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Análisis de Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido, o cómo el rey de los JRPGs superó mis mejores expectativas
Análisis

Análisis de Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido, o cómo el rey de los JRPGs superó mis mejores expectativas

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Pese a que en Japón se considera 'Dragon Quest' como una saga de culto capaz de solapar a cualquier otro JRPG, lo cierto es que -hasta ahora- sigue sin replicar ese éxito en occidente. Sin embargo, ‘Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido’, tiene todos los ingredientes para encandilar a apasionados por el género. E incluso, para convertirse en uno de sus juegos favoritos.

Con un año de margen desde su lanzamiento nipón, ‘Dragon Quest XI’ es la primera entrega de la saga principal editada para sobremesas occidentales desde aquél ‘Dragon Quest VIII’ que se convirtió en un clásico de culto y rindió espectacularmente en el viejo continente.

Ojo, estamos hablando de 12 años de margen desde su lanzamiento en PS2. Y esta nueva historia no solo recoge el testigo con maestría, sino que supera aquella obra maestra atemporal en todos sus puntos fuertes, sin renunciar a la propia identidad de la saga y atreviéndose a innovar y dar la bienvenida a una nueva generación de jugadores y apasionados por los RPGs.

Dragon Quest XI tiene todos los ingredientes para encandilar a apasionados por el género y convertirse en uno de sus juegos favoritos.

Una vez más, el peso del proyecto recae en la combinación de talentos de Yuji Horii, Akira Toriyama y el compositor Koichi Sugiyama; pero también en un apartado visual exquisito, unos personajes que irradian carisma (y cierto aire de misterio) y una propuesta de juego tan redonda como adictiva en la que siempre hay cosas por descubrir.

El héroe reencontrado y la profecía del fin del mundo

Como suele ocurrir en la mayoría de JRPGs, la dualidad marca las pautas de la trama. En los universos de ‘Dragon Quest’ siempre ha existido la de los humanos y la de los monstruos, una serie de criaturas de aspecto muy desenfadado que nos saldrán al paso mientras cursamos la historia. Pero, también es cierto que lo que pondrá realmente en peligro el destino del mundo serán los propios humanos. ¿Y si esta vez el peligro proviene de la mera existencia de nuestro héroe?

Durante la ceremonia tradicional celebrada por su 16º cumpleaños, nuestro protagonista -al que nosotros pondremos nombre- descubre ser la reencarnación del Luminario, un héroe legendario que salvó al mundo en una época pasada. El primer impulso será abandonar nuestra aldea y descubrir el vasto mundo que se abre ante nosotros para encontrarnos con nuestro destino.

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Ahora bien, el regreso del Luminario también se puede interpretar como la vuelta de un Engendro Oscuro que amenazará el reino, con lo que pasaremos a ser fugitivos en un enorme mundo tan lleno de vida, como de amenazas. Por fortuna, no tardaremos en reunir un grupo de aliados variopinto y lleno de carácter. Y ahí es donde Toriyama y sus pinceles nos ofrecen otra de las grandes señas de identidad de la saga: la esencia de esta aventura serán sus personajes.

Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido tiene muy presente su legado, y sabe cómo adaptarlo a los jugadores actuales.

Erik, un ladrón con poco sentido del decoro; Verónica, una poderosa maga de aspecto infantil; el alegre y desenfadado Servando, un misterioso hechicero llamado Rob, Serena, cuyo carácter hace honor a su nombre y ejercerá como sanadora de nuestro grupo; y la letal Jade, una luchadora que pone el toque elegante a cada batalla.

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Mientras vamos desvelando una trama que despega en torno al propio Árbol de la Vida que preside este enorme mundo, participaremos de manera activa en el día a día de los habitantes de las grandes ciudades y las pequeñas aldeas. Porque todos tiene una pista que darnos, una historia que contar, una escena que merece la pena contemplar o una misión, pequeña, mediana o grande, en la que no nos costará embarcarnos.

Eso sí, ‘Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido’ tiene muy presente su legado, y sabe cómo adaptarlo a los jugadores actuales.

