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Escape from Tarkov es el juego de acción táctica con el que siempre habíamos soñado (y un pozo de horas que puede ser tu perdición)
Análisis

Escape from Tarkov es el juego de acción táctica con el que siempre habíamos soñado (y un pozo de horas que puede ser tu perdición)

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Pese a que lleva ya dos años disponible y sigue en beta, Escape from Tarkov se encuentra ahora en su momento más dulce. Con una generosa ampliación de mecánicas tras su última actualización y un alucinante repunte de retransmisiones en Twitch, parece el momento perfecto para acercarse a él.

Y eso es justo lo que hemos hecho durante estas fiestas, darnos de bruces con uno de los juegos más complicados y duros del panorama actual mientras navegábamos entre la frustración, el miedo y las inevitables ganas de volver a intentarlo una vez más.

De la acción táctica al terror en dos partidas

Como un shooter de supervivencia extrema que por momentos quiere convertirse en porno para los amantes de las armas, las claves de Escape from Tarkov son muy simples: adentrarte en una zona devastada por la guerra, conseguir el mejor botín y salir de allí vivo.

Distintos mapas con diferentes escenarios y objetos que rapiñar, enemigos controlados por la IA o jugadores en tu misma situación, varios puntos de escape y una enfermiza pasión por el looteo que nos lleva a rebuscar hasta en los cinco cajones distintos que puede llegar a tener un archivador.

Hasta ahí nada relativamente especial, pero Escape from Tarkov pasa del juego de acción táctica a uno del género de terror tras tu primera muerte. Caer en mitad de una raid significa que todo lo que transportas encima, lo que has encontrado por el camino y lo que llevabas al entrar, desaparece por completo.

Hay formas de intentar recuperar tus objetos, como guardarlos en maletines especiales o pagar un seguro por ellos, pero si alguien encuentra tu alijo y consigue llegar a un punto de extracción, esa valiosa arma que has estado modificando desde hace varias partidas pasará a mejor vida.

Una fórmula magistral de riesgo y recompensa

Tras el varapalo inicial tus siguientes partidas se convierten en algo completamente distinto. Escuchar disparos a lo lejos ya no te invita a acercarte para ver qué ha ocurrido, lootear sin ver lo que pasa a tu alrededor es más un momento de tensión que algo gratificante, y escuchar ruidos al otro lado de la pared te obliga a replantear por completo tus siguientes movimientos.

Jugar con amigos hace de todo ese proceso algo más llevadero que hacerlo en solitario, pero tanto en un caso como en el otro aprendes a dar importancia a moverte haciendo el mínimo ruido posible y, sobre todo, a estar constantemente mirando por el rabillo del ojo o cubriendo tu cuerpo con cualquier escombro que encuentres por ahí.

¿Para qué voy a arriesgarme entonces? Porque casi cualquier cosa que recojas, ya sea un nuevo y flamante fusil o un disco duro estropeado, servirá para continuar subiendo de nivel o conseguir dinero en el mercado negro.

De la mano de distintos personajes podremos conseguir ese equipamiento que hemos estado buscando o completar misiones para poder acceder a nuevas opciones. Todo con el objetivo de mejorar tu base -en la que curar a tu personaje o fabricar munición- o conseguir completar ese AK-47 en modo Megazord que te invitará a acercarte a esos tiros que escuchas de fondo en vez de intentar huir de ellos. Quién sabe, tal vez ese jugador que acabas de matar lleva el arma que perdiste siete raids atrás.

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