Cuando una serie o una película acaba obteniendo un gran reconocimiento a nivel mundial, lo normal es pensar que ese éxito también se aplica a las carreras de sus diversos actores y actrices y que a partir de ese momento todo les irá sobre ruedas en general. Sin embargo, este caso fue radicalmente opuesto para una de las actrices de Juego de Tronos.
Aunque no formaba parte del elenco de protagonistas principales, la actriz Hannah Murray sí que tuvo una gran presencia en la serie de HBO al participar en siete de las ocho temporadas que se llegaron a emitir al interpretar al personaje de Gilly. Eso mismo haría pensar que le lloverían las ofertas o que su vida pasaría a ser mejor, pero ella misma ha confesado que en realidad no paró de sentir que estaba viviendo un auténtico infierno.
Así lo ha explicado en The Make-Believe, un libro dedicado a sus memorias que se publicará el mes que viene y en el que dedica una parte de él a hablar de esta etapa tan oscura por la que llegó a pasar. Debió de ser tan horrible que ella misma ha confesado que era "realmente aterrador", algo que no es para menos si tenemos en cuenta que ha expresado que no paraba de ser humillada durante las audiciones.
Esta situación acabó provocando un desgaste mental y físico tan enorme que ha confesado que su salud mental se vio afectada severamente, hasta el punto de querer buscar una solución. En ese instante fue cuando se enteró de la existencia de un sanador energético que decía curar a las personas a base de distribuir la energía a través de las manos. Era algo más espiritual que otra cosa, por lo que llegó a formar parte de una secta.
Su "líder tan carismático" fue quien logró engatusarla y retenerla mientras no paraba de prometerle un mejor conocimiento y mejores recompensas espirituales en el caso de que se involucrara más todavía con la causa, lo que suponía una gran inversión económica. La situación llegó tan lejos que acabó enamorándose de él y se alejó de su familia y el resto de sus seres queridos.
No obstante, todo terminó por descontrolarse demasiado, lo que provocó que Murray sufriera una crisis y su salud mental se deteriorara más todavía. Finalmente, tuvieron que hospitalizarla en un centro psiquiátrico y fue en ese instante cuando le diagnosticaron un trastorno bipolar. Un extremo que ella no estaba dispuesta a consentir que llegara más lejos todavía, así que algo hizo clic en su cabeza, lo que le animó a querer recuperar a toda costa el control de su vida. De esta manera, se ha pasado los últimos siete años escribiendo estas memorias que llegarán a las tiendas el 28 de mayo.
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