Análisis de Dragon Quest Builders para Switch: sin grandes novedades pero igual de recomendable

Análisis de Dragon Quest Builders para Switch: sin grandes novedades pero igual de recomendable

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Análisis de Dragon Quest Builders para Switch: sin grandes novedades pero igual de recomendable

Con ‘Dragon Quest Builders 2’ anunciado para PS4 y Nintendo Switch, era de esperar que la segunda recibiese la primera ración de construcción que las consolas de Sony pudieron disfrutar hace ya dos años. ‘Dragon Quest Builders’ llega a la máquina de la gran N sin grandes cambios, con apenas algún añadido que justifique ese tiempo perdido, pero las posibilidades de la consola se encargan de entregar todo lo que podría faltarle en ese sentido.

Como con tantas otras ideas que han demostrado algo similar, jugar a ‘Dragon Quest Builders’ en la comodidad de Nintendo Switch, ya sea en pantalla grande o apalancado en modo portátil, es una baza muy a tener en cuenta. No sólo es un juego que se presta a las maratones que llevan la consola de una habitación a otra, es que el enganche que ofrece puede convertir en costumbre esa situación.

¿Qué es Dragon Quest Builders?

En ‘Dragon Quest Builders’ viajamos hasta Alefgard, el mundo del primer ‘Dragon Quest’, pero lo hacemos en una línea de tiempo alternativa en la que el mal consiguió vencer al bien y se hizo con el control de la región durante eones. Con el paso de los años nace una esperanza, nuestro personaje, pero lejos de ser el héroe que debe cambiar el curso de la historia, sólo somos un currante con una habilidad que parece haber desaparecido de la memoria del pueblo, la construcción.

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A partir de aquí empieza un viaje en el que debemos aprovechar todos los recursos que estén a nuestro alcance para devolverle la vida a Alefgard y sus habitantes. Ellos, que ya no saben qué significa aquello de dormir bajo techado, se apoyarán en nosotros para que les demos una comunidad en la que vivir, prosperar y, por encima de todo, sentirse seguros.

Es ahí donde entra la mezcla entre RPG y juego de construcción que propone ‘Dragon Quest Builders’, privándonos de la libertad absoluta de propuestas como ‘Minecraft’ pero, por otro lado, permitiéndonos aprender más sobre lo que nos rodea y las posibilidades que nos abre gracias a las misiones y encargos que se nos van haciendo.

Búscame estos materiales, encuentra al hombre que duerme bajo un sombrajo tres montañas más allí, intenta adivinar qué ha ocurrido con ese castillo que se ve a lo lejos, mátame a esos monstruos que me están haciendo la vida imposible… Todos ellos objetivos cuyo fin no es otro que abrirte las puertas a nuevos materiales, construcciones y posibilidades.

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Construir, la esencia de su diversión

Con un inventario principal que acaba llenándose pronto y un cofre que sirve de mensajero para todo aquello que no podemos llevar encima porque ya vamos cargados, pronto iremos descubriendo nuevos materiales que nos abrirán la puerta a construcciones más trabajadas. Así, lo que en un principio era un cuarto con un cofre, un punto de luz y una cama en el suelo, pronto se convierte en la estancia de un personaje concreto con un cartel en la puerta y un puñado de comodidades que hace subir de nivel la creación.

Ahí, en esa constante mejora, es donde reside la curva de progresión de ‘Dragon Quest Builders’, y es que aquí no contaremos con barras de nivel que suban como la espuma si nos dedicamos a explorar y aniquilar monstruos, todo estará ligado al poblado central que construyamos para que poco a poco vayan llegando nuevos aldeanos.

Ofrecerles comodidades aporta ventajas, claro, y es que con ellas ganarán más vida o ataque para lo que tarde o temprano acabará pasando, que una horda de monstruos venga a llamar a nuestra puerta con ganas de destrozar todo lo que tanto tiempo y esfuerzo nos ha costado construir.

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Superadas esas oleadas finales, toca dejar atrás todo lo que hemos hecho, tanto a los amigos conocidos como a los materiales conseguidos y, por supuesto, también el pueblo que habíamos creado para la ocasión. Es algo que veía con no buenos ojos antes de empezar a jugar, pero que con el tiempo ha resultado ser un regalo. La oportunidad de empezar de cero y aprovechar todo lo aprendido para que el siguiente poblado sea aún mejor que el anterior.

No brilla por todos los lados

Lo que tan bien hace a la hora de plantearnos un juego de construcción distinto, lo manchan un poco ciertas decisiones de diseño. Ya en sus primeras impresiones comentaba lo tosco que puede resultar a la hora de presentarte la historia, con líneas de texto interminables y con un humor que no acaba de casar con el mío. Una práctica que nunca me ha acabado de convencer y que, además, podría haberse ahorrado a favor de otras mejoras más necesarias, especialmente las de menú y guía de construcciones.

A un nivel no tan pesado pero sí igual de impertinente están los combates. Deben estar ahí, entiendo esa necesidad, pero están muy por debajo de la tónica general del juego y, frente a lo divertido que es explorar, construir y experimentar, aporrear el botón de ataque frente a enemigos con pocas estrategias supone más un trámite que una parte esencial de sus mecánicas.

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Por último, la construcción tiene lagunas que dichos combates se encargan de amplificar aún más. ¿Falta algo en esta habitación y no sabes qué es? Puede que sea un agujero que ha quedado completamente escondido y que te va a tener dando vueltas un buen rato hasta que lo descubras.

No acaba ahí la cosa, tengo más de esas. ¿Te has metido en una cueva y no encuentras la salida? Buena suerte con la cámara o, como ha sido mi caso en no pocas ocasiones, con ponerte a escalar y abrir hueco hasta que veas la luz. ¿Te quedas sin espacio en tu pueblo y quieres empezar a construir en vertical? Buena suerte con eso, porque ni la cámara te va a ayudar ni hay un sistema que permita hacer invisibles estructuras posteriores para que accedas con comodidad a las de debajo.

La opinión de VidaExtra

Tal y como ocurrirá con muchos otros juegos que lleguen con retraso a Nintendo Switch, su compra sólo es recomendable para aquellos que se perdiesen la obra original, pero en casos como ‘Dragon Quest Builders’, no hay nada que justifique su compra una vez más. Como mucho, tus ganas de seguir disfrutándolo en la comodidad que ofrece la consola de Nintendo.

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Pero que eso no le reste valor a lo que, en esencia, sigue siendo un gran juego. ‘Dragon Quest Builders’ tiene todo lo necesario para enamorar al fan de ‘Minecraft’ y camelar al que, de forma inexplicable, dejase escapar la oportunidad de profundizar en la fantástica idea de Mojang.

Sí presenta ciertos pormenores que, con ‘Dragon Quest Builders 2’ en camino, invitan a ser algo más pacientes para adentarnos en la saga, pero ni de lejos serios impedimentos que hagan de este ‘Dragon Quest Builders’ un juego menos recomendable. Lo es por todos los lados del cubo, y no es algo de lo que todos los clones de ‘Minecraft’ puedan presumir.

A favor

  • Una forma distinta de acercarse al género
  • Infinidad de horas en modo historia o libre
  • Tremendamente adictivo

En contra

  • Se echa en falta algo más de mimo en los combates
  • Algunos palos en las ruedas a la hora de progresar
  • La edición y construcción tiene margen de mejora
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