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Jugamos a Homefront: The Revolution. Pasear por la Filadelfia de 2029 siempre es mejor en compañía
Análisis

Jugamos a Homefront: The Revolution. Pasear por la Filadelfia de 2029 siempre es mejor en compañía

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Han transcurrido dos años desde los sucesos del 'Homefront' original, estamos en 2029 y la Nueva Federación Coreana continúa ejerciendo el control de los Estados Unidos. Llegó el día de rebelarse contra este nuevo régimen y alistarnos en La Resistencia.

La beta cerrada del regreso de 'Homefront' no sólo ha servido para calibrar el online, sino como tarjeta de presentación del nuevo sistema de cooperativo que intentará diferenciarse del resto de propuestas similares. En este caso, y durante los dos días que duró esta primera fase de la beta, se ofrecieron dos escenarios donde ya se podían comprobar las cartas más altas de la propuesta: la personalización y la libertad de movimiento.

Al oeste de Filadelfia ...

La beta puso a disposición el modo Resistencia, centrado en el multijugador cooperativo para hasta cuatro usuarios. Una vez seleccionado nuestro personaje y sus puntos fuertes de cara a sumergirnos en esta visión distópica del futuro, se ofrecieron dos de los doce mapas que incluirá la versión final.

Hay que admitir que estos terrenos son amplios y bastante nutridos de enemigos, incluso en su nivel de dificultad más baja, lo que deriva en que a pesar de que es posible emprender en solitario la misión, no tardaremos en vernos rodeados. El modo Resistencia parece haberse diseñado expresamente para cuatro participantes, sin dar opción de que de los slots de personaje sin adjudicar sean cubiertos por una inteligencia artificial.

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De este modo, la coordinación entre jugadores y la manera de aprovechar la amplitud del escenario fué básicamente el factor fuerte a explotar en esta beta. Y sí, era bastante común durante las primeras partidas que uno de los integrantes del grupo se encargara de resucitar al resto tras un plan desastrosamente ejecutado.

La variedad de objetivos depende de cada misión. A veces se trata de hackear unos terminales, otras de mantener una posición y a veces de llegar a determinada zona del mapa. En ocasiones tendremos que deshacernos de unos enemigos concretos dispersos por el área cercana o detener y eliminar a algún vehículo blindado, finalizando nuestra misión llegando lo más rápido posible al punto de extracción.

Si no nos ponemos de acuerdo, no duraremos mucho

Que nuestro grupo sea capaz de compaginarse con bastante coordinación y toques de infiltración será fundamental para salir airosos. Las situaciones más comunes del juego mostraban entre uno y tres aliados dedicándose a llamar la atención de los enemigos al tiempo que limpiaban las calles, mientras que los miembros restantes se amparaban en cierto sigilo para cumplir los objetivos o asestar el golpe de gracia aprovechando las posibilidades del diseño de los escenarios. Esto hace que nos metamos muy a fondo en el papel de una auténtica revolución clandestina.

Los escenarios están bien aprovechados y son generosamente amplios, denotando el cambio de sistema sobre el título anterior, el cual era más lineal, por unos entornos enfocados a las posibilidades de un sandbox. Puede haber modos más acertados y eficaces de completar nuestras misiones, pero entonces ¿dónde estaría la gracia?

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Sin embargo, e independientemente de cualquiera de los niveles de dificultad ofrecidos y considerando que son las primeras horas de juego, es posible ver como la mayoría de los jugadores siguen unos patrones muy similares a la hora de resolver el escenario. Quizás con más horas por delante para explorar las zonas veamos algunas sorpresas adicionales.

La personalización aportó la rejugabilidad en Homefront: The Revolution

Tras las dos primeras horas venciendo y siendo vencido (hay que experimentar todos los caminos para tener una buena crítica fundamentada) en las misiones que se ofrecían en la beta nos encontramos con que el éxito de la misión fué cediendo el protagonismo a las posibilidades de personalización.

Además del enorme abanico de desbloqueables que tendremos por delante para que nuestro personaje tenga personalizadas hasta las manchas de las botas -literalmente-, como en un gran número de shooter actuales, además del machete para distancias cortas o las armas arrojadizas, sólo podremos llevar con nosotros dos armas de fuego durante la misión, nada de hacernos con las armas de nuestros rivales o encontrarnos un bazooka tras una puerta. Sin embargo, eso no quiere decir que estemos desprovistos de opciones.

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Junto a las clásicas pistolas, el juego nos dará la opción de adquirir nuevos componentes para nuestro arsenal, pudiendo modificar nuestras armas principales en mitad de la partida de manera dinámica y en apenas algunos segundos. De este modo, podremos ajustarnos a las distintas necesidades que tengamos por delante con la misma arma, convirtiendo un arma de larga distancia en otra que nos dará opciones de sobrevivir a distancias cortas, si no se trata de una gran cantidad de enemigos,claro.

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Una vez se acabe la misión, con el dinero que obtenemos in-game podremos adquirir varios sets de contenidos a distintos precios que nos garantizarán desde un arma nueva a piezas para que modifiquemos las que ya tenemos. Además, dispondremos de nuestro propio árbol de habilidades que podrá ramificarse canjeando la experiencia de juego, aunque éste no guarda demasiadas sorpresas: correr más, nuevos movimientos a corta distancia, mejor puntería, incremento de nuestra salud, etc.

De momento, el apartado técnico no destaca

Hay que admitir que a pesar de tratarse de una beta, el apartado visual y jugable no se ha correspondido a lo que uno espera ver al dar el salto generacional. Si es cierto que a nivel gráfico está por encima de lo visto en Xbox 360 y PlayStation 3, pero las animaciones de los otros jugadores y los enemigos, la aparición espontánea de personajes en pantalla o la recreación de los enormes entornos están lejos de sorprender.

El impacto visual no acaba de llenar el ojo del jugador con lo mostrado en la beta, aunque estaremos más pendientes de otra serie de factores durante el desarrollo de la partida, como el rescatar a compañeros fallidos, construir nuestras bombas caseras con elementos que encontramos dispersos en los escenarios e incluso saquear a los enemigos en busca de balas , ya que el juego nos hará medirnos mucho en este sentido.

El modo resistencia de 'Homefront: The Revolution' compensa el carecer de una atmósfera caótica e hiperrealista con una campaña a cuatro jugadores cargada de posibilidades sobre enormes escenarios. Habrá que esperar a ver el resultado final junto con el resto de los modos de juego y la campaña principal de la versión definitiva del título, a la cual le quedan unos cinco meses más que amplios para pulir defectos y añadir sorpresas antes de su salida.

En Vida Extra

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