No soporto el golf real y todo lo que conlleva, pero reconozco que me flipa el golf virtual de PGA Tour 2K23
Análisis

No soporto el golf real y todo lo que conlleva, pero reconozco que me flipa el golf virtual de PGA Tour 2K23

Últimamente ando bastante desconectado del mundo del deporte. Lo suficiente como para no haberme enterado que, tras el formidable PGA Tour 2K21, en realidad no hubo un 22. Entiendo que la situación actual a nivel global haya provocado esa falta, de la misma forma que entiendo que yo no me haya enterado de todo lo sucedido porque estoy muy lejos de ser un gran fan del mundo del golf.

De hecho creo que ya lo comenté en el análisis de aquella edición. Soy de esas personas a las que sólo le gustan los juegos, pero no he visto un campeonato de golf en mi vida -ni tengo la menor intención de hacerlo-. Sin embargo, como videojuego, las mecánicas que introduce el deporte, sumado a ideas como las paridas en este nuevo PGA Tour 2K23, me parece una auténtica gozada.

PGA Tour 2K23, el retorno de un joven rey

Sin entender demasiado bien de dónde viene esa curiosa pasión, me encanta la idea de controlar el viento, la posición de la bola, la fuerza del golpeo, la irregularidad del terreno para acabar llevando la pelota de un sitio a otro aprovechando un pequeño montículo… Muchas de esas cosas, que a priori son puro cálculo matemático -otra cosa que no podría gustarme menos-, y que aquí me resultan de lo más interesantes.

Incluso gratificante, diría yo. Calcular bien en qué punto va a caer la bola y acabar en el milagro de un hoyo en uno es, y os aseguro que no exagero ni un poquito, de las cosas más gratificantes que puede haber en un juego de deporte. Aquí no hay ni trampa ni cartón. He calculado yo, he intuido qué podía hacer la bola al rebotar y he conseguido que llegue del punto A al B como por arte de magia.

Sin embargo, en el anterior PGA Tour había algo que, sin molestarme especialmente o suponer un impedimento para acabar disfrutando de toda esa experiencia de cálculo y maniobra, sí que me fastidiaba un poco por quedar lejos de la accesibilidad a la que yo estaba acostumbrado con este tipo de juegos cuando era más pequeño.

Para que nos entendamos, por aquello de adaptar las mecánicas a algo más físico, tanto en el anterior PGA Tour como en muchos otros juegos de golf recientes, el golpeo de la bola se controla con el analógico del mando como si estuvieses moviendo el palo a la hora de hacer el swing. Por falta de habilidad, o ganas de ponerme en serio a controlarlo como es debido, me había provocado algún que otro dolor de cabeza.

Un juego de golf hecho a mi medida

PGA Tour 2K23 me vende a Tiger Woods, me vende un nuevo modo carrera con chorrocientas opciones de personalización, me vende árboles de habilidad destinados a personalizar aún más la experiencia -este sí lo agradezco un montón-  y, sin embargo, dentro de toda esa montaña de novedades que realmente resulta de lo más reseñable, lo que más valoro es la inclusión de golpear la bola a base de botones.

Pga3

Con un golpeo clásico en tres puntos para medir fuerza, estabilidad y precisión, golpear la bola y cuadrar a la perfección todos los cálculos hechos previamente ya no queda atado a lo bien o mal que muevas al joystick. Es, de hecho, la mejor herramienta que podían poner a mi disposición para disfrutar del juego sin tener que preocuparme de darle a la bola un milímetro más a la derecha y que toda la estrategia se me vaya al carajo.

Quienes quieran seguir con ese otro tipo de golpeo pueden hacerlo, claro, pero para quienes nos hemos criado jugando al golf virtual de esta forma, es todo un regalazo. Francamente, me ha costado explicar en casa qué narices hacía yo estos últimos días jugando a un juego de golf tan entusiasmado cuando el deporte en sí me reviene tantísimo.

Y es que pese a estar a kilómetros de distancia del "cayetanísmo" y el gasto de agua que de forma inherente trae consigo el deporte real, podría decirse que estoy a tope con el golf virtual. Muchas ganas de seguir comprobando hasta qué punto en PGA Tour 2K23 han vuelto a romper el molde.

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