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Sangre, sudor y kickflips: recordando la adicción a los Gaps de Tony Hawk’s Pro Skater 2
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Sangre, sudor y kickflips: recordando la adicción a los Gaps de Tony Hawk’s Pro Skater 2

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Verse la suela del zapato estando de pie no es fácil, pero tampoco imposible. Te vale tener un espejo debajo, ser contorsionista o, como fue mi caso, caer mal un salto haciendo skate y partirte el tobillo para dejar la planta del pie vigilando si pasa alguna estrella fugaz.

Como el que cambia el fútbol por gritarle al árbitro desde el sofá con una cerveza apoyada en la barriga, aquello supuso para mí el final de mi torpe intención de imitar a mis ídolos del skate. Ahora tocaba seguir el hobby en VHS, revistas y, por descontado, devorando Tony Hawks’ Pro Skater 2 hasta no dejar ni los restos.

El gran invento de los Gaps

Habiendo destrozado la primera entrega durante meses, dominar la segunda fue tan simple como pillarle el truco a la introducción del Manual en los combos, así que una vez aprendidos los mapas de cabo a rabo podéis imaginar que superar la campaña no me duró mucho.

Sin embargo es un juego que, por coincidir con mi lesión y el mono por subirme a una tabla, acabó durándome mucho más que eso. Las gracias por ello no sólo debo dárselas a la posibilidad de intentar jugarlo de forma realista para intentar hacer los trucos que nunca más podría hacer en la calle, también al diseñador que decidió incluir uno de los retos más adictivos que he encontrado en un videojuego: los Gaps.

Para quienes no vivieran aquello, los Gaps eran acciones especiales que se sumaban al combo para multiplicar tu puntuación. Si, por ejemplo, saltabas de una mesa a otra en la fase del colegio, un Gap con un nombre más o menos referencial aparecía en pantalla.

Desde el menú podías revisar todos los que habías encontrado hasta el momento y, si conseguías superar los relativos a las fases normales -había un buen puñado de fases secretas-, desbloqueabas un skater adicional para tu colección.

Worlds Second Most Obvious Gap

Esto, que sobre el papel puede parecer relativamente fácil, en realidad era un reto mayúsculo en el que al final acabas quedándote sin ideas. Por aquella época el acceso a internet no era tan común como ahora y el acceso a guías o tutoriales quedaba limitado a lo que había en las revistas de la época.

La única salida era jugar hasta la extenuación y, diccionario en mano, intentar adivinar qué narices debías hacer en ese Gap que no conseguías encontrar. Hasta los niveles más pequeños contaban con una cantidad apabullante de Gaps -el vídeo de arriba es la prueba-, pero es que el total ascendía a 367 Gaps repartidos en 10 niveles.

Sobra decir que pese a ser mi único pasatiempo durante semanas no llegué a encontrarlos todos, pero lejos de resultar una experiencia frustrante aquello se convirtió para mí en una salvación. Superar mis propios récords en cada nivel habría tenido un inicio y un final, pero enfrentarme a un reto tan grande como aquél me invitaba a seguir jugando sin descanso para ver si, al menos por casualidad, finalmente sonaba la flauta.

Y así, reproduciendo en bucle el vídeo de Rodney Mullen, intentando imitar lo que veía en ellos, creando líneas de trucos cada vez más locas e intentando descubrir ese gap que se me atragantaba o inventando los míos, Tony Hawk’s Pro Skater 2 pasó a convertirse no sólo en uno de mis juegos favoritos. También en uno de los recuerdos que guardo con más cariño de aquella época.

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