No estés triste si tu juego favorito no gana los Game Awards, desear el GOTY puede ser perjudicial para tu salud

No estés triste si tu juego favorito no gana los Game Awards, desear el GOTY puede ser perjudicial para tu salud

Esto es lo que dice la psicología sobre los enfados con Starfield, The Legend of Zelda y los Game Awards

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Si has tenido suerte, lo más probable es que durante los últimos meses hayas jugado a más de una docena de juegos y que varios de ellos te hayan parecido especialmente buenos. De entre todos, seguro que uno o dos son tus favoritos y crees que merecen llevarse el premio a mejor juego del año.

Y como tú, pues millones de personas más verán su próxima gala favorita de entrega de premios a lo mejor del año y se llevarán tremenda decepción. Algunos seguirán con sus vidas y pasarán página, y el resto… El resto se enfadarán como monos. Afortunadamente la ciencia tiene una explicación para su cabreo.

Por qué nunca gana el GOTY que yo quiero

Aunque ya han empezado a extenderse por las redes, durante los próximos días, y especialmente con la llegada de los Game Awards de Geoff Keighley, empezarán a brotar los mensajes que hablan de tongos y maletines.

Esos que año tras año ponen la voz en el cielo preguntándose cómo es posible que, de todo lo buenísimo que ha llegado hasta sus manos durante los últimos 12 meses, sólo se lleven premios los cinco mismos juegos. Ni confirmo ni desmiento que en algún punto alguno de ellos escribirá “¿Casualidad? No lo creo”. Un clásico.

Pero como todo lo que hacemos como seres racionales (ejem), detrás de esa reacción hay una explicación científica. En este caso un mecanismo de supervivencia social mediante el que buscamos con ahínco formar parte de un grupo: la necesidad de pertenencia.

Si el resto del mundo coincide en nuestros gustos recibimos una aprobación que demuestra que formamos parte del grupo. Nos hace sentir bien porque pertenecemos a esa masa, porque valida que estábamos en lo correcto a la hora de apostar por esa opción en concreto.

Si ocurre lo contrario, en cambio, especialmente si no sabemos gestionarlo, lo sentimos como un ataque y la intención de desplazarnos del resto. Que gane ese juego que no te gusta, en vez de ese otro que crees especial, se convierte en una ofensa.

Como asumir que tu juego favorito no ha ganado y no perder la cabeza en el intento

Lo hace porque, en busca de esa aprobación, de querer mostrarte como un individuo inteligente y visionario que ya sabía lo que iba a ocurrir, termina pintándote como todo lo contrario frente al grupo, afectando así de forma negativa a tu autoestima.

Tu opinión ya no es tan útil como creías porque deja de ser la norma para convertirse en la excepción, y al asociar tener la razón con ser personas válidas y competentes, perder esa categoría nos afecta a nivel biológico. Como de costumbre, es tu cuerpo intentando decirte algo.

La culpable de esa sensación de decepción es la habénula lateral, una región del cerebro que se encarga de regular la liberación de dos sustancias, el glutamato y el GABA. En situaciones normales es el encargado de mantener un equilibrio entre asegurar nuestra supervivencia y ofrecernos un chute de motivación para volver a intentarlo, pero lamentablemente también puede convertirse en un problema.

Si le damos un exceso de importancia a esa decepción, o si nos enfrentamos a esas situaciones con asiduidad, haciendo que las decepciones crezcan más y más, la liberación de esas dos sustancias será cada vez mayor, lo que provocará que nos obsesionemos aún más con dicho sentimiento.

Atascarse en esa idea, o incluso revivir con frecuencia situaciones incómodas, no sólo evita que podamos pasar página, también afecta a esa sobreexcitación de la habénula y puede convertirse en un problema de salud. Así que ya sea frente a una entrega de premios que ni te va ni te viene, o ante cualquier situación que te resulte decepcionante, recuerda que tomártelo con filosofía también es una opción. Y que si no te ves capaz de sobrellevarlo, tal vez tu cuerpo esté intentando pedir ayuda y deberías ofrecérsela.

Ah, por cierto, que se me olvidaba. Hi-Fi Rush, GOTY.

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