.

Fenix

En esta clase de obras es importante sumergirte en sus posibilidades. He podido tocar hasta cierto punto el árbol de habilidades, pudiendo potenciar el daño de las flechas o mejorar el tiempo de recarga del dash. A pesar de todo, echo en falta más horas para conocer qué es todo lo que el juego puede ofrecerme. Una pena que solo haya podido disfrutar de una de las zonas, ya que con tantas distintas, la posible variedad resulta muy llamativa.

Aeterna Noctis tiene los mimbres necesarios para ponerse frente al escaparate de la industria y llamar la atención del público. Un apartado visual notable, unas mecánicas que deberían ser refinadas y un rendimiento técnico sobresaliente son sus cartas de presentación ahora mismo. Hasta el 15 de diciembre, es tiempo suficiente para marcar mejor el camino que el título ha emprendido.

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