Un exquisito equilibrio entre lo nuevo y lo clásico

‘Dragon Quest XI’ no es una revolución dentro de la saga, desde luego. De hecho, ya cuenta con suficientes spin-offs -cada vez más editados en occidente- como para que los fans no echemos de menos que sean más atrevidos a la hora de incorporar novedades. Pero cuando lo hacen, aciertan de pleno.

Se podría decir que ‘Dragon Quest VIII’ asienta la base jugable de este título. No el que vimos en PS2, sino la más reciente reedición para 3DS. Sin embargo, a diferencia de éste, ‘Ecos de un pasado perdido’ ofrece una bienvenida más cálida al nuevo jugador.

Partiendo de lo esencial, el sistema de movimientos está a la altura del propio mundo que estará a nuestro disposición.

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Las aldeas, las ciudades, las cuevas, las mazmorras y cualquier escenario sigue ese equilibrio entre lo laberíntico y un diseño funcional, añadiendo interesantes elementos de verticalidad que invitan a aquellos que abren todos los cajones al entrara a una habitación a que se suban a los tejados, salten a puntos imposibles y se pierdan. Y siempre hay una recompensa al final.

¿Y qué ocurre con los combates? Quizás estamos ante el mayor acierto de todos. ‘Dragon Quest XI’ nos ofrece dos alternativas de modo que existe un sistema tradicional por turnos en el que podremos establecer nuestras estrategias o un modo abierto en el que podremos movernos con libertad (incluida la cámara), sin que eso afecte al ritmo de la batalla.

Es más, si queremos salir de la batalla en este modo libre bastará por salirnos del área de combate delimitada por un círculo en el suelo.

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Uno de los elementos más cuidados del título es lo extraordinariamente bien medido que está el sistema de progresión, de modo que el nivel de nuestros enemigos durante los primeros compases nos permitirá hacernos con las mecánicas y desbloqueamos habilidades como curar o conjuros de fuego en los momentos precisos.

Pero lo mejor es que, como en la más reciente reedición de ‘Dragon Quest VIII’, los combates aleatorios dejan paso a unos enemigos que aparecen en el mundo, de modo que -salvo que nos sorprendan- nosotros siempre decidiremos cuándo y en qué circunstancias enfrentarnos a ellos.

Con todo, hay elementos que no han cambiado, o no se han recuperado, de la versión de 3DS de ‘El periplo del Rey Maldito’. El sistema de inventario continúa la línea clásica de la saga, aunque hay que admitir que en la versión occidental se han introducido mejoras que hacen que equiparnos con armas y armaduras sea más visual, así como la asignación de habilidades.

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Por otro lado, para guardar la partida será necesario llegar a una iglesia o una estatua. También podremos aprovechar para retirar desde ahí cualquier efecto dañino como el veneno o resucitar a nuestros aliados, pero la alternativa para dejar la partida en el punto en el que estamos es forzar un autoguardado. Y en ninguno de los dos casos es posible hacerlo en cualquier momento.

Uno de los elementos más cuidados es su extraordinariamente bien medido sistema de progresión

No se puede decir que sea un paso hacia atrás, ya que conforme vayamos explorando el mundo tendremos facilidades para desenvolvernos en él. Es más, no tardaremos en tener a nuestra disposición un caballo con el que recorrer largas distancias se hará todavía más ameno. Y más adelante montaremos dragones (con cierto límite). Pero un guardado rápido si se hubiera agradecido.

Ahora bien, Square Enix no ha ahorrado en sistemas para que cualquier jugador disfrute del juego: desde cuidados tutoriales a los propios aldeanos y vecinos que no dejarán de darnos pistas y consejos conforme descubrimos cada nueva ciudad. La interfaz no solo es intuitiva, sino que nos invita a explorar con gran libertad y tendremos un registro de misiones, lugares y los acontecimientos ocurridos siempre a nuestra disposición.

Y luego está el acabado del propio juego, uno que termina por redondear la propuesta.

Cuando un sobresaliente apartado técnico y artístico está a merced de los diseños de Toriyama

El salto de la saga ‘Dragon Quest’ al Unreal Engine ha sido un acierto absoluto. Conviene recordar que, originalmente, el juego se lanzó en japón para PS4 y 3DS ofreciendo la misma aventura y adaptándolo a los límites técnicos de cada hardware. Y lo conseguido en la sobremesa de Sony es extraordinario.

