Todavía recuerdo el momento en el que vi la primera película de Super Mario Bros. y cómo me devolvió a mi infancia por la cantidad de guiños y referencias que había a infinidad de videojuegos de este universo de Nintendo. Desde personajes a objetos y sin dejar de lado una banda sonora magistral que en un conjunto global lograron que se convirtiera en uno de los mejores largometrajes de animación que he llegado a ver.
Teniendo en cuenta que puso el listón altísimo, era evidente que Super Mario Galaxy: La película tenía que darlo absolutamente todo para lograr estar a la altura e incluso llegar a obtener un resultado mayor. Solo el hecho de haber visto unas cuantas veces la primera cinta ya era motivo suficiente para que tuviera unas ganas inmensas de ir al cine para no perderme esta secuela, aun sabiendo que los tráilers y anuncios de Nintendo me habían destripado demasiadas sorpresas.
Lo cierto es que tenía todas las papeletas para acabar encantándome y salir plenamente satisfecho del cine, y efectivamente lo logró con creces. Y eso que las primeras opiniones de algunos críticos la dejaron por los suelos y siempre te queda la duda de si realmente tenían razón o no. Sin embargo, una parte de mi confiaba en que, tal vez, esas opiniones tan negativas procedían de personas que no habían jugado a un videojuego de Mario en su vida.
No tengo ni idea de si será realmente así o no, pero lo cierto es que, después de haber visto la película y disfrutar de hora y media en la que no paré de sonreír en ningún momento, me resulta sorprendente que alguien que conozca a Mario y sus juegos no pueda pasar un rato excelente con esta espectacular largometraje. Y aun así, aunque no conozcas los juegos, como película de animación en sí me ha parecido soberbia.
Claro está, hay opiniones de todos los gustos y todas son igual de respetables, faltaría más. Eso sí, he de admitir que los spoilers que ha ido soltando Nintendo, junto con sus tráilers tan excesivamente descriptivos, me han arruinado numerosas sorpresas. Tras salir del cine entiendo menos todavía la revelación de cierto personaje procedente de otra franquicia espacial, porque no hacía ninguna falta mostrarlo en ningún momento. Si ya me fascinó aun sabiendo que haría acto de presencia, pues de haberse guardado este bombazo me habría hecho saltar del asiento sin ninguna duda.
Eso mismo ha pasado con una gran cantidad de escenas con las que ya sabía de sobra lo que iba a suceder o lo que iban a decir los personajes, por lo que considero que la promoción que se ha llevado a cabo ha sido excesiva y eso ha provocado que, para mi gusto, haya habido momentos que ha perdido parte de su encanto. Sobre todo porque estamos hablando de una película en la que precisamente los guiños y las referencias son su punto más fuerte, las cosas como son.
Quien vaya al cine creyendo que se va a encontrar un guion digno de ser enmarcado, está claro que se ha equivocado de sala y de franquicia, porque precisamente la historia ha sido siempre lo menos relevante (y absurda) en cualquier juego de Mario. Dicho esto, la secuela mantiene el mismo toque alocado, frenético y cargado de efectos, golpes, etc., que tan bien funcionó en la primera parte, por lo que en ese sentido me alegra que se haya optado por tratar de seguir un mismo ejemplo. La trama va al grano en todo momento y no se va por las ramas jamás, aunque eso también implica que determinados personajes acaben limitándose a simples cameos y en algunos casos se habría agradecido que tuvieran una mayor repercusión en pantalla.
Ya no solo los diferentes enemigos contra los que se enfrentan Mario, Luigi, Yoshi y la Princesa Peach, sino también la propia Estela, cuya aparición es prácticamente anecdótica, pese a jugar un papel determinante en la historia y para resolver uno de los mayores misterios del Super Mario Galaxy original. No obstante, también soy consciente que de haber dedicado más tiempo ciertos personajes se habría perdido ese ritmo que le sienta a las mil maravillas para que resulte tan entretenida y no quieras apartar la vista de la pantalla en ningún momento.
Nintendo ha tirado la casa por la ventana a la hora de colar guiños por cualquier rincón. No paraba de fijarme en todo lo que había por los alrededores, y aun así estoy convencido de que no he visto ni la mitad de referencias que hay ocultas. Algunas de ellas son más que evidentes, pero hay otras por las que merece la pena un segundo y hasta un tercer visionado, como mínimo, para dar con ellas. Sin ninguna duda, se trata de una carta de amor excepcional para todos aquellos que han crecido con los juegos de Mario y de Nintendo en general.
Las aventuras de Mario son las que predominan por encima de todo, desde el clásico Super Mario Bros. hasta obras más recientes como Super Mario Bros. Wonder. De hecho, terminaría antes diciendo a qué juego de Mario no se le ha dedicado un momento a lo largo de la película, porque entre poderes, personajes, escenarios y enemigos, ha habido un hueco especial para todas estas aventuras de plataformas que nos llevan acompañando desde hace 40 años.
Pero si hay algo con lo que también he de quedarme es con la banda sonora. Al trabajo que ha llevado a cabo el compositor Brian Tyler, con la colaboración y apoyo del legendario Koji Kondo, no se le puede sacar ningún defecto. Es increíble la cantidad de temas que hay procedentes de todos los juegos de Mario y de otras sagas de la gran N, de ahí que no podía evitar tararearlos en mi cabeza después de reconocerlos al instante al haberlos escuchado centenares de veces a lo largo de mi vida.
En definitiva, considero que Super Mario Galaxy: La película cumple a la perfección con el objetivo que pretende, que es el de hacernos pasar un rato entretenido, divertido, repleto de humor y emocionar a todos los aficionados de Nintendo mientras desconectas del mundo real durante 90 minutos. Aunque se nota que es un espectáculo orientado para los más pequeños de la casa, lo puede disfrutar cualquier persona sin importar su edad. Porque, a mis 40 años, yo me sentía exactamente igual que el niño de cinco años que tenía a mi lado que no paraba de reír y dar saltos con todo lo que veía.
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