Cuando Rockstar creyó que GTA 3 iba a morder el polvo frente a otro de sus juegos: un Mario Kart de Austin Powers

Cuando Rockstar creyó que GTA 3 iba a morder el polvo frente a otro de sus juegos: un Mario Kart de Austin Powers

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Powers

Puede que ya hayas escuchado alguna vez la historia de cómo GTA 3 estuvo a punto de convertirse en exclusivo de Xbox. Sin embargo lo más surrealista de aquél momento en el espacio y el tiempo no fue el destino de Grand Theft Auto, sino lo que aparentemente Rockstar pensaba de él.

Tal y como recogía hace unos años el documental de la historia de Xbox, en realidad nadie parecía tener muy claro si la idea de saltar de las 2D a las 3D iba a funcionar como finalmente lo hizo en PS2. Lo que sí estaba cristalino para el equipo de Rockstar es que su próximo gran bombazo no iba a ser GTA, sino un clon de Mario Kart de Austin Powers.

El fenómeno de Austin Powers

Puede que a los más jóvenes del lugar os pille por sorpresa, pero hubo una época en la que Austin Powers era un fenómeno a gran escala. Nacida a finales de los 90 con una trilogía que buscaba parodiar las películas de espías de los 60 -cambiando al galán a lo James Bond por un Mike Myers baboso y más feo que un pie-, acercarse a ellas a día de hoy si no lo hiciste en su momento es… una experiencia curiosa.

En cualquier caso lo importante aquí es que por aquella época Austin Powers era garantía de tener al público en el bolsillo, y en Rockstar parecían tener un interés especial en hacer de la franquicia su próximo pelotazo. Tanto que, cuando llegó la hora de sentarse frente a Xbox para hablar de juegos, sólo hubo un protagonista.

Tal y como recordaba Seamus Blackley, padre de Xbox, Sam Houser llegó a aquella reunión emocionadísimo por uno de los juegos que traía, y no tanto por el otro. El segundo era GTA 3, y como ya habrás imaginado, el que le tenía ilusionado, y provocó que sólo le dedicasen cinco minutos a Grand Theft Auto en aquella reunión, era el de Austin Powers.

Desde la perspectiva de aquella época era una situación comprensible. Austin Powers venía de arrastrar 700 millones de dólares en taquilla, y sus chistes y chorradas adornaron cualquier conversación durante varios años, especialmente entre los jóvenes. No es descabellado que las compañías quisieran subirse a aquella ola.

Los juegos de karts: la otra moda

Bajo el nombre de  Austin Powers: Mojo Rally, cuando la noticia del desarrollo llegó al gran público aquella conversación con Xbox ya se había quedado atrás, ahora el foco parecía estar en Dreamcast, donde parecía más fácil hacerse un hueco en un nicho aún por dominar.

Estaban los personajes de las películas en modo cabezón, los power up y vehículos sacados del imaginario de las películas, e incluso se llegó a trabajar en una suerte de portales que hacían que durante cada nivel pudiese viajar al futuro o al pasado del mismo para ver cómo cambiaban de una época a otra.

Pero en la idea de irse a cubrir el hueco de Dreamcast no sólo estaba el darle a aquellos jugadores una alternativa a Mario Kart, también en el rehusar una lucha frente a todos los juegos de karts que, con pocos bombazos y varios descalabros, estaban masificando los catálogos de Nintendo y PlayStation.

Austin

Aquella colección de juegos intentando quitarle un trozo de pastel a Mario Kart dio para una buena ración de esperpentos que, con licencias de televisión o cine, buscaron hacer lo mismo que quería intentar Austin Powers sin demasiado éxito. Entre eso y el miedo a no poder vender el juego a todas las edades por lo ácido de su humor, Rockstar terminó dándole carpetazo al proyecto y centraron su atención en otras cosas. Visto con perspectiva, parece que para bien.

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