El mimo con el que se ha desarrollado cada personaje y monstruo y el modo en el que se ha dado vida a los diseños de Akira Toriyama no pasa desapercibido, ofreciendo en todo momento un acabado que rivaliza con las producciones de animación digital japonesas.

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Como extra añadido, y para hacer justicia al colosal trabajo de Square Enix, la versión occidental de ‘Dragon Quest XI’ incluye una suerte de modo fotografía que no va en la misma línea del que vimos en ‘El periplo del Rey Maldito’ para 3DS pero que nos permitirá poner la vista en primera persona, eliminar la interfaz y sacar capturas que son un caramelito para la vista.

Algo que se complementa con unas animaciones muy cuidadas que terminan de redondear los sentimientos, emociones y expresiones de cada personaje, y que destilan el muy estilo del Bird Studio, dando todavía más personalidad y carisma a los personajes principales, y aportando mayor profundidad a los monstruos.

De hecho, tendremos una enciclopedia de monstruos a nuestra disposición, en la que iremos registrando toda su información, catalogándolos por familias, se nos indicará por que regiones suelen aparecer y hasta podremos activar sus diferentes animaciones. Todo desde el propio menú.

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Pero también es justo hablar del enorme y variado mundo, el cual en todo momento, incluso en las aldeas más pequeñas, ofrece una enorme sensación de inmensidad y de libertad. Y lo mejor es es que en ‘Ecos de un pasado perdido’ siempre recompensa la exploración.

Sería injusto, ahora que abordamos su apartado artístico, pasar por alto las partituras de Koichi Sugiyama, solemnes cuando deben serlo y divertidas cuando procede. Las compañeras perfectas para esta aventura que saben encauzar todo el abanico de sensaciones que ofrece este exquisito viaje y en el que el tema principal de ‘Dragon Quest’ suena mejor y más triunfante que nunca.

Dragon Quest XI, un imprescindible para los apasionados de los RPGs

Ecos de un pasado perdido’ es un regreso por todo lo alto de la saga ‘Dragon Quest’ a occidente y una indiscutible cita obligada para los apasionados del género. Pero también una aventura que tiene mucho que aportar a todo el mundo a través de sus propios protagonistas y el extenso mundo que se abre ante ellos.

Esta edición con mejoras con respecto a la que se lanzó el año pasado en japón incluye extras que no pueden pasarse por alto. Algunos se han integrado con acierto en la propia experiencia de juego y estarán disponibles desde el principio y otros llegarán más adelante, como las misiones draconianas, las cuales añadirán un extra de dificultad para quien desee nuevos desafíos.

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Pero si hay algo que que no se puede pasar por alto de cara a esta edición, es el sobresaliente trabajo de localización del juego. El modo en el que se han integrado los diálogos, se han añadido coloquialismos y se ha reforzado el carácter, la personalidad y el estilo de cada habitante de este mundo a través de sus palabras es para quitarse el sombrero. Una traducción a la altura de la saga.

‘Ecos de un pasado perdido’ es el regreso por todo lo alto de la saga ‘Dragon Quest’ a occidente

Puede que ‘Dragon Quest’ continúe siendo un desconocida a medias en Europa , pero podemos presumir de tener a nuestra disposición las dos mejores entregas de la saga. Y pese a que el lanzamiento de ‘Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido‘ sea más modesto que el de otras grandes producciones, es una aventura que ningún apasionado por los JRPGs debe perderse.

Imprescindible

Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido

Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido

Plataformas PS4 (versión analizada) y PC
Multijugador No
Desarrollador Square Enix
Compañía Square Enix
Lanzamiento 4 de septiembre de 2018
Precio 54,90 euros

Lo mejor

  • El mimo detrás del carácter de los protagonistas y su transfondo
  • Un universo gigantesco y con un acabado exquisito
  • El modo de acercar la saga a los nuevos jugadores sin dejar atrás a los veteranos
    • Una localización de 10

Lo peor

  • El nexo argumental no está falto de clichés
  • El sistema de guardado te obliga a llegar a determinados puntos